La Revolución Industrial versus Minería

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Jorge B. Hugo Álvarez
Jorge B. Hugo Álvarez

Por: Jorge B. Hugo Álvarez
El Presidente de la República anuncia que el proyecto minero Tía María no va. No al menos en su Gobierno y las mafias que gobernaron el país pusieron el grito en el cielo. Entonces,  gestaron toda una campaña perversa anunciando el desastre económico de la Nación. Dijeron lo propio, en relación al proyecto minero Conga.

Pasaron un poco más de diez años y no pasó nada. De manera que, a estos pájaros fruteros de mal agüero sólo les queda esa ponzoña helada para los incautos. No obstante, es peligroso jugar con el tremendismo de sus augurios, considerando la inteligencia más ejercitada y rabiosa de ultras-derechistas peruanos y extranjeros.

En lo racional: Allá donde hay mayor inversión en minería (Apurímac, Cusco, Huancavelica, Cajamarca, etc.) hay  mayores niveles de pobreza. Allá donde hay mayor inversión en industria manufacturera y de servicios tecnológico (Lima, Callao, Trujillo, Ica, etc.), hay menores niveles de pobreza. Realidad prosaica que nos eximen de mayores comentarios. Entonces, por un proyecto minero que no desea cumplir con los estándares y las leyes peruanas, no implica una desgracia para nuestra Nación. Nada más alejado de la realidad. Otro es el camino de la prosperidad.

La minería en Perú es importante y ojalá hubiera mayores inversiones. Eso no significa que debemos tolerar sus prepotencias o incumplimientos a normas internas de una Nación soberana, La minería bien puede ser amigable con la agricultura y el medio ambiente.

Así, lo entiende la inteligencia más selecta de nuestro país: Claudio Nieves del Río, Eduardo Zavala Cancho, Betty S. Huarcaya Ramos, entre otros. Entonces, si queremos superar la desaceleración de nuestra economía la inversión privada debe ser real y, desde luego, la pública también.

Empecemos por fortalecer nuestro mercado interno. Para ello, resulta de vital importancia, sincerar las exoneraciones tributarias, combatir el flagelo de la evasión de impuestos, cobrar las deudas tributarias de las poderosas empresas de nuestro medio, combatir la corrupción empresarial-política, diversificar la producción, entre otras medidas.

La desaceleración de la economía obedece a factores predominantemente externos. Eso pasa por no diversificar nuestra producción y exportaciones con mayor valor agregado. En la última década el PBI del país mostró un comportamiento variable, en parte por la volatilidad de los precios de los metales como el cobre, entre otros factores externos e internos.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China que incidió en el desempeño del sector exportador peruano. Otro elemento perturbador de nuestra economía dependiente lo constituye, el Coronavirus, que hace que paralice la producción China  y  éstos nos compren menos metales. Si produces más, cuál es tu mercado internacional?.

Perú creció como sigue: 2010 (8.45%), 2011 (6.45%), 2012 (5.95%), 2013 (5.83%), 2014 (2.39%), 2015 (3.27%), 2016 (4.04%), 2017 (2.47%) 2018 (4.0%) y 2019 (3.2%) según datos del Banco Mundial (BM). Claro, crecer a tasas de 3.2% del P.B.I. no es alentador, ni deseable.  No haber optado por industrializarnos como Nación diversificando nuestra producción, trae consecuencia como las ya descritas. ¡Viva la revolución industrial!

(*) Abogado penalista- Analista político