13 de julio de 2026

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Hacia una política exterior principista y pragmática para el Perú

Diplomacia vecinal, multilateralismo soberano y proyección universal

 

Por Ricardo Sánchez Serra

El Perú ha sido cuna de grandes maestros de la diplomacia, cuya trayectoria honra nuestra historia y proyecta la autoridad moral del país en el escenario internacional. Entre ellos destacan Víctor Andrés Belaunde, primer peruano en presidir la Asamblea General de las Naciones Unidas; Javier Pérez de Cuéllar, secretario general de la ONU y referente universal de la paz; Raúl Porras Barrenechea, historiador, jurista y canciller que defendió con brillantez la soberanía nacional; José de la Riva-Agüero y Osma, intelectual que vinculó la cultura con la acción internacional; Alberto Ulloa Sotomayor, eminente jurista internacionalista; Carlos García Bedoya, arquitecto de la política exterior peruana moderna y firme defensor de una diplomacia al servicio del desarrollo nacional; y Francisco Tudela, destacado canciller e internacionalista contemporáneo. Todos ellos contribuyeron, desde distintas épocas y perspectivas, a consolidar una tradición diplomática caracterizada por la defensa del interés nacional, el respeto al derecho internacional y una activa vocación de diálogo y cooperación entre las naciones. Ese legado continúa inspirando a nuevas generaciones de diplomáticos formados en la Academia Diplomática del Perú, una institución que ha preservado los más altos estándares de profesionalismo y servicio al Estado.

Sin perjuicio de que muchos otros peruanos han contribuido al prestigio de nuestra diplomacia, resulta significativo que varios de los más destacados cancilleres del país cursaran estudios en los colegios Maristas San Isidro y Champagnat -entre ellos Wagner, Tudela, Schialer, Gutiérrez, De Zela, González-Olaechea y Pareja-, testimonio de la sólida formación humanista impartida por esas instituciones. Es de justicia reconocer también su aporte a la vida pública y al servicio del Perú.

Esa tradición, que armoniza pensamiento, cultura y acción diplomática, constituye el cimiento sobre el cual debe edificarse una renovada política exterior. El Gobierno que asumirá funciones este mes tiene la oportunidad histórica de recuperar ese legado y proyectar al Perú con una voz soberana, ética y eficaz.

Henry Kissinger afirmaba que «la política exterior es la arquitectura de la paz y requiere tanto principios como pragmatismo». Pocas frases sintetizan mejor el reto del Perú: desarrollar una política exterior que conjugue la defensa de valores permanentes con decisiones realistas que fortalezcan la soberanía nacional, impulsen el desarrollo y amplíen los espacios de cooperación internacional.

La acción exterior peruana se sustenta en los principios esenciales del derecho internacional: la libre determinación de los pueblos; el respeto a la soberanía y a la integridad territorial de los Estados; la igualdad jurídica entre las naciones; la no intervención en los asuntos internos; la solución pacífica de las controversias; la cooperación para el desarrollo y la defensa efectiva de los derechos humanos. Estos principios, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, deben continuar siendo la base de una diplomacia seria, coherente y respetada.

 

DIPLOMACIA VECINAL

La diplomacia vecinal debe convertirse en el eje prioritario de la política exterior peruana.

En ese contexto, el primer viaje oficial de la presidenta de la República debería realizarse a Chile. Sería un gesto político y geopolítico semejante al que mantienen España con Marruecos, Francia con Alemania o Estados Unidos con México, donde la estabilidad comienza por la confianza entre vecinos.

La visita marcaría el inicio de una etapa basada en la reconciliación, el pragmatismo y la cooperación, fortalecida mediante gabinetes binacionales permanentes que coordinen políticas en comercio, seguridad, infraestructura, cultura y desarrollo fronterizo.

Con Bolivia, el Perú debe reforzar la seguridad en la frontera para combatir el contrabando y los pasos ilegales, sin descuidar la facilitación del turismo, el intercambio cultural y los proyectos conjuntos de infraestructura, energía e integración amazónica.

