Francisco le pidió al “Crucifijo de la Gran Peste”, pare la pandemia

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Cruz de madera quedó intacta en un incendio en 1519 y se le atribuye tres años después haber salvado a Roma de la Gran Peste de 1522

Por primera vez en la historia milenaria de la Iglesia católica, el papa rezó este viernes en solitario ante la inmensa plaza vacía de San Pedro y brindó la bendición y la indulgencia plenaria al mundo por la pandemia de coronavirus que lo azota.
En una alusión al papel de la Iglesia durante las pestes que azotaron a Europa en el pasado, el pasado 15 de marzo el papa salió del Vaticano para rezar ante el crucifijo de la iglesia romana de San Marcello, que fue sacado en 1522 en procesión por los barrios de Roma para invocar el fin de la peste que la asolaba, por lo que se considera “milagroso”.

Este viernes la imagen de Cristo en la cruz ha sido trasladada a la Basílica de San Pedro para la indulgencia del papa Francisco.

Primer milagro

Se trata de un crucifijo de madera que quedó intacto en un incendio en 1519 y que tres años después fue cargado por los fieles en una movilización por los barrios de Roma y se cree que salvó a la ciudad de la “Gran Peste” de 1522.

La cruz se encontraba en la iglesia de San Marcello, situada en la importante calle Vía del Corso, cuando la noche del 22 de mayo de 1519 se generó un violento incendio que destruyó el templo por completo.

Los historiadores cuentan que al amanecer la población romana se acercó a ver los escombros y encontraron allí el crucifijo intacto colgado en el altar principal iluminado por una lámpara de aceite que seguía encendida. Los creyentes exclamaron de inmediato que era un milagro y comenzaron a reunirse todos los viernes en ese lugar para rezar y encender lámparas al pie de la imagen.

Segundo milagro

Luego, en 1522, la “Gran Plaga” azotó tan fuerte a Roma que se temía que la ciudad perdiera a todos sus habitantes. En una arriesgada maniobra, los frailes de los Siervos de María decidieron llevar el Crucifijo desde la iglesia de San Marcelo hasta la Basílica de San Pedro.

Las autoridades romanas temían por el riesgo de contagio y trataron de evitar la procesión religiosa, pero la angustia colectiva hizo que los creyentes obviaran la prohibición y la imagen fuera transportada por un impulso popular.

Dicha procesión duró varios días por toda la zona de Roma y cuando el Crucifijo regresó a la iglesia de San Marcello la plaga había terminado y los romanos se habían salvado.

“Navegamos en mares complicados”

El papa Francisco otorgó en la tarde de este viernes una indulgencia plenaria universal hacia todos los fieles de la Iglesia Católica en medio de la pandemia por el coronavirus.

“Un vacío desolador que paraliza todo a su paso. Se palpita en el aire, lo dicen las miradas”, dijo el papa durante una bendición extraordinaria, la Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo), la misma que los pontífices suelen impartir sólo el 25 de diciembre y el Domingo de Pascua, fechas en que se recuerda el nacimiento y la muerte de Jesús.

“Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que los discípulos del Evangelio nos sorprendió una tormenta. En esta tormenta estamos todos”, señaló el Santo Padre en su mensaje en una Plaza San Pedro absolutamente desierta pero transmitido por televisión, internet y radio. “Ahora, mientras navegamos en mares complicados, te pedimos: Despierta, Señor”, manifestó Francisco.

Su oración

El obispo de Roma caminó unos 50 metros en soledad mientras una tenue lluvia impactaba sobre la plaza vaticana. Al llegar a la escalinata, fue ayudado por su secretario privado, sobre quien Francisco se sostuvo para poder subir al atrio.

“En medio del aislamiento donde experimentamos la falta de los afectos, escuchamos una vez más el anuncio que nos salva: ¡Ha resucitado y vive a nuestro lado!”, expresó el Papa en su mensaje para los más de 1.300 millones de católicos en el mundo. “Dejemos que reavive la esperanza”.

“Esta tarde me gustaría confiarlo a todos al Señor, a través de la Virgen, descienda sobre vosotros la bendición de Dios: Señor, bendice al mundo, da salud al cuerpo y consuela los corazones. Nos pides que no sentamos temor, pero nuestra fe es débil, Señor y tenemos miedo. Pero tú Señor, no nos abandones a merced de la tormenta”, concluyó.

Desde que se desató la epidemia de coronavirus en Europa, que golpea con particular fuerza a Italia y España y ha causado 25.000 muertes hasta ahora, el papa Francisco se ha pronunciado en varias oportunidades, recordando en particular a los médicos y enfermeras, en la primera línea de la lucha, e instando a los sacerdotes a acompañar a los enfermos y moribundos.

El pasado 25 de marzo participó en una oración ecuménica mundial con todos los cristianos del mundo, para rezar el ‘Padre Nuestro‘, la oración que Jesús nos enseñó”, dijo, en un vídeo transmitido desde la biblioteca del palacio apostólico del Vaticano.

El papa argentino suele mencionar cada mañana la pandemia del coronavirus antes de celebrar la misa matutina privada que desde la crisis es transmitida en directo desde la pequeña capilla de su residencia en la Casa Santa Marta, donde vive dentro del Vaticano.

Francisco, que ha tenido que limitar sus actos y agenda para evitar eventuales contagios, se prepara a celebrar la primera Semana Santa de la era moderna sin fieles ni procesiones.