Sin cuerdas de seguridad ni protecciones
Alex Honnold escaló sin cuerdas ni arnés los 508 metros del Taipei 101, uno de los rascacielos más altos de Asia. El evento, titulado «Skyscraper Live” (Rascacielos en Vivo), fue emitido por Netflix. El ascenso estuvo programado para las 9:00 de la mañana del domingo, hora local en la capital taiwanesa.
El escalador estadounidense llegó a la cima de la torre en 1:31:40, menos del tiempo asignado de dos horas creado para la transmisión de Netflix. De pie en lo más alto de la estructura, se tomó una selfie para destacar un logro que probablemente ningún otro escalador podrá alcanzar.
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Al llegar a la parte superior de la torre con anillos, Alex Honnold se aferró únicamente con sus piernas, dejando ir sus manos.
Tenía las piernas bien agarradas y, como señaló Emily Harrington, era una oportunidad para descansar. Pero en ese momento decisivo, él prefirió soltarse y dejar los brazos colgando, lo que causó gritos de los asistentes.
Durante todo el recorrido, Honnold no se distrajo por los espectadores que le tomaban fotografías desde dentro del Taipei 101 mientras escalaba.
Richard Bode, de 34 años, calificó la oportunidad de verlo como “una experiencia única en la vida”. Otro espectador, Benson de 24 años, calificó la escalada como “increíblemente valiente” en declaraciones a la agencia AFP.
En redes sociales, Honnold describió la experiencia como “fantástica” y agradeció al equipo que hizo posible el evento. La proeza generó reacciones inmediatas entre las autoridades taiwanesas.
El presidente Lai Ching-te afirmó que su corazón “latía muy rápido” durante la transmisión y destacó que el ascenso permitió mostrar al mundo el entusiasmo de la población y los paisajes de la isla.
La expresidenta Tsai Ing-wen comparó la perseverancia del escalador con el espíritu de Taiwán, mientras que el alcalde de Taipéi, Chiang Wan-an, subrayó la compleja coordinación logística que involucró a más de 30 departamentos y más de 100 personas.
El Instituto Americano en Taiwán también celebró la hazaña, señalando que permitió a muchos estadounidenses conocer mejor el emblemático edificio. Con su partida, Honnold deja atrás un evento que combinó deporte extremo, proyección internacional y un fuerte simbolismo para Taiwán.