Con Brasil, la prioridad debe ser la construcción de corredores ferroviarios yo fluviales norte-centro-sur que unan el Atlántico con el Pacífico, consolidando al Perú como plataforma logística sudamericana. Paralelamente, conviene profundizar la cooperación amazónica, energética y la vinculación con el Mercosur.

Con Colombia, la relación debe mantenerse sobre bases permanentes de confianza, independientemente de las diferencias ideológicas entre gobiernos, impulsando acciones conjuntas contra el narcotráfico, fortaleciendo la seguridad fronteriza y promoviendo proyectos de infraestructura e integración amazónica.

Con Argentina, nación hermana unida al Perú desde la gesta emancipadora, corresponde revitalizar una relación histórica basada en más de dos siglos de amistad y cooperación. Deben fortalecerse los vínculos políticos, comerciales, culturales, científicos y de defensa, ampliando asimismo la cooperación en agroindustria, energía, investigación antártica, innovación tecnológica e intercambio académico, con el propósito de consolidar una asociación estratégica que contribuya al desarrollo y a la integración de América del Sur.

Asimismo, la Comunidad Andina debería impulsar el eventual retorno de Chile y de una Venezuela plenamente democrática, además de avanzar hacia mecanismos de integración financiera y monetaria que faciliten el comercio intrarregional y fortalezcan la competitividad del bloque.

 

MULTILATERALISMO

El Perú debe practicar un multilateralismo activo, soberano y con capacidad de iniciativa.

Su participación en las Naciones Unidas debe orientarse a la defensa de la paz, la vida, la familia y los derechos humanos, promoviendo soluciones negociadas a conflictos internacionales como Rusia-Ucrania, Israel-Palestina o las tensiones entre Estados Unidos e Irán.

Aunque la ONU no ha logrado resolver todas las crisis internacionales, continúa siendo un instrumento indispensable para preservar la estabilidad global y evitar conflictos de mayor escala.

El Perú debe mantener una participación relevante en la Organización de los Estados Americanos, fortalecer su presencia en los organismos financieros internacionales -como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo- y consolidar la cooperación amazónica mediante la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica.

Respecto de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, corresponde evaluar una eventual denuncia del sistema, al considerarse que sus actuaciones han afectado la soberanía del Estado peruano. En cuanto al Acuerdo de Escazú, resulta conveniente mantener la decisión de no ratificarlo mientras subsistan dudas sobre sus efectos respecto de la soberanía nacional. Asimismo, la eventual adhesión a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar merece un análisis estrictamente técnico que permita valorar sus beneficios científicos, ambientales y jurídicos.

 

EQUILIBRIO GLOBAL

El Perú debe mantener relaciones constructivas con todas las potencias, orientadas exclusivamente al interés nacional.

Con Estados Unidos, el Perú debe consolidar una alianza estratégica integral basada en el fortalecimiento del comercio, las inversiones, la innovación tecnológica, la cooperación científica y espacial, la seguridad y la defensa, la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado transnacional, así como en la educación y la investigación. Como uno de nuestros principales socios, esta relación debe contribuir al desarrollo económico, la generación de empleo, la estabilidad regional y el fortalecimiento de las instituciones democráticas, siempre sobre la base del respeto mutuo. Con Canadá, en la inversión, el comercio y el medio ambiente; con México, en una relación respetuosa que preserve la cooperación sin renunciar a la defensa de la soberanía; con los países del Caribe y Centroamérica, en el fortalecimiento de la integración regional.

Con Italia y la República de Corea, el Perú debe profundizar la cooperación en materia de defensa, promoviendo la transferencia tecnológica, la coproducción y la adquisición de sistemas navales, aeronáuticos y terrestres que fortalezcan las capacidades de nuestras Fuerzas Armadas y de la industria nacional. Con India, debe impulsarse una asociación estratégica en los ámbitos espacial, farmacéutico, tecnológico, digital y educativo, aprovechando el liderazgo de ese país en innovación e investigación. Con la Unión Europea, corresponde profundizar la cooperación en innovación, educación, energías limpias, transformación digital y desarrollo sostenible.

