Europa enfrenta el fin de las libertades y la democracia si no revierte inmigración islamica hostil y masiva, advierte Hermann Tertsch, diputado del Parlamente europeo por VOX
VALERIA PONCE
Hermann Tertsch, diputado del Parlamento Europeo por Vox, conversó con La Razón sobre la crisis migratoria europea, en medio de la renuncia de Keir Starmer al liderazgo laborista y la difusión del «Rape Gang Inquiry Report», que atribuye el 90% de las condenas por explotación sexual de 250 mil niñas británicas a hombres de origen paquistaní.
—La semana pasada se conoció el informe sobre las violaciones masivas cometidas por bandas de hombres, en su mayoría de origen paquistaní, contra menores británicos. ¿Qué opina de que un Estado europeo haya tardado más de una década en reconocer oficialmente la escalada del problema?
No es nada extraño, porque todos los países europeos están ocultando las violaciones, los abusos sexuales, las agresiones y los crímenes que están cometiendo inmigrantes ilegales de origen de países musulmanes. Lo de Inglaterra lo conocemos, en el Reino Unido llevamos muchos años sabiendo de estas redes escandalosas, y es que hace 10 años, o más, o 15, sobre la red de Rotherham, donde realmente todo el mundo sabía de las redes […], y nadie quería entrar a combatirlas ni a denunciarlas por miedo a ser calificados de racistas o de islamófobos, y eso ha sido el escudo para que hayan actuado con impunidad durante décadas. En ese estudio se prueba que hay en torno a unas 250.000 niñas y niños pequeños, todos ellos blancos, británicos, de origen de familias pobres o familias desestructuradas, que eran secuestrados; muchos de ellos eran drogados; muchos de ellos caían en dependencias por el dinero que les daban; y muchos de ellos, raptados, secuestrados, vejados y violados, unas monstruosidades que están todas probadas, que son terroríficas, y que se estuvieron ocultando por parte de las máximas autoridades británicas porque no querían líos, que lo llamaban tensiones raciales, y eso se ocultó. Uno de los principales responsables del encubrimiento fue precisamente Keir Starmer, que era fiscal entonces, y que hizo todo lo imposible para que no salieran a la luz todos estos casos en sus monstruosas dimensiones.
Es decir, esto es una enfermedad de las sociedades que se ha agravado muchísimo con la cobardía frente a la ideología, la alianza que hay entre la izquierda y el islam en los países europeos, en Occidente en general, donde la izquierda, el socialismo y el comunismo consideran que el islamismo y el islam son unos perfectos aliados para acabar con la civilización occidental. Hay una alianza y un trabajo en común, y por eso ha existido una impunidad enorme y sigue existiendo. En España todos los casos de violaciones son a diario y coincide con la práctica de Sánchez de haber abierto las fronteras totalmente e incentivado la invasión en España, como está haciendo el Partido Socialista, que quiere que entren islamistas, gente de África subsahariana, argelinos, porque consideran que esos van a ser sus próximos votantes, porque como los españoles ya no le votan, tienen que inventarse otros españoles que le voten, y eso es la inmigración, parte de las nuevas tretas de un fraude inmenso que está llevando a cabo en Iberoamérica en este momento Sánchez y su gobierno.
—¿Considera que esta situación responde a una inmigración de carácter extremista y radical?
Es una inmigración masiva hostil a la civilización occidental, que en realidad no viene a integrarse en Occidente, sino que viene a quedarse con Occidente. Ellos van imponiendo sus leyes en calles, barrios, ciudades, y el Reino Unido, en Gran Bretaña, es una cosa masiva, como en París, en Bélgica, en Bruselas, donde hay barrios que son barrios islámicos, porque los blancos, los cristianos, no pueden prácticamente vivir allí de una forma libre; están coaccionados y bajo una presión brutal siempre, y la gente abandona esos barrios, y esos barrios van perdiendo el valor, las casas, y se van quedando ellos allí. Eso es un proceso terrorífico, pero es un proceso que se está produciendo en todos los países europeos, y eso es lo que tenemos que cambiar, y ese es el gran reto actual para los próximos años en Europa: revertir esta invasión que se ha producido y que amenaza con estrangular a la sociedad democrática, a la la civilización occidental y cristiana.
