La eliminación de la inmunidad parlamentaria

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omar chehade, en la razón
Omar Chehade

Por: Omar Chehade

El año 2011 cuando llegamos por primera vez al Congreso de la República, presenté un proyecto de ley para eliminar la inmunidad parlamentaria de los congresistas, había sido una promesa de campaña, no solo mía, sino del candidato a la presidencia, Ollanta Humala.

Grande fue mi sorpresa al comprobar que solo dos parlamentarios habíamos cumplido con lo prometido; el finado Javier Diez Canseco y yo. Ningún integrante de otra bancada lo había hecho. Estos dos proyectos tenían que aprobarse por el jefe de bancada del Partido Nacionalista y luego convertirse en dictamen aprobado por la Comisión de Constitución del Congreso.

Resulta que, coincidentemente, el jefe de bancada del Partido oficialista también era presidente de la Comisión de Constitución. Inmediatamente pedí conversar con el Jefe de Estado, Ollanta Humala, para que convenciera al personaje que ostentaba esos dos cargos. Nos atendió en su despacho, y mientras trataba de convencerlo que era necesario, porque la inmunidad se había convertido en impunidad parlamentaria, y dejaba mala imagen al Congreso, mi compañero de bancada hacía todo lo contrario, incluso había desanimado a la propia bancada a votar a favor de nuestro proyecto.

Paradójicamente, aquel hombrecillo de metro y medio de estatura, tiempo después fue premiado por Nadine y Ollanta, cuando le otorgaron el tercer año de gestión, la presidencia del Congreso, y al poco tiempo designándolo como ministro de Trabajo y luego de Justicia, por el único mérito de ser obediente a las órdenes de Palacio de gobierno.

Una especie de ventrílocuo de la primera dama, y ayayero de Humala. Nunca olvidaré sus palabras cuando debatíamos la conveniencia de aprobar la eliminación de la inmunidad parlamentaria: “No le vamos a ceder más terreno a los medios de comunicación, ya demasiada carne les hemos entregado a la opinión pública”.

Lo sorprendente fue que Ollanta le hizo caso, a pesar de prometer cosa distinta en campaña. Nuestro proyecto se fue al archivo. Tampoco las demás bancadas eran muy entusiastas en aprobar algo que ellos mismos decían: “Nos iba a perjudicar”.

Han pasado cerca de nueve años de este relato, y sigo pensando que la inmunidad parlamentaria debe ser eliminada, pero ahora con la experiencia de cinco años que tuve de Congresista, pienso que solo debería existir una excepción a la regla de dicha eliminación.

Esto es que solo se aplicaría la inmunidad parlamentaria en los casos de los congresistas que forman la comisión de fiscalización o comisiones ad hoc importantes, que investigan temas de corrupción o altas irregularidades de funcionarios del Estado, como ministros, gobernadores, alcaldes, miembros del Tribunal Constitucional, fiscales, vocales, etc.

Porque, en estos casos, de no tener inmunidad el congresista, sería muy fácil para el investigado interponer cualquier denuncia penal falsa, personal o grupal contra los congresistas y detener la investigación, paralizarla para verse beneficiado el corrupto o el funcionario investigado.

Creo que solo en esos casos debería, y en forma temporal, mantenerse la inmunidad parlamentaria, en todo el resto de casos debería eliminarse.

                                                                (*) ExVicepresidente de la República del Perú.