Representante peruano ante consejo general de italianos en el extranjero, Agostino Canepa
Por: Ricardo Sánchez Serra
Hablar con Agostino Canepa es mirar a Italia desde el Perú, con los ojos de la memoria, la identidad y el compromiso. Desde 2023, representa a los italianos residentes en el Perú ante el Consejo General para los Italianos en el Extranjero (CGIE), una institución clave en el vínculo entre la diáspora y el gobierno italiano. Con sentido crítico y vocación comunitaria, reflexiona sobre los retos de la ciudadanía por ius sanguinis, la salvaguarda de la cultura italiana en el país, y la urgente necesidad de preservar espacios educativos históricos. Su testimonio es también un llamado a fortalecer la participación y a cultivar la italianidad desde las raíces, con espíritu intergeneracional.
El CGIE está compuesto por 63 miembros: 20 son designados por el gobierno italiano y 43 son electos en circunscripciones extranjeras con alto número de inscritos en el Registro de los Italianos en el Extranjero (AIRE). En América Latina hay 15 representantes, pero 11 pertenecen únicamente a Argentina y Brasil. “Desde mi primer día en el CGIE me advirtieron que Perú podría perder su representante, para dar paso a otro miembro de Brasil. Esto ya ha sucedido con México, Colombia y Sudáfrica. Es una distribución injusta, que no refleja la diversidad ni el compromiso de países como el nuestro”, afirma.
Canepa ha manifestado su preocupación en las asambleas plenarias, pero se topa con resistencias: “Cada país defiende su posición, especialmente quienes tienen mayoría. Mi propuesta busca modificar la ley institutiva del CGIE, para permitir mayor equidad. No es un reclamo aislado, sino una demanda legítima de representación”.
Durante la Asamblea Plenaria de 2024, se definieron tres ejes clave para este periodo: una revisión de la ley de ciudadanía, asegurar el voto en el exterior y diseñar incentivos para el retorno de descendientes. “Temas trascendentales que requieren consenso y acción. No podemos seguir ignorando los desafíos estructurales que afectan a nuestros compatriotas”.
Uno de los aspectos que Canepa valora del trabajo en el Perú es la creciente cooperación entre instituciones italianas y asociaciones locales. Destaca el liderazgo de los embajadores Giancarlo Curcio y Massimiliano Mazzanti, quienes -junto a los diplomáticos Paolo Tonini y Elisa Polsinelli- han promovido una relación más cercana con la comunidad. “Han logrado unir a la colectividad, involucrándose activamente en nuestras problemáticas y dando respuestas más allá de lo protocolar”.
Esta apertura institucional se ha reflejado también en el funcionamiento del Comites, presidido actualmente por Antonio Simeone, con el apoyo de su tesorera Fiorella Simeone. “Trabajamos con el mismo propósito: preservar y fortalecer nuestros espacios históricos. La comunidad italiana en el Perú necesita instituciones fuertes y coordinadas, que puedan atender sus demandas y darles continuidad”.
Pero no todo ha sido fácil. Canepa lamenta la eliminación del acceso directo que permitía a los ciudadanos italianos inscritos en el AIRE realizar trámites en la embajada sin pasar por el sistema Prenot@mi. “Fue un modelo exitoso, implementado durante el mandato del embajador Curcio y continuado por Mazzanti, pero desactivado por una comisión del Ministerio por razones de homologación. Esto, a pesar de la oposición explícita del embajador, de Tonini, del Comites y de mí mismo”.
Otro reto es la centralización de trámites en Lima, que dificulta el acceso para italianos residentes en provincias. Se propusieron funcionarios itinerantes para atender en regiones con alta concentración de ciudadanos italianos, pero el proyecto no pudo sostenerse por falta de personal consular autorizado. “Seguimos buscando soluciones alternativas que permitan acercar los servicios a quienes más los necesitan”.
