Informe secreto de la CIA culpa a JFK del fracaso de invasión

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Publicación puso al descubierto una guerra interna al interior de la agencia de espionaje en relación con el culpable de la operación

La desclasificación en 1991 de parte del informe secreto de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sobre la invasión militar a Cuba  en 1961 por una brigada de mercenarios  que se mantuvo en secreto, ha puesto al descubierto la existencia de una guerra interna al interior de la agencia de espionaje estadounidense, en relación con el culpable del fracaso de esta invasión.

Durante más de 30 años, la CIA se resistió a hacer público el volumen V de la investigación, pese a las reiteradas demandas y solicitudes bajo la Ley de Libertad de Información

De acuerdo con David Barrett, profesor de ciencias políticas de la Universidad Villanova, en Pennsylvania, la revelación muestra las desavenencias internas dentro de la CIA, sobre quién tenía la culpa del fracaso de la invasión’ a Playa Girón, ocurrida del 17 al 19 de abril de 1961.

‘En esencia, es una historia importante del informe crítico del inspector general de la CIA, el cual culpó mayormente a la incompetencia de la agencia por el fracaso de Bahía de Cochinos’, aseguró Barrett.

El Volumen fue escrito por Jack B. Pfeiffer, historiador interno de la CIA, y presentado al Centro de Estudio de Inteligencia de la agencia de espionaje estadounidense el 18 de abril de 1984. En el documento, este historiador sugiere que ‘la razón por la cual los documentos fueron mantenidos en secreto fue por el temor de sacar a la luz los trapos sucios de la agencia (CIA), más que por contener cualquier información significativa de seguridad’.

CULPAN A JFK

Pfeiffer responsabiliza del fracaso de la invasión militar a Cuba al gobierno de John F. Kennedy, y plantea además que el informe del inspector general Lyman Kirkpatrick ‘fue un intento disfrazado de culpar del fracaso de la operación contra Cuba al subdirector de planes de la CIA y principal responsable de la Operación Bahía de Cochinos, Richard M. Bissell, y al director en ese entonces de la agencia, Allen Dulles’.

También revela nombres de los principales oficiales de la CIA, encargados de recopilar información para la investigación, entre los que destacan William Gibson Dildine, Robert D. Shea y Robert B. Shaffer. Constan las declaraciones de Richard D. Drain, jefe de operaciones de la invasión, quien criticó severamente la actuación de Shea y Shaffer, y acusó al inspector general Kirkpatrick por intentar sustituir en su puesto a Bisell.

¿Quién es el responsable de la derrota en Playa Girón? En la CIA parecen no ponerse de acuerdo en una discusión que dura ya más de cinco décadas.

Durante la invasión a Playa Girón, fuerzas conjuntas del Ejército Rebelde, la Policía Nacional Revolucionaria y las milicias populares cubanas, con el comandante en jefe Fidel Castro al frente, derrotaron el intento de invasión en apenas 72 horas, dejando a 114 mercenarios muertos en la playa.

El resto de la Brigada 2506, 1.202 hombres, fue detenido. Las negociaciones por su liberación duraron 20 meses: tanto fue el tiempo que los brigadistas pasaron la zozobra de la Crisis de los Misiles como prisioneros.

TRAICIONADOS

Por medio de la gestión personal del hermano del presidente y ministro de Justicia, Robert Kennedy, ante las compañías farmacéuticas y de alimentos, se cumplió el acuerdo con Castro: 53 millones de dólares en compotas y vacunas para niños. El primer contingente de brigadistas liberados llegó a los Estados Unidos el 23 de diciembre de 1962.

Seis días más tarde Kennedy los honró en un acto en el Orange Bowl de Miami. “Les aseguro que esta bandera regresará a la Brigada en una Habana libre”, les dijo al recibir el símbolo que le regalaron. La ilusión no conmovió a los combatientes, que hasta el día de hoy se sienten traicionados por el ex presidente demócrata asesinado en 1963.

 

CONSPIRADORES ENEMIGOS DE FIDEL NUNCA RECIBIERON LA AYUDA LOGÍSTICA QUE ESPERABAN

 El error más grande que facilitó victoria de Fidel Castro

Fidel Castro

En marzo de 1960, Eisenhower comisionó a Allan Douglas, jefe de  la Central de Inteligencia (CIA) la búsqueda de una solución al problema cubano, quién comenzó a desarrollar la “Operación Pluto”. El segundo de Dulles, Ricard Bissell Jr., reclutó a cubanos anticastristas para una invasión, según los documentos desclasificados en 1998

El entrenamiento comenzó en Guatemala y Nicaragua. En esos entrenamientos murió Carlos Rafael Santana Estévez, el combatiente número 2506. Su número dio nombre a la Brigada. Mientras el plan avanzaba, Eisenhower dejaba la Casa Blanca y John Fitzgerald Kennedy lo sucedía.

En la madrugada del 17 de abril de 1961 los 1.400 exiliados cubanos desembarcaron de cuatro buques en Bahía de Cochinos, una zona cenagosa que Castro conocía bastante mejor que ellos de los tiempos de la lucha guerrillera. Debían bajar tanques y municiones, cavar trincheras y establecer contacto con las fuerzas locales que los esperaban.

Quizá el error más grande -según los expertos en el gobierno de Kennedy– sucedió dos días antes del desembarco y selló su suerte. Los ocho bombarderos que debían destruir la flota de aviones de Castro la dejaron casi intacta. Pero constituyeron suficiente aviso de la inminencia de los acontecimientos.

“Si este ataque aéreo fuera preludio de una invasión, el país, en pie de lucha, resistirá y destruirá con mano de hierro cualquier fuerza que intente desembarcar en nuestra tierra”, dijo Castro en un discurso sobre los bombardeos del 15.

NO HUBO AYUDA

Los combates duraron 66 horas. Un nuevo libro, The Brilliant Disaster, de Jim Rasenberger, reproduce los angustiados mensajes de radio de los rebeldes que nunca recibieron la ayuda logística que esperaban, ni siquiera de un task force de la marina ubicado en un buque a pocas millas de la ciénaga donde se hallaban en la bahía.

Sin el factor sorpresa y sin el apoyo de Kennedy, los 1.400 quedaron librados a su suerte. Ni siquiera la geografía estuvo a su favor. Además de los cuatro pilotos, 114 brigadistas perdieron la vida, diez de ellos luego de haberse rendido, mientras los transportaban encerrados en una rastra -un accidente que el gobierno castrista dijo lamentar. También hubo bajas entre los locales: 156 cubanos murieron en la defensa del gobierno revolucionario.