Rusia y Perú, unidos por cultura y comercio
Ricardo Sánchez Serra
Durante más de siete años en el Perú, el embajador Igor Romanchenko consolidó un puente de amistad entre Moscú y Lima. Su gestión impulsó el comercio bilateral -con fertilizantes, frutas y pisco como protagonistas- y fortaleció la cooperación académica y cultural. Romanchenko destaca la mirada equilibrada del Perú hacia Rusia, incluso en un contexto internacional complejo, y resalta la curiosidad genuina de los peruanos por la cultura y el idioma ruso. En lo personal, se lleva consigo la memoria de la diversidad del país, desde Cusco y el Titicaca hasta la Amazonía y su gastronomía. Al despedirse, subraya la dignidad del pueblo peruano y la esperanza de que los lazos de amistad perduren para siempre.
1.- Tras más de siete años en el Perú, ¿cómo resumiría su paso por Lima y qué momentos marcaron su gestión diplomática?
Tras más de siete años en el Perú, puedo decir con sinceridad que este país se ha convertido en una parte muy importante de mi vida profesional y personal. Lima no solo ha sido un lugar para trabajar, sino un espacio de diálogo, aprendizaje y construcción de vínculos humanos y culturales muy valiosos.
Durante este período, la tarea principal ha sido fortalecer las relaciones bilaterales entre Rusia y el Perú en diversos ámbitos: político, económico, cultural y educativo. Hemos trabajado activamente para ampliar la cooperación, promover el intercambio académico y acercar a nuestros pueblos, lo cual considero fundamental para una relación fuerte y duradera.
Un impulso significativo lo dio la Copa Mundial de la FIFA Rusia-2018, que fue visitada por alrededor de 43 mil ciudadanos peruanos. Este acontecimiento dejó una huella emocional muy positiva en las relaciones bilaterales. Más adelante, durante la pandemia, Rusia también respondió al llamado del Perú, enviando ayuda, lo que reafirmó el carácter solidario de nuestra cooperación.
Asimismo, los contactos en el ámbito cultural han sido constantes y dinámicos. Proyectos como las presentaciones del “Coro Turetsky”, el programa “Estrellas nacientes” – con conciertos gratuitos de estudiantes del Conservatorio Chaikovski de Moscú en distintas ciudades del Perú, así como conciertos sinfónicos y giras de compañías de ballet ruso, han reunido a miles de espectadores y han contribuido a un mayor conocimiento mutuo.
También hemos trabajado en preservar la memoria histórica y los símbolos de amistad entre nuestros pueblos. Los ejemplos son el busto de Yuri Gagarin en Lima, instalado con motivo del 90º aniversario del nacimiento del cosmonauta, la placa conmemorativa del científico ruso Eugenio Yácovleff en la calle que lleva su nombre y el enterramiento de marineros rusos en la isla San Lorenzo.
Cabe destacar que, teniendo en cuenta el tradicional interés de los peruanos por la cultura rusa, la Embajada organiza anualmente decenas de actividades culturales y educativas. Esta labor, junto con la simpatía del público peruano, ha permitido consolidar una imagen positiva de Rusia como nación de inmensa riqueza cultural.
En el ámbito educativo, el interés por el idioma ruso y por estudiar en nuestro país se mantiene alto. Más de 100 personas mensualmente aprenden nuestra lengua en la Casa Rusa en Lima. En total, más de 10 mil ciudadanos peruanos han recibido formación profesional en la Unión Soviética y en Rusia. Además, el Gobierno ruso continúa ampliando las oportunidades a través de becas estatales, cuya cuota muestra un crecimiento sostenido y alcanzará las 100 plazas para el año académico 2026–2027.
Entre los momentos más significativos de mi gestión destacaría también la reactivación del diálogo presencial tras la pandemia, que permitió retomar proyectos conjuntos y dinamizar contactos institucionales. Igualmente valoro profundamente los encuentros con la comunidad de compatriotas y con numerosos amigos en el Perú que sienten cercanía con Rusia.
En resumen, ha sido un período intenso, productivo y profundamente enriquecedor. Me llevo conmigo no solo resultados concretos en el ámbito diplomático, sino también un gran respeto y cariño por el Perú y su gente.
2.- En un escenario global marcado por tensiones y cambios, ¿cómo explica hoy el papel de Rusia en el mundo?
Tiene toda la razón, estamos observando el cambio profundo de la arquitectura de las relaciones a nivel mundial. Es una transformación estructural en la forma en que los países, organizaciones y actores globales interactúan, ejercen poder y gestionan conflictos. No es solo un ajuste o una adaptación coyuntural, sino una reconfiguración completa de todo el sistema internacional.
Rusia es un actor clave en estas transformaciones. Siendo uno de los países-miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, abogamos por la construcción de un mundo multipolar más justo y equilibrado. Estamos promoviendo las relaciones de igualdad, cooperación mutuamente ventajosa y respeto entre los Estados. Rusia defiende sus intereses de manera coherente y sin permitir que nuestros derechos legítimos sean vulnerados.