Francia ocupa un lugar singular en la política exterior peruana por los profundos vínculos históricos, culturales, científicos y de cooperación que unen a ambos países. Más allá de la estrecha relación política y económica, el Perú debe consolidar esta asociación estratégica impulsando la adquisición de un nuevo satélite de observación terrestre, el PerúSAT-2, que dé continuidad al exitoso PerúSAT-1. Este sistema ha demostrado ser una herramienta invaluable para la defensa y la seguridad nacional, la gestión del riesgo de desastres, el ordenamiento territorial, la protección ambiental, la agricultura y el desarrollo científico, respaldado además por el acceso a la constelación de satélites franceses que ha permitido ampliar significativamente las capacidades nacionales de observación de la Tierra. Continuar por ese camino significará fortalecer nuestra autonomía tecnológica, consolidar una cooperación estratégica ejemplar y profundizar una relación bilateral basada en la confianza, la innovación y una visión compartida del desarrollo.

Igualmente, el Perú debe ampliar su presencia en otras regiones.

Con China corresponde consolidar la relación con nuestro principal socio comercial, extendiéndola hacia la ciencia, la innovación y la protección ambiental.

Con Japón, el Perú debe profundizar una asociación estratégica sustentada en la cooperación tecnológica, científica, educativa y económica. La histórica presencia de la comunidad nikkei, plenamente integrada al desarrollo nacional, constituye un puente humano excepcional entre ambas naciones. Debe impulsarse la transferencia de tecnología, la innovación, la transformación digital, la inteligencia artificial, la gestión del riesgo de desastres, la infraestructura resiliente y el intercambio académico y cultural, fortaleciendo una relación basada en la confianza mutua, los valores compartidos y la visión de un desarrollo sostenible.

Con Rusia, el Perú debe mantener una relación de respeto, diálogo y cooperación, recordando que ha sido un socio relevante en áreas estratégicas para el desarrollo nacional. La colaboración en ciencia, energía, medicina, industria aeroespacial, agricultura y cultura ofrece amplias oportunidades para ambas naciones. Resulta igualmente conveniente fortalecer los intercambios académicos y tecnológicos, así como preservar los vínculos en materia de defensa, reafirmando una política exterior autónoma que permita al Perú cooperar con todas las potencias sin exclusiones ni alineamientos automáticos.

Con Turquía corresponde consolidar una relación estratégica que impulse el comercio bilateral, la atracción de inversiones, la cooperación industrial, tecnológica y de defensa, así como el intercambio académico y cultural, reconociendo su creciente influencia geopolítica y su papel como centro logístico entre Europa, Asia y Oriente Medio. Al mismo tiempo, el Perú debe evitar eventuales acuerdos de extradición mientras subsistan preocupaciones sobre el respeto de los derechos humanos y las garantías judiciales.

Con Australia y Nueva Zelanda deben fortalecerse los vínculos en innovación, educación y sostenibilidad.

En África resulta prioritario ampliar la cooperación con Sudáfrica, Nigeria y Egipto, además de estrechar relaciones con la Unión Africana.

Con Marruecos, el Perú debería respaldar la Iniciativa de Autonomía para el Sahara, conforme a las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, al constituir una propuesta seria, creíble y realista para alcanzar una solución política definitiva al diferendo regional, respetando la integridad territorial del Reino de Marruecos. Asimismo, corresponde profundizar una relación estratégica con un país que se ha consolidado como uno de los principales polos de estabilidad, desarrollo e influencia en África y como puente natural entre Europa, el mundo árabe y el continente africano. En esa perspectiva, resulta conveniente implementar, después de más de diez años de espera, el acuerdo de exención de visas para ciudadanos marroquíes, facilitando la movilidad de empresarios, inversionistas, académicos y turistas. Del mismo modo, el Perú debería anticiparse a las nuevas dinámicas del comercio internacional mediante la apertura de un Consulado Honorario en Dajla, ciudad llamada a convertirse en uno de los grandes polos logísticos del Atlántico africano gracias al megaproyecto de su puerto de aguas profundas. Junto con Tánger Med, y en conexión con los puertos peruanos de Paita, Callao y Chancay, Dajla puede integrarse a una red de plataformas logísticas y empresariales que acerque al Perú a los mercados de África Occidental, Europa y el mundo árabe, fortaleciendo nuestra presencia económica en una de las regiones con mayor potencial de crecimiento del siglo XXI. La política exterior debe adelantarse a los cambios del escenario internacional y no limitarse a reaccionar cuando las oportunidades ya han pasado.