Canepa se detiene con especial emoción en el caso del Colegio Santa Margarita del Callao, fundado en 1872, y considerado la primera escuela de lengua italiana en la costa del Pacífico. “Está en riesgo de cerrar por motivos económicos. No podemos permitir que se pierda un símbolo histórico, cultural y educativo. Trabajamos intensamente para rescatarlo”.
La propuesta en marcha busca integrar el colegio a la red educativa gestionada por la Asociación Educacional Antonio Raimondi. “Contamos con el apoyo del embajador Mazzanti, del Comites y de la propia Asociación Raimondi. Si logramos esta sinergia, salvaremos no solo un colegio, sino una parte fundamental de la identidad ítalo-peruana”.
Además de esta institución emblemática, Canepa subraya el rol de entidades como la SIBA (Sociedad Italiana de Beneficencia y Asistencia) y la Italica Gens, que desarrollan una labor clave en el acompañamiento a adultos mayores y connacionales en situación vulnerable. “Estas organizaciones no solo representan tradición, sino una vocación solidaria que debe mantenerse con el respaldo permanente de nuestra embajada”.
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El idioma italiano ocupa un lugar central en la estrategia cultural de la comunidad. “Difundir la lengua es difundir nuestra historia y nuestra idiosincrasia. No se puede amar lo que no se conoce”, afirma. En el Perú, los colegios Antonio Raimondi y Dante Alighieri educan actualmente a 1.733 alumnos, según cifras de la Sociedad Educacional Antonio Raimondi. Se proyecta alcanzar los 2.000 estudiantes en 2026.
En contraste, el Colegio Santa Margarita cuenta con apenas 127 alumnos, reflejo de una crisis que va más allá de lo financiero. Canepa también menciona instituciones educativas como el CLECI (Centro di Lingua e Cultura Italiana) y el Instituto Italiano de Cultura, así como el Instituto Ítalo-Peruano de Arequipa, que mantienen viva la enseñanza del idioma fuera de la capital.
En ese marco, el representante peruano en el CGIE ofrece una reflexión sobre el uso político de la ciudadanía italiana por descendencia. “La ley cambió radicalmente. Ya no es una propuesta, es norma vigente. Pasamos de una legislación generosa a una profundamente restrictiva que castiga a todos por igual, incluso a quienes conservamos la cultura italiana”.
Recuerda que en 2023 el senador Roberto Menia presentó una iniciativa más equilibrada, que fue descartada prematuramenteal interno del CGIE. “Permitía la transmisión de nacionalidad hasta la tercera generación, incluía a ciudadanos con doble nacionalidad, y ofrecía opciones de residencia para quienes eran cuarta generación en adelante. Ahora, solo se reconoce el ius sanguinis hasta la segunda generación y bajo condiciones estrictas.”
Canepa explica que para acceder a la ciudadanía ahora se exige que el progenitor o abuelo tenga exclusivamente la nacionalidad italiana, y si no es así, que haya vivido al menos dos años en Italia antes del nacimiento del descendiente. “No se exige conocimiento del idioma, pero sí dos años de residencia para tener opción. Las restricciones actuales excluyen a miles de personas con vínculos reales con Italia”.
Subraya que estas modificaciones fueron respuesta a casos graves, escándalos en algunos países latinoamericanos,, donde se entregaron pasaportes a ciudadanos sin vínculo real, y en otros países donde se establecieron redes ilegales de comercialización de trámites. “Hubo corrupción, falsificaciones, delitos. La reacción del ministerio era inevitable, pero el resultado ha sido una ley que perjudica también a quienes sí tienen derecho.”
Para Canepa, el acceso a la ciudadanía debe ser un acto serio y respetuoso. “Todo ciudadano debería conocer la lengua del país al que pertenece. En América Latina estamos acostumbrados a reclamar derechos, pero no asumimos deberes. La ciudadanía se volvió una puerta para viajar, no una invitación a reencontrarse con nuestras raíces.”