Dicho enfoque obviamente contrasta con el modelo unipolar que el Occidente está promoviendo junto con su narrativa sobre un “orden basado en reglas”. Están imponiendo la lógica de “el más fuerte tiene la razón». Las consecuencias negativas de esta política las sienten no solo los Estados del Sur Global, entre ellos la América Latina: dentro de la propia comunidad occidental se acumulan tendencias de crisis.
3.- ¿Qué lugar ocupa América Latina –y en particular el Perú– en la política exterior rusa?
Las relaciones entre Rusia y los países de América Latina y el Caribe han adquirido, en efecto, en los últimos años un poderoso dinamismo. El principal motivo radica en la coincidencia objetiva de los intereses. La activación de la cooperación política, económica, comercial, científica, humanitaria y cultural con los países de esta región figura entre las prioridades de la política exterior rusa. Nos aproximan el rechazo de las tentativas de imponer enfoques unilaterales, la disposición para respetar los intereses de los socios, así como apoyo a consolidar el el aumento del papel central de la ONU en los asuntos mundiales.
Desde hace décadas a Rusia y el Perú nos unen lazos de amistad, respeto y cooperación mutuamente ventajosa en distintos ámbitos. Lima comparte con Moscú muchos enfoques en diversos asuntos internacionales. Por ejemplo, en materia de desarme nuclear, Lima apoya consistentemente la reducción global de arsenales y el fortalecimiento del régimen de no proliferación, en consonancia con el espíritu del Tratado de Tlatelolco. En las conversaciones sobre el espacio, el Perú subraya la necesidad de que los países en desarrollo accedan a tecnologías espaciales pacíficas, a la cooperación científica internacional y a la inadmisibilidad de la militarización del espacio ultraterrestre. Respecto a la reforma de la ONU, el Perú aboga por la ampliación del Consejo de Seguridad para otorgar a la región un asiento permanente.
Estamos abiertos a promover contactos con nuestros amigos peruanos en la medida en que ellos estén dispuestos a desarrollarlos. Hay un gran potencial para profundizar los vínculos. Proponemos fortalecer el diálogo político, continuar consensuando la base legal entre los Gobiernos, ampliar la cooperación de mutuo beneficio en el ámbito económico, técnico-militar, científico, cultural, humanitario, seguridad pública, mitigación de situaciones de emergencia, entre muchos otros.
4.- Durante su misión, ¿en qué áreas cree que la relación entre Rusia y el Perú avanzó más y dónde quedaron tareas pendientes?
A pesar de las dificultades externas, se ha logrado mantener y diversificar el comercio bilateral. Un ejemplo claro es el suministro de fertilizantes rusos, que se ha convertido en un componente esencial para el sector agrícola peruano que sigue mostrando los resultados aún más impresionantes cada año en el mercado internacional de alimentos. Los consumidores rusos ya están acostumbrados a la alta calidad de arándanos, paltas, mangos y mandarinas desde el Perú. Ellos aman también el café, las especias aromáticas y los granos andinos que merecidamente son considerados “superfood” por sus características saludables únicas. Además, en Rusia conocen bien al pisco que no sólo está presente en los supermercados, sino en varios restaurantes de la cocina peruana, ubicados en Moscú. Espero que los vinos nacionales también ganen el terreno en nuestro mercado.
Entre otras áreas en las que hemos avanzado, como había mencionado anteriormente, están los vínculos humanitarios y la cooperación académica entre las prestigiosas universidades de nuestros países, así como la formación de los especialistas peruanos en Rusia en el marco de becas estatales. Al mismo tiempo, el Perú sigue siendo un destino muy atractivo no sólo para nuestros turistas – y claro que para delegados que participan en numerosos eventos importantes en el país –, sino también para artistas.
Hemos impulsado el desarrollo de los lazos entre las regiones. Un buen ejemplo es el Callao y Kamchatka que han firmado el acuerdo para explorar las oportunidades de cooperación en varios ámbitos.
Puedo hablar sobre nuestros vínculos por mucho más tiempo. Quiero subrayar que tenemos las bases muy sólidas para continuar juntos en este camino de doble sentido que les trae beneficios valiosos a nuestras naciones.
5.- ¿Cómo ha percibido la mirada del Perú hacia Rusia en estos años, especialmente en medio de un contexto internacional complejo?
He percibido que la mirada del Perú hacia Rusia se mantiene equilibrada y pragmática. Incluso en un contexto actual complejo vemos que se preserva un espacio para la cooperación y el intercambio en áreas de interés común.
Al mismo tiempo, cabe señalar que una parte significativa del espacio mediático peruano proviene de fuentes occidentales. Ello en ocasiones puede generar una percepción parcial y hasta tergiversada de la posición de Rusia en el escenario internacional, incluyendo en torno al conflicto ucraniano. Naturalmente, este factor influye en la formación de la opinión pública.
