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    Malas costumbres electorales

    Por: Juan Sotomayor / A menos de dos semanas para las elecciones congresales extraordinarias, la campaña electoral adquiere su mayor intensidad y, siguiendo una preocupante tradición que nos cuesta mucho abandonar, recién la gran mayoría de peruanos empieza a interesarse por decidir su voto. Son varias las oportunidades en las que se ha demostrado la volatilidad de las preferencias electorales, las cuales varían de la forma más inesperada posible, más aún durante la semana previa al sufragio, en la que se encuentra prohibida la difusión de encuestas (aun cuando éstas, algunas reales y otras totalmente falsas, igual circulan profusamente en internet).

    Es precisamente en estos días, que la intensidad de la campaña también se refleja en la guerra sucia, en la que, en lugar de promover alguna candidatura en particular, algunas personas escondidas en el anonimato o bajo falsas identidades en las redes sociales, se dedican a atacar a quienes según las encuestas gozan de las preferencias del electorado.

    No importa si lo que se dice es verdad o no, el objetivo es desacreditar al rival a cualquier costo. Y son tan intensas estas anticampañas, que de tanto repetir agravios e insultos, terminan por generar la duda precisamente en aquellas personas que suelen informarse y definir su voto en las horas previas a la elección. Una versión moderna de la vieja expresión maquiavélica “miente, miente, que algo queda”.

    Es normal que un candidato que se encuentra liderando las encuestas sea el principal objetivo a vencer en un proceso electoral. Nadie ataca al que no tiene opción. Pero esto debe hacerse sobre la base de argumentos y propuestas sólidas, nunca de cobardes ataques anónimos ni mentiras.

    Espero que la recta final de la campaña electoral se desarrolle con mucha intensidad, como debe ser, pero sin ataques ni bajezas. Si realmente queremos un cambio de actitud en los políticos, éste debe ser sincero y permanente. No podemos decir algo en público y hacer todo lo contrario en silencio, usando trolls que solo se dedican a destruir honras.

    Ya es tiempo de cambiar algunas malas costumbres electorales, que de ser tan repetitivas, nos parecen normales. No a las decisiones