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    La gran fuga

    Iván Torres La Torre

    A la luz de la gran fuga del ex vocal supremo César Hinostroza Pariachi, hemos podido apreciar cómo el poder ejecutivo y el poder legislativo no dudan en responsabilizarse el uno al otro, o señalar al Ministerio Público como otro de los responsables de este acontecimiento del fugitivo. Sin embargo, la respuesta es fácil para identificar qué entidades del Estado fracasaron en sus mecanismos de control.

    ¿Por qué resulta tan simple identificar a los responsables de esta fuga casi cinematográfica del ex vocal? Pues bien; es simple porque debemos partir de la premisa elemental consistente en que el ex vocal supremo tenía una medida limitativa de su derecho a la libertad denominada “impedimento de salida del país”. En este escenario de cosas, cuando el poder judicial dispone el impedimento de salida de un ciudadano, esta circunstancia se pone a conocimiento de la policía nacional, generando las alertas en todos los sistemas migratorios, fronterizos, aéreos y terrestres; tratándose de un elemento calificado como “cabecilla de una “organización criminal”, también se activan las alertas para los sistemas de inteligencia de la Policía Nacional.

    Si el Congreso se demoró, si la Fiscalía no actuó diligentemente o si el Ejecutivo sabía de la fuga y miró de perfil esta situación, estos actos pueden interpretarse como negligencias colaterales pero que no definen la responsabilidad inmediata de quien ostente el deber de garante del cumplimiento judicial de un impedimento de salida del país. Lamentablemente, fallaron los controles de inteligencia policial, lamentablemente fallaron los controles de la policía de migraciones, pues podemos apreciar que, de otro lado, el Poder Judicial cumplió con dictarle la disposición de impedimento de salida del país, la Fiscalía cumplió con generar los pedidos respectivos al Congreso de la República, imputando hechos delictivos, el Congreso cumplió con acusar constitucionalmente al ex vocal supremo; sin embargo, por malos elementos de la policía de migraciones y por presunta displicencia de los aparatos de inteligencia, ocurrió este hecho bochornoso de la fuga de Hinostroza.

    Finalmente, soy de la opinión que la servidora de migraciones que atendió al ex vocal Hinostroza en la ventanilla de lado peruano no ha actuado sola. Definitivamente, tuvo que haber recibido órdenes de más alto nivel para proceder de la manera que vimos todos, resultando como moraleja para el presidente de la República que la lucha contra la corrupción no necesariamente se enfrenta con un referéndum pues las instituciones se corrompen por el decaimiento moral de su gente, que es un síntoma lamentable que no lo cambiará la bicameralidad ni la reforma del Consejo Nacional de la Magistratura. Por este motivo concluyo sosteniendo que el referéndum se le aplicará el dicho popular de “carrera de caballos, parada de borricos”. Hasta la próxima semana.

    Iván Torres La Torre

    A la luz de la gran fuga del ex vocal supremo César Hinostroza Pariachi, hemos podido apreciar cómo el poder ejecutivo y el poder legislativo no dudan en responsabilizarse el uno al otro, o señalar al Ministerio Público como otro de los responsables de este acontecimiento del fugitivo. Sin embargo, la respuesta es fácil para identificar qué entidades del Estado fracasaron en sus mecanismos de control.

    ¿Por qué resulta tan simple identificar a los responsables de esta fuga casi cinematográfica del ex vocal? Pues bien; es simple porque debemos partir de la premisa elemental consistente en que el ex vocal supremo tenía una medida limitativa de su derecho a la libertad denominada “impedimento de salida del país”. En este escenario de cosas, cuando el poder judicial dispone el impedimento de salida de un ciudadano, esta circunstancia se pone a conocimiento de la policía nacional, generando las alertas en todos los sistemas migratorios, fronterizos, aéreos y terrestres; tratándose de un elemento calificado como “cabecilla de una “organización criminal”, también se activan las alertas para los sistemas de inteligencia de la Policía Nacional.

    Si el Congreso se demoró, si la Fiscalía no actuó diligentemente o si el Ejecutivo sabía de la fuga y miró de perfil esta situación, estos actos pueden interpretarse como negligencias colaterales pero que no definen la responsabilidad inmediata de quien ostente el deber de garante del cumplimiento judicial de un impedimento de salida del país. Lamentablemente, fallaron los controles de inteligencia policial, lamentablemente fallaron los controles de la policía de migraciones, pues podemos apreciar que, de otro lado, el Poder Judicial cumplió con dictarle la disposición de impedimento de salida del país, la Fiscalía cumplió con generar los pedidos respectivos al Congreso de la República, imputando hechos delictivos, el Congreso cumplió con acusar constitucionalmente al ex vocal supremo; sin embargo, por malos elementos de la policía de migraciones y por presunta displicencia de los aparatos de inteligencia, ocurrió este hecho bochornoso de la fuga de Hinostroza.

    Finalmente, soy de la opinión que la servidora de migraciones que atendió al ex vocal Hinostroza en la ventanilla de lado peruano no ha actuado sola. Definitivamente, tuvo que haber recibido órdenes de más alto nivel para proceder de la manera que vimos todos, resultando como moraleja para el presidente de la República que la lucha contra la corrupción no necesariamente se enfrenta con un referéndum pues las instituciones se corrompen por el decaimiento moral de su gente, que es un síntoma lamentable que no lo cambiará la bicameralidad ni la reforma del Consejo Nacional de la Magistratura. Por este motivo concluyo sosteniendo que el referéndum se le aplicará el dicho popular de “carrera de caballos, parada de borricos”. Hasta la próxima semana.

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