Grau, el gran héroe

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Por: Martín Valdivia Rodríguez/ crisis económica del día a día del chileno
Por: Martín Valdivia Rodríguez a cerca de Gregorio Santos                                  

Por: Martín Valdivia Rodríguez

Desde pequeño sentí un especial afecto por Don Miguel Grau, el Caballero de los Mares. Y es que desde muy niño, esas historias titánicas de héroes de novela me llamaban mucho la atención. Con el correr de los años y aprendiendo mucho más acerca de la historia del Perú, supe que – en efecto – existía un héroe de verdad, de carne y hueso, tan peruano y tan auténtico como el más importante de todos los héroes. Era Don Miguel Grau.

Hombre digno, reservado pero elocuente, valiente y decido, sencillo pero gallardo; ese fue nuestro Gran Almirante. Siempre solícito a luchar por la patria, preocupado por la política y el devenir de nuestros pueblos. Grau fue uno de esos hombres difíciles de encontrar. Su amor por el Perú lo llevó a una guerra que, en lo más íntimo de su ser, sabía que iba a perder; no sólo por el divisionismo de una clase política torpe y pusilánime, sino por lo poco que estaba preparado el Perú para defender sus fronteras en caso de una guerra.

En Grau es famosa esa frase que decía: “no reconozco otro caudillo que la Constitución”, anticipándose muchos años a lo que con el devenir de los siglos se convertiría en una máxima que hoy muy pocos políticos respetan. Teodoro Hampe, autor del libro “Miguel Grau, protagonista político”, señala: “No vale la pena reincidir en su caballerosidad ni en su intrepidez táctica o su habilidad estratégica. Lo verdaderamente notable de Grau fue que él no se hizo héroe en un día de inspiración y sacrificio. Él desarrolló una vida heroica, fue honesto, leal, cumplido y sincero, amó fielmente a su esposa y educó a sus numerosos hijos dando el ejemplo. Lo del combate naval de Angamos, con todo su valor histórico,
es tan solo un admirable epílogo”.

Ese es el legado histórico de Miguel Grau, un héroe soñado que muy pocos países tienen el lujo de tener. Un piurano enorme, que supo enfrentar la muerte con estoicismo, enseñándonos el camino de la dignidad y el amo a la patria. El héroe de todos, el héroe que el Perú merece y cuyo espíritu se eleva aún sobre las aguas del Pacífico, como un viento de patriotismo perpetuo. Hoy lo recordamos, Gran Almirante. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.