Y consolida el reequilibrio geopolítico en favor de Marruecos en América Central.
La República de Honduras ha decidido suspender su reconocimiento de la denominada “República Árabe Saharaui Democrática” (rasd), en una decisión soberana que refleja un cambio significativo en las dinámicas geopolíticas regionales y en la evolución del tratamiento internacional de la cuestión del Sáhara marroquí, objeto de reivindicación por parte de los separatistas del Polisario, con el respaldo de Argelia, cuyas ambiciones atlánticas permanecen implícitas.
La medida fue comunicada oficialmente al Ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, Nasser Bourita, mediante una carta remitida por la Ministra de Relaciones Exteriores de Honduras, Mireya Agüero de Corrales, recibida este miércoles. Este gesto diplomático confirma la voluntad de Tegucigalpa de redefinir su posicionamiento exterior conforme a principios de soberanía y coherencia estratégica.
En efecto, en su misiva, la canciller hondureña subrayó que la decisión responde a una “determinación soberana”, basada en el apego histórico de Honduras a los principios de no injerencia y respeto a los asuntos internos de los Estados, en línea con el derecho internacional contemporáneo. Honduras reafirmó igualmente su respaldo a los esfuerzos del Secretario General de las Naciones Unidas y de su Enviado Personal para alcanzar una solución política, realista, pragmática y duradera, conforme al marco establecido por el Consejo de Seguridad, incluida la resolución 2797, que consagra el enfoque de compromiso como única vía viable.
El gobierno hondureño notificó igualmente esta decisión al Secretario General de la ONU, António Guterres, consolidando así el carácter formal y diplomático de su nueva postura lo que otorga a esta decisión una dimensión institucional clara, inscribiéndola plenamente en el marco multilateral.
Cabe señalar que Honduras había reconocido a la “rasd” en 1989, reafirmando esta posición en 2022. No obstante, el giro actual se inscribe en una tendencia sostenida de revisión de posturas heredadas de contextos ideológicos pasados, convirtiéndose en el sexto país en los últimos dos años en retirar o suspender dicho reconocimiento.
Este cambio de postura se produce en un contexto de creciente consolidación internacional de la iniciativa marroquí de autonomía, impulsada bajo el liderazgo de Su Majestad el Rey Mohammed VI, que ha logrado posicionarse como la base más seria, creíble y realista para la resolución definitiva y duradera del diferendo, atrayendo el respaldo de un número cada vez mayor de Estados.
Es de relievar que a nive regional, la decisión de Honduras confirma un claro reequilibrio geopolítico en América Central, donde varios países han optado por alinear sus políticas exteriores con los principios de estabilidad, legalidad internacional y realismo estratégico. Guatemala, El Salvador, Panamá y Costa Rica han sido precursores de esta tendencia, privilegiando una lectura pragmática del conflicto frente a enfoques ideologizados. La suspensión de los vínculos de Tegucigalpa con el Polisario se inscribe así en una dinámica regional coherente que favorece la consolidación de Marruecos como actor estratégico fiable y socio prioritario.
Este posicionamiento refuerza, además, la primacía del realismo político, jurídico e histórico que sustenta la marroquidad del Sáhara en los foros internacionales. En contraste, Nicaragua, bajo el régimen comunista de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, permanece al margen de esta evolución, aferrándose a planteamientos anacrónicos y superados de la guerra fría, cada vez más desconectados de las realidades geopolíticas contemporáneas.



