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    La incertidumbre política y la gobernabilidad

    Pasan a segunda vuelta: Pedro Castillo y Keiko Fujimori, no obstante ambos personajes generan apasionadas adhesiones y apasionados rechazos. Sin embargo, no todo está dicho porque de por medio, está la gobernabilidad del país.

    El habernos conducido a esta peligrosa situación de ingobernabilidad nos debería llevar a reflexionar sobre el futuro de nuestra Nación. Pues, tendremos un nuevo Parlamento Nacional altamente fraccionado, inculto, con sombras y penumbras sospechosas de corrupción. Pues una vez más, comprobamos que la memoria social es frágil, con poca estima y con votos de migajas.

    Al parecer no hemos aprendido la lección que los escándalos de corrupción han sumido al Estado, la sociedad empresarial y política en una de las más grandes crisis de valores de la historia. No obstante, ante una situación inédita en la política nacional, será la voluntad popular equivocada o no, quien determine su destino para estos estos próximos cinco años de gobierno.

    Hemos señalado que las confrontaciones rabiosas le hacen mucho daño al país y resultan estériles para el propósito de reconstruir una Nación con valores. El despertar de esa conciencia nacional está dolida; y lo está, porque los resultados no fueron, precisamente, los que nos ofrecieron irresponsablemente “las encuestadoras”.

    Confundieron sus deseos con la realidad. Entonces, acusar a uno de terruco y a otra de corrupta, no es algo que nos alegra, porque encienden pasiones cavernarias. Lo ideal hubiera sido que Keiko Fujimori primero responda ante la justicia de graves cargos formulados contra ella y, por su lado, Pedro Castillo aclare su relación aparente con personajes violentistas.

    La cuestión sustancial es amenguar las incertidumbres políticas si queremos asegurar la democracia como un sistema de libertades y tolerancia. Jamás de odios irracionales como las que fomentan la ultraderecha totalitaria y egoísta.

    Dejemos que el elector, culto o no, asuma su responsabilidad de emitir su voto, sea a favor de Pedro Castillo o de Keiko Fujimori. Pero, también dejemos que hagan lo propio, aquellos otros que desean expresar su rechazo a ambos.

    Entonces, votar en blanco o viciar el voto con la esperanza que superando el porcentaje de dos tercios se anulen las elecciones, es una opción válida que no podemos satanizar. El derecho del ciudadano de materializar lo que está establecido en el artículo 184 de la Constitución Política del Estado, es eso: Derecho. Entonces, reflexionemos sobre nuestra situación de grave emergencia sanitaria, económica e inseguridad ciudadana.

    Pues la suerte no puede estar echada, jugando con cartas ajenas la buena fe de los peruanos. Esos políticos y empresarios que gobernaron carecen de autoridad moral para dar lecciones de economía o de buen Gobierno.

    No engañaron con la supuesta prosperidad y las bondades del sistema. Pues, la pandemia desnudó por completo sus falacias. Sólo desarrollaron un país altamente informal, pequeñas islas de prosperidad, mercado interno raquítico, empleo precario y mal pagado, pésima calidad de servicios y todo un sistema corrupto de inmundicia sórdida que marcó de miserias humanas a nuestras principales instituciones.

    (*) Abogado penalista y analista político.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

    Pasan a segunda vuelta: Pedro Castillo y Keiko Fujimori, no obstante ambos personajes generan apasionadas adhesiones y apasionados rechazos. Sin embargo, no todo está dicho porque de por medio, está la gobernabilidad del país.

    El habernos conducido a esta peligrosa situación de ingobernabilidad nos debería llevar a reflexionar sobre el futuro de nuestra Nación. Pues, tendremos un nuevo Parlamento Nacional altamente fraccionado, inculto, con sombras y penumbras sospechosas de corrupción. Pues una vez más, comprobamos que la memoria social es frágil, con poca estima y con votos de migajas.

    Al parecer no hemos aprendido la lección que los escándalos de corrupción han sumido al Estado, la sociedad empresarial y política en una de las más grandes crisis de valores de la historia. No obstante, ante una situación inédita en la política nacional, será la voluntad popular equivocada o no, quien determine su destino para estos estos próximos cinco años de gobierno.

    Hemos señalado que las confrontaciones rabiosas le hacen mucho daño al país y resultan estériles para el propósito de reconstruir una Nación con valores. El despertar de esa conciencia nacional está dolida; y lo está, porque los resultados no fueron, precisamente, los que nos ofrecieron irresponsablemente “las encuestadoras”.

    Confundieron sus deseos con la realidad. Entonces, acusar a uno de terruco y a otra de corrupta, no es algo que nos alegra, porque encienden pasiones cavernarias. Lo ideal hubiera sido que Keiko Fujimori primero responda ante la justicia de graves cargos formulados contra ella y, por su lado, Pedro Castillo aclare su relación aparente con personajes violentistas.

    La cuestión sustancial es amenguar las incertidumbres políticas si queremos asegurar la democracia como un sistema de libertades y tolerancia. Jamás de odios irracionales como las que fomentan la ultraderecha totalitaria y egoísta.

    Dejemos que el elector, culto o no, asuma su responsabilidad de emitir su voto, sea a favor de Pedro Castillo o de Keiko Fujimori. Pero, también dejemos que hagan lo propio, aquellos otros que desean expresar su rechazo a ambos.

    Entonces, votar en blanco o viciar el voto con la esperanza que superando el porcentaje de dos tercios se anulen las elecciones, es una opción válida que no podemos satanizar. El derecho del ciudadano de materializar lo que está establecido en el artículo 184 de la Constitución Política del Estado, es eso: Derecho. Entonces, reflexionemos sobre nuestra situación de grave emergencia sanitaria, económica e inseguridad ciudadana.

    Pues la suerte no puede estar echada, jugando con cartas ajenas la buena fe de los peruanos. Esos políticos y empresarios que gobernaron carecen de autoridad moral para dar lecciones de economía o de buen Gobierno.

    No engañaron con la supuesta prosperidad y las bondades del sistema. Pues, la pandemia desnudó por completo sus falacias. Sólo desarrollaron un país altamente informal, pequeñas islas de prosperidad, mercado interno raquítico, empleo precario y mal pagado, pésima calidad de servicios y todo un sistema corrupto de inmundicia sórdida que marcó de miserias humanas a nuestras principales instituciones.

    (*) Abogado penalista y analista político.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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