Sin embargo, es importante destacar que la mayoría de los peruanos mantienen una actitud independiente y una visión equilibrada, conservando una disposición positiva hacia Moscú. Esto se observa especialmente entre quienes estudiaron en la Unión Soviética o en Rusia, así como entre profesionales que, a lo largo de los años, han estado vinculados a nuestro país – desde especialistas técnico-militares hasta quienes participaron en proyectos conjuntos, como por ejemplo el nanosatélite “Chasqui I”, lanzado con apoyo ruso.
En la sociedad peruana se nota una curiosidad genuina por Rusia: su cultura, su historia y sus oportunidades educativas. Esto se refleja en alta participación del público en actividades culturales, en el interés por el idioma ruso y en la demanda de programas de estudios.
6.- Más allá de la diplomacia, ¿qué aspectos de la cultura, la gente o la vida en el Perú lo marcaron personalmente?
Los años vividos en el Perú han sido para mí una experiencia profundamente personal. Cada su región representa un mundo distinto.
En Cusco, por ejemplo, uno siente la profundidad de la historia andina. Caminar por sus calles, ver cómo conviven la arquitectura inca y la colonial, observar la vida de la gente en los mercados o en las plazas, permite comprender que aquí la historia no es algo del pasado, sino parte de la vida diaria.
También me impresionaron mucho los viajes por el sur andino y por el altiplano. El paisaje alrededor del lago Titicaca es de una belleza particular. Allí tuve la oportunidad de conversar con familias locales, conocer sus tradiciones y su rico legado.
La Amazonía peruana fue otra gran revelación para mí. Iquitos es un lugar completamente distinto a cualquier otra ciudad. Llegar allí por primera vez, sentir el clima, escuchar los sonidos de la selva, ver la vida a orillas del río Amazonas, es una experiencia que se queda grabada para siempre. Allí uno entiende realmente la dimensión natural del Perú y la diversidad extraordinaria que posee este país.
Y, por supuesto, no puedo dejar de mencionar la extraordinaria gastronomía peruana y, en particular, la riqueza de los productos del mar. El ceviche es uno de los que más me gustan y no es sorprendente que se haya convertido en un verdadero símbolo del país. A mi esposa también le encantan platos peruanos. Estoy seguro de que cuando regresemos a Rusia vamos a extrañar mucho estos sabores, que con el tiempo se volvieron parte muy querida de nuestra vida aquí.
Pero, sin duda, lo que más me marcó es la gente. Los peruanos tienen una manera muy abierta y natural de relacionarse. Muchas veces, en viajes de trabajo o en encuentros fuera del protocolo, he tenido conversaciones sinceras con personas de distintas regiones y profesiones. Esas conversaciones, en un café, en una plaza o durante una visita a alguna comunidad, permiten conocer el país de una forma mucho más profunda.
7.- Al despedirse, ¿con qué imagen del Perú se queda y qué historia personal se llevaría consigo para contarla en Rusia?
La imagen que me llevo es la de un país con gran dignidad frente a las pruebas de la historia. Durante mis viajes al departamento de Áncash visité la zona de Yungay. Allí el 31 de mayo de 1970 sucedió el desastre natural más devastador en la historia del Perú. Aquel terremoto provocó la muerte de decenas de miles de personas y sepultó por completo la antigua ciudad de Yungay tras un aluvión que descendió del nevado Huascarán.
En ese lugar se nota el respeto con el que los peruanos conservan la memoria de lo ocurrido. Muchas personas hablaban con gratitud de la ayuda brindada por la Unión Soviética. Me contaban cómo llegaron los especialistas, equipos y casas prefabricadas que permitieron a muchas familias salir adelante en medio de una situación extremadamente dura. Con el paso de los años también surgieron otros proyectos, entre ellos la construcción de instalaciones médicas que sirvieron durante décadas a la población regional. Escuchar esas historias directamente de las personas fue para mí una experiencia profundamente conmovedora. Los gestos de solidaridad entre los pueblos no se olvidan.
Al mismo tiempo, si tuviera que describir otra imagen que me llevo del Perú, hablaría de su dinamismo. Durante los años que tuve el honor de trabajar acá, el país atravesó una vida política intensa, incluyendo la rotación presidencial. Para un diplomático, eso significa adaptarse constantemente, establecer diálogo con diferentes equipos y mantener una relación de confianza con distintos interlocutores. Fue un trabajo exigente, pero también muy interesante y enriquecedor. El Perú es un país donde la vida política se mueve con energía, donde hay un debate público vivo y donde cada etapa trae nuevos desafíos. En resumen, trabajar aquí nunca fue aburrido.
Aprovechando esa ocasión quería nuevamente transmitir mis sentimientos del cariño hacia el Perú y su gente. Espero que nuestras naciones quedarán unidas por los lazos de amistad para siempre.
(*) Premio Mundial de Periodismo “Visión Honesta 2023”