Con Israel corresponde mantener el apoyo a su seguridad y fortalecer una asociación estratégica basada en la innovación, la ciencia y la tecnología. Deben ampliarse la cooperación en agricultura de precisión, gestión de los recursos hídricos, ciberseguridad, salud, inteligencia artificial y defensa, aprovechando la reconocida capacidad israelí para transformar el conocimiento en desarrollo. }

Asimismo, el Perú debe elevar a la categoría de política de Estado su acercamiento a los países del Consejo de Cooperación del Golfo, especialmente a los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Qatar, potencias emergentes que desempeñan un papel cada vez más influyente en las finanzas internacionales, la inversión soberana, la logística global, la aviación, la energía, la innovación y la seguridad alimentaria. La consolidación de mecanismos permanentes de diálogo permitirá atraer capitales, promover asociaciones estratégicas e incrementar la presencia peruana en una de las regiones con mayor capacidad de inversión del mundo. Del mismo modo, deben profundizarse las relaciones con las naciones nórdicas, cuya experiencia en energías renovables, economía verde, innovación tecnológica, digitalización, educación y gobernanza constituye una valiosa oportunidad para impulsar un desarrollo moderno, sostenible y altamente competitivo.

 

DESARROLLO

La política exterior debe convertirse en una herramienta directa del desarrollo económico.

Ello implica consolidar los tratados de libre comercio existentes, negociar nuevos acuerdos con mercados emergentes e impulsar corredores bioceánicos ferroviarios que unan el Atlántico con el Pacífico. Allí donde estos no resulten viables, deberán priorizarse corredores fluviales modernos que reduzcan costos logísticos y mejoren la competitividad regional.

Asimismo, el Perú debe explorar mecanismos de integración financiera y monetaria en el ámbito andino que fortalezcan el comercio intrarregional.

 

INNOVACIÓN

La política exterior del siglo XXI exige creatividad e innovación.

El Perú debería promover una diplomacia científica, cultural, gastronómica y deportiva; crear una Academia Diplomática Regional; impulsar un Consejo Amazónico de Seguridad Climática; establecer una Red de Ciudades del Pacífico; desarrollar las «Casas del Perú» en capitales estratégicas; reconocer a la diáspora peruana como un activo diplomático permanente; fortalecer la diplomacia del agua y consolidar la presencia nacional en la Antártida.

 

PARA LA PAZ

Finalmente, el Perú debe recuperar su tradición como constructor de consensos internacionales.

Lima puede ofrecerse como sede neutral para negociaciones de paz, ampliar la cooperación humanitaria, promover una Alianza Internacional por la Cultura de Paz y reforzar la participación peruana en operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.

Heredero de una tradición diplomática que une cultura, pensamiento y acción, el Perú está llamado a proyectarse al mundo con una política exterior basada en principios, pero guiada por el realismo. Una diplomacia que fortalezca la integración vecinal, ejerza un multilateralismo soberano y proyecte al país como puente entre regiones y culturas.

El nuevo Gobierno tiene la oportunidad de convertir la política exterior en una verdadera política de Estado. Si logra combinar principios con pragmatismo, el Perú no solo defenderá mejor sus intereses nacionales, sino que recuperará el prestigio internacional que distinguió a nuestra diplomacia durante gran parte de su historia. Como enseñó Kissinger, la política exterior es la arquitectura de la paz. Corresponde ahora al Perú convertirse en uno de sus arquitectos.

 

FOTOS

1 El Palacio de Torre Tagle, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, es el símbolo de la diplomacia peruana y el centro desde donde debe proyectarse una política exterior de Estado, sustentada en principios, pragmatismo y la defensa permanente de los intereses nacionales.

 

 

2 La Asamblea General de las Naciones Unidas representa el principal foro del multilateralismo y del diálogo entre las naciones. Sin embargo, una política exterior eficaz exige complementar esa acción con una diplomacia bilateral activa y pragmática, donde con frecuencia se alcanzan los acuerdos más concretos y beneficiosos para los intereses permanentes del Estado.

 

 

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