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    Joe Biden: ¿Comunista disfrazado?

    El Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Joe Biden, sorprende al mundo con sus propuestas impositivas tributarias. Primero, imponer por consenso, un impuesto mínimo global a las empresas transnacionales.

    Luego, para su país, duplicar la tasa máxima impositiva sobre las ganancias de capital en inversiones hechas sobre acciones y bienes raíces, entre otras medidas. Por tanto, lo externo en fuerte conectividad con lo interno, permitiría que su economía alce vuelo sobre la peor crisis generada por la pandemia del COVID-19 y sus variantes.

    Entonces, anuncia un plan para incrementar al 43,4 % los impuestos a las rentas más altas para financiar los programas sociales para reactivar su alicaída economía. Hasta aquí, suena profano a los oídos de los fundamentalistas neoliberales y agradables a los oídos de nuestros simples mortales.

    Si eso lo dijera en Perú, un político sincero que quiere revolucionar la imposición tributaria, sería terruqueado y motejado de “comunista”.  Pero como se trata de Joe Biden, debemos hacernos los desentendidos e entristecidamente voltear nuestras miradas sobre el hombro del poco ilustrado.

    No importa, pero suena curioso e interesante escuchar al Director del Departamento de Finanzas Públicas del Fondo Monetario Internacional, Vítor Gaspar, que es una imposición fiscal justa e importante para las arcas públicas: “También por la percepción más amplia de la equidad de los impuestos en las sociedades” (SIC).

    Es decir, materializar como realidad, conceptos como tributación justa e equidad de los impuestos que deben prevalecer en el mundo. Es poca la inteligencia de la derecha bruta y achorada para entender esas cosas.

    Pues bien, frente a este realismo: No importa el color del gato, sino que case ratones; el nuevo Presidente tendrá una tarea muy ardua para reactivar la economía. La desigualdad, la alta informalidad, el desempleo atroz, la inseguridad ciudadana, la deuda externa y tantos otros males, que requerirá de medidas audaces y de alta cirugía.

    Entonces, urge revisar las perversas exoneraciones tributarias, cobrar deudas tributarias de grandes empresas, revisar los beneficios del crédito fiscal, establecer zonas económicas para atraer la inversión directa, reducir sueldos y salarios de la alta burocracia del Estado, combatir sin contemplación la corrupción, reforma tributarias e impuesto plano para las micros, pequeñas y medianas empresas, austeridad, inversión de calidad con efecto multiplicador, incentivar el consumo y fortalecer el mercado interno.

    Pues, sólo así tendremos una historia propia que contar y reconstruir nuestras posiciones fiscales tras la crisis. Eso es poco en relación a las propuestas del F.M.I.

    La economista del F.M.I., Gita Gopinath en su informe señala que el Fondo defiende que el espacio fiscal se puede generar a través de medidas que no solo aumenten los ingresos sino que también mejoren la progresividad, ya sea aumentando los impuestos a las personas más ricas y a las corporaciones altamente rentables que se han visto relativamente menos afectadas por la pandemia, cerrando así las lagunas fiscales internas, reduciendo los gastos tributarios y mejorando la administración de los ingresos. ¿Por qué desoír al F.M.I.?

    (*) Abogado penalista y analista político.

    El Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Joe Biden, sorprende al mundo con sus propuestas impositivas tributarias. Primero, imponer por consenso, un impuesto mínimo global a las empresas transnacionales.

    Luego, para su país, duplicar la tasa máxima impositiva sobre las ganancias de capital en inversiones hechas sobre acciones y bienes raíces, entre otras medidas. Por tanto, lo externo en fuerte conectividad con lo interno, permitiría que su economía alce vuelo sobre la peor crisis generada por la pandemia del COVID-19 y sus variantes.

    Entonces, anuncia un plan para incrementar al 43,4 % los impuestos a las rentas más altas para financiar los programas sociales para reactivar su alicaída economía. Hasta aquí, suena profano a los oídos de los fundamentalistas neoliberales y agradables a los oídos de nuestros simples mortales.

    Si eso lo dijera en Perú, un político sincero que quiere revolucionar la imposición tributaria, sería terruqueado y motejado de “comunista”.  Pero como se trata de Joe Biden, debemos hacernos los desentendidos e entristecidamente voltear nuestras miradas sobre el hombro del poco ilustrado.

    No importa, pero suena curioso e interesante escuchar al Director del Departamento de Finanzas Públicas del Fondo Monetario Internacional, Vítor Gaspar, que es una imposición fiscal justa e importante para las arcas públicas: “También por la percepción más amplia de la equidad de los impuestos en las sociedades” (SIC).

    Es decir, materializar como realidad, conceptos como tributación justa e equidad de los impuestos que deben prevalecer en el mundo. Es poca la inteligencia de la derecha bruta y achorada para entender esas cosas.

    Pues bien, frente a este realismo: No importa el color del gato, sino que case ratones; el nuevo Presidente tendrá una tarea muy ardua para reactivar la economía. La desigualdad, la alta informalidad, el desempleo atroz, la inseguridad ciudadana, la deuda externa y tantos otros males, que requerirá de medidas audaces y de alta cirugía.

    Entonces, urge revisar las perversas exoneraciones tributarias, cobrar deudas tributarias de grandes empresas, revisar los beneficios del crédito fiscal, establecer zonas económicas para atraer la inversión directa, reducir sueldos y salarios de la alta burocracia del Estado, combatir sin contemplación la corrupción, reforma tributarias e impuesto plano para las micros, pequeñas y medianas empresas, austeridad, inversión de calidad con efecto multiplicador, incentivar el consumo y fortalecer el mercado interno.

    Pues, sólo así tendremos una historia propia que contar y reconstruir nuestras posiciones fiscales tras la crisis. Eso es poco en relación a las propuestas del F.M.I.

    La economista del F.M.I., Gita Gopinath en su informe señala que el Fondo defiende que el espacio fiscal se puede generar a través de medidas que no solo aumenten los ingresos sino que también mejoren la progresividad, ya sea aumentando los impuestos a las personas más ricas y a las corporaciones altamente rentables que se han visto relativamente menos afectadas por la pandemia, cerrando así las lagunas fiscales internas, reduciendo los gastos tributarios y mejorando la administración de los ingresos. ¿Por qué desoír al F.M.I.?

    (*) Abogado penalista y analista político.

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