30 de abril de 2026

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Guatemala y Perú: 169 años de amistad sostenida

Guatemala y Perú

Historia, cultura y cooperación marcan una relación ejemplar

Por: Ricardo Sánchez Serra

En el marco del ciclo de conferencias internacionales de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, el embajador extraordinario y plenipotenciario de Guatemala, Hebert Meneses Coronado, ofreció la charla “Guatemala y Perú: 169 años de relaciones diplomáticas fructíferas y sostenidas”.

El diplomático inició su presentación recordando que la confianza es la base de toda negociación, y que esta se construye con conocimiento mutuo y respeto. Subrayó que Guatemala y Perú, pese a la distancia geográfica, comparten raíces históricas que se remontan a las civilizaciones mayas e incas, con símbolos comunes como el maíz y el cacao, y paralelismos en sus tradiciones y expresiones artísticas.

Meneses destacó la riqueza natural de Guatemala, desde sus volcanes y lagos hasta sus sitios arqueológicos reconocidos por la UNESCO, y la importancia de valorar la identidad en múltiples niveles: personal, nacional y latinoamericano. Señaló que las relaciones bilaterales han atravesado momentos de pausa -como los 17 años de inactividad en los mecanismos de consulta política- pero que en 2025 se reactivaron con fuerza, dando lugar a seis proyectos conjuntos y a la actualización del Tratado de Libre Comercio.

El intercambio comercial entre Guatemala y Perú superó los US$ 238 millones en el 2025, con una balanza favorable a Perú (BANGUAT, abril de 2026). El comercio bilateral presenta una estructura diversificada: Perú exporta frutas frescas y procesadas, aceites comestibles, preparados de cereales, productos farmacéuticos, cerámicas y químicos; mientras que Guatemala envía principalmente azúcar, insecticidas, maquinaria electrotécnica, pinturas, papel, plásticos y confitería. Este patrón refleja la complementariedad productiva y el potencial de diversificación del comercio bilateral.

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El Tratado de Libre Comercio se configura como un instrumento estratégico para las MIPYMES, al fomentar la diversificación de la oferta exportadora hacia bienes y servicios con mayor valor agregado. Asimismo, contribuye a la reducción de barreras arancelarias y a la generación de oportunidades en sectores como el agroindustrial, textil, manufacturero, energético, farmacéutico, de la construcción y el turismo.

Se destacan, como expresiones de integración económica binacional, diversas empresas peruanas con presencia en Guatemala -Grupo AJE, Alicorp, Industrias San Miguel, Grupo Gloria, entre otras- y compañías guatemaltecas con proyección en Perú, como CBC, Ecofiltros, Grupo Pantaleón y CMI. La participación del sector empresarial resulta fundamental en la configuración de la agenda económica internacional, al propiciar una articulación más eficaz entre los sectores público y privado en favor del desarrollo.

El embajador subrayó que la relación no se limita al ámbito político o económico, sino que se expande hacia la cultura, la ciencia y la vida cotidiana de sus ciudadanos. Recordó iniciativas de hermanamiento cultural, como los convenios entre Antigua y Lima, Machu Picchu y Flores, y la propuesta de vincular Tikal y Machu Picchu. Estos proyectos buscan consolidar un turismo multidestino que permita recorrer, en un mismo viaje, las huellas de las civilizaciones mayas e incas, fortaleciendo así la identidad compartida de América Latina.

En el plano científico y tecnológico, destacó la cooperación en torno al reactor nuclear peruano, utilizado para fines pacíficos en salud y agricultura, así como el sistema de irrigación Chavimochic en Trujillo, que ha despertado interés en empresarios guatemaltecos. Estos ejemplos muestran cómo la innovación y la gestión de recursos pueden convertirse en puentes de colaboración.

Asimismo, resaltó la importancia de los mecanismos consulares y de atención a migrantes, reconociendo que las comunidades guatemaltecas y peruanas en el exterior son actores clave en la relación bilateral. Las remesas, la movilidad humana y las experiencias compartidas enriquecen el vínculo y plantean nuevos retos de cooperación.

El embajador también reflexionó sobre los principios de la política exterior guatemalteca, que han sobrevivido a cambios de gobierno gracias a valores permanentes como la no intervención y la diplomacia Sur-Sur. Enfatizó que la globalización y los nuevos escenarios geopolíticos plantean desafíos, pero también oportunidades para fortalecer la relación con Perú en ámbitos como la ciencia, la educación y la cultura.

En el ámbito de la cooperación, destaca el Acuerdo Básico de Cooperación Técnica suscrito en 1998, que constituye el marco jurídico fundamental de la relación bilateral. En este contexto, se han celebrado tres reuniones de la Comisión Mixta de Cooperación (COMIXTA), en 2008, 2013 y 2025, registrándose avances sustantivos; en particular, en 2025 se aprobaron seis proyectos para el período 2025–2027, orientados a la ruta de turismo gastronómico, la gestión de riesgos con uso de tecnología, la conservación del patrimonio cultural, el fortalecimiento institucional y la gestión de áreas marinas.

La cooperación bilateral también ha facilitado programas de capacitación orientados al desarrollo de capacidades técnicas en diversas áreas, bajo una visión estratégica que promueve la convergencia y el intercambio de conocimientos. La diplomacia gastronómica es un ejemplo ilustrativo de este tipo de cooperación.

La designación de cónsules honorarios de Guatemala en Cusco y Arequipa, así como del Perú en Antigua Guatemala, refleja un ejercicio efectivo de paradiplomacia orientado a la protección y asistencia de los connacionales. Asimismo, la suscripción del Memorándum de Entendimiento para el establecimiento del Mecanismo de Consultas Consulares constituye un avance sustantivo para optimizar la atención de las comunidades migrantes y coordinar respuestas conjuntas frente a nuevos desafíos.

La conferencia concluyó con un mensaje de esperanza: Guatemala y Perú han sembrado una relación basada en voluntad política y confianza mutua, que hoy se cosecha en beneficios sostenibles y se proyecta hacia nuevas áreas de cooperación. A lo largo de 169 años, ambos países han demostrado que la diplomacia, cuando se nutre de historia y cultura compartida, puede convertirse en un patrimonio que honra y compromete a las generaciones venideras.

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