Considera que se pone en riesgo el respeto internacional hacia la ciudadanía italiana y se amenaza el uso responsable de sus beneficios. “No podemos permitir que por culpa de unos pocos se penalice a millones que sí quieren vivir la italianidad como legado y compromiso.”
Sobre la representatividad política, Canepa sostiene que los italianos en el extranjero están formalmente representados, con 118 Comites en el mundo y 43 miembros electos en el CGIE. No obstante, critica la falta de participación: “Cuando se pidió opinión sobre los temas clave de la plenaria, solo el 10% respondió. Nos lamentamos después, pero no actuamos cuando tenemos la oportunidad.”
Este desinterés también se refleja en la escasa presión previa para modificar la ley de ciudadanía. “El tema era tabú. Ahora todos quieren actuar, pero ya es tarde. Perdimos una ocasión valiosa para hacernos escuchar con argumentos legítimos.”
Durante la pandemia de COVID-19, Canepa recuerda la respuesta rápida del Comites en coordinación con la ACIA (Asociación Clínica Italiana), la embajada y las instituciones de beneficencia. “Creamos una comisión especial para identificar casos de compatriotas en dificultad. Entregamos más de 231 bonos alimentarios entre abril de 2020 y mayo de 2023. Fue una muestra concreta de solidaridad comunitaria.”
Reconoce el trabajo de su antecesor, Gianfranco Sangalli, quien enfrentó la primera etapa de la crisis sanitaria desde el CGIE, y destaca la importancia de mantener redes activas de ayuda mutua, tanto en Lima como en el interior del país. “Durante la pandemia vimos que, con voluntad y coordinación, es posible responder con eficacia a situaciones críticas. Es un ejemplo que debemos recordar para futuras contingencias”, afirma.
Respecto al interés de las nuevas generaciones de descendientes italianos en el Perú, Canepa reconoce que existe una desconexión progresiva. “La inmigración italiana al país fue masiva en los siglos XIX y XX. Muchos de nuestros jóvenes son cuarta o quinta generación, y si no hubo esfuerzo por conservar tradiciones, esos lazos se diluyen inevitablemente.”
Por ello, desde su ingreso al Comites en 2015, impulsó la organización de congresos para jóvenes ítalo-peruanos, con el objetivo de presentarles las asociaciones existentes, sus objetivos y formas de participación. “Queremos que los jóvenes encuentren una afinidad, una causa que los inspire. La italianidad no se hereda pasivamente: se cultiva, se vive, se defiende.”
Antes de finalizar la entrevista, Canepa lanza un mensaje esperanzador pero firme: “La ciudadanía italiana debe vivirse como identidad, no como privilegio. Aprendan el idioma, conozcan la historia, participen en nuestras instituciones. Tenemos una herencia extraordinaria, pero también una responsabilidad. La italianidad no es solo memoria: es acción y compromiso.”
Finalmente, reafirma su compromiso desde el CGIE para defender la representación del Perú, integrar a los comités excluidos de América Latina, y transformar la ley que rige el organismo. “Seguiremos dando batalla con ideas, con argumentos, con voluntad. Porque si algo define a los italianos en el extranjero, es su capacidad de resistir y construir comunidad incluso lejos de casa”.
“Este año fuimos invitados por el presidente de la república Sergio Mattarella a visitarlo en el Quirinale donde se habló de la importancia del CGIE y sobre la necesidad de hacer algunas modificaciones a la nueva ley de ciudadanía”, dijo.
Como corolario de esta entrevista, baste decir que Italia no es sólo una nación: es una civilización eterna que enseñó al mundo a pensar con belleza, a luchar con nobleza y a recordar con honor. Ser italiano es tener por patria el alma misma del arte, del derecho y de la poesía; es caminar con la dignidad de la historia y el deber del espíritu. Quien lleva su sangre no sólo la honra: la cultiva, la defiende y la transforma en legado vivo. Porque Italia no se hereda… se merece.
(*) Premio mundial de periodismo “Visión Honesta 2023”