[…] Para ellos, los únicos individuos que tienen valor son los que comparten sus creencias, su ideología religiosa, el islam, y quien no comparte es automáticamente su enemigo. Por eso las niñas de Rotherham, en ciudades británicas, han sido así utilizadas, violadas, maltratadas y muchas asesinadas. Todo ese odio que les cae encima porque nuestra sociedad no sabe defenderse, no ha sabido defenderse frente a estas amenazas, y eso lo tenemos que cambiar. Por eso tenemos que revertir esta invasión, y eso se tiene que hacer a través de una remigración, y se ha dado un gran paso. Llevamos pidiéndolo nosotros muchísimos años, y decían que eso era de ultraderecha, nosotros tenemos el derecho a que las personas que están ilegalmente aquí se tienen que ir y para eso hay que crear mecanismos. La semana pasada se aprobó en el Parlamento Europeo la directiva de retorno, el reglamento de retorno, que es para que los países puedan realmente deportar de forma masiva a la gente que está viviendo en sus países ilegalmente, y a aquellos que no se adaptan y que son una amenaza para la sociedad.
— ¿La aprobación del Parlamento Europeo de la directiva de retorno a quienes residen ilegalmente resolvería el problema?
No, eso sería el comienzo. Llevamos tantos años haciendo malas cosas que claro que va a ser muy complicado, pero hay que empezar con ese hecho. No se puede deportar si no se cierran las fronteras abiertas; no se puede recibir a medio millón y resulta que deportas a 11.000. Lo que hay que hacer es deportar masivamente para cambiar otra vez la faz de las ciudades europeas. Y eso va a ser un proceso muy largo, también traumático, pero absolutamente necesario para que nuestras naciones no sean estranguladas y para que nuestras sociedades democráticas no perezcan bajo la presión totalitaria del islamismo.
—¿La situación revelada en este informe del Reino Unido se está repitiendo en el resto de la Unión Europea?
Esos casos se están dando en todas partes, y la ocultación de los casos se está dando en todas partes. No sé si se acuerdan ustedes de cuando Merkel, que es una de las grandes responsables de esta catástrofe europea, abrió todas las fronteras a los sirios en 2015, y a partir de entonces Alemania ha cambiado totalmente. Barrios y pueblos pequeños que tenían unas vidas seguras y realmente envidiables han sido destruidos por una masa de hombres sin familia, que llegan y ocupan los sitios y ejercen todo tipo de violencia allí. En España tenemos muchísimos casos que no se informan. La prensa, el gobierno de izquierda y los gobiernos anteriores del Partido Popular estaban de acuerdo con los medios en no dar el origen de los autores, la procedencia de los criminales. En Alemania, en 2016, en la Nochevieja, en Colonia, hubo miles de mujeres que fueron asaltadas, muchas de ellas violadas, muchas maltratadas, durante la fiesta de Nochevieja, en una gran multitud donde de repente había miles y miles de africanos, argelinos. Las mujeres alemanas fueron sorprendidas, había mujeres heridas. Aquello tardó cinco días en saberse, en que se conociera que había habido incidentes. Tal fue el cierre absoluto de información, el bloqueo informativo decretado por las autoridades alemanas. Fue una cosa absolutamente inaudita en un país con libertad de prensa, que realmente un drama de tales magnitudes no trascendiera.
—Si este historial es de hace años, ¿por qué no se adoptaron medidas severas desde que las autoridades locales tuvieron conocimiento de los casos?
Porque no se atreven, porque hay una ideología que dice que, por la plaga de lo que llaman la tolerancia, que quiere decir que la sociedad occidental tiene mucha culpa y ninguna autoestima, las autoridades, sobre todo la gente que está realmente contaminada por las ideas de la izquierda, no quieren jamás que les llamen racistas o islamófobos, o que los insulten con ese tipo de descalificativo que tanto utiliza la izquierda contra aquellos que no les gusta. Tenemos casos de gente venida de fuera, que tiene mucho que ver con esa ideología religiosa de desprecio a la mujer, en que la mujer no es prácticamente nada, solo el hombre vale y las mujeres son poco más que un animal con mayor utilidad. Es así como se expresan muchos jóvenes de origen musulmán, muchos de ellos nacidos en países occidentales. Nunca van a aceptar la igualdad de la mujer, porque no forma parte de su propia cultura; su cultura es contraria a eso, y la igualdad de la mujer para ellos es un insulto.
—¿Qué influencia ha tenido la posición de los gobiernos de izquierda en Europa a la hora de investigar y hacer de conocimiento público este tipo de información, incluso cuando ya existían denuncias y expedientes?
Ahora hay mucha gente que está despertando, por eso fue posible esa votación en el Parlamento Europeo la semana pasada en Estrasburgo, porque cada vez hay más gente que se da cuenta de cómo votan los partidos. Partidos como el Partido Popular Europeo y el Partido Popular español, que antes no se atrevían a decir ciertas verdades, hoy tienen que admitirlas, porque sus votantes se van a otros partidos, como Vox o como Rassemblement National en Francia. Por eso están creciendo los partidos de la derecha que dicen la verdad frente a los partidos de centroderecha, que siempre han querido estar cerca de la izquierda. Hemos llegado a un momento en que hace falta mucha verdad, mucha claridad y posiciones muy claras, y eso es lo que se está notando, que está cambiando. Por eso crecen los partidos nacionales, conservadores y patriotas en toda Europa.
—¿Cuál considera usted la principal amenaza concreta para Europa hoy: el volumen de la inmigración ilegal, el choque cultural con el islam conservador, o la respuesta política que la ha tolerado?
La alianza contra la libertad y contra la verdad que han fraguado, por interés común, la izquierda con el islam, con la inmigración islamista. Ese es el principal peligro para la civilización occidental, para la libertad de expresión, para la democracia. Esos son los peligros máximos. Tienen muchos cómplices dentro de la clase política estadounidense.
—Hace años el origen de esta inmigración fue presentado como refugio. Con el paso del tiempo, ¿considera que ha derivado en una respuesta más política, de apropiación?
Sí, en realidad hubo una inmigración que venía a trabajar, de turcos a Alemania, y después hubo una inmigración en Inglaterra y en Francia, porque eran metrópolis de colonias musulmanas, o que fueron siendo musulmanas con el tiempo, porque tenemos que recordar que hay muchísimos países en África y en el Medio Oriente que no eran países musulmanes hace relativamente poco, y en los cuales la libertad de las mujeres, por ejemplo, en Israel, Irán, Afganistán, Egipto, era una aspiración que tenían todos menos los más retrasados. Sin embargo, ¿cómo ha cambiado eso? En la universidad, en los años setenta, las chicas se iban con minifalda, y hoy en día las chicas van tapadas de pies a cabeza, y si se lo quitan, las llevan presas, las torturan o las matan. […] La historia está llena de la lucha de Occidente con el islam, y ahora el islam está viniendo de otra forma, no viene con sus ejércitos del sultán, sino que ha venido y después tienen siete hijos, que encima financia la seguridad social de los países europeos, mientras las europeas no tienen apenas hijos. Aquí se ha creado una sociedad parasitaria, donde hay familias musulmanas con siete u ocho hijos, donde el marido no ha trabajado jamás, no trabaja porque no necesita trabajar, por lo que recibe por cada hijo y por cada mujer, y a veces tienen dos y tres mujeres, aunque la poligamia esté prohibida en toda Europa; resulta que está prohibida para los blancos, pero no para los inmigrantes, y practican la poligamia con una tranquilidad absoluta, pagada por la seguridad social. Se han creado unos absurdos en este mundo a los que tenemos que ponerles fin, y eso solo puede hacerse a través de la remigración.
—Si Europa no cambia de rumbo en los próximos años, ¿qué escenario concreto prevé para el continente, y específicamente para España?
Yo creo que el fin de las libertades, el fin de la democracia y el fin de la civilización a medio plazo. Por eso no nos lo podemos permitir, y por eso hay cambios muy radicales que ya han empezado, y esos cambios se van a materializar en esas deportaciones, en esa remigración, y se va a hacer una política mucho más de defensa de los valores y de la cultura occidental de lo que ha habido hasta ahora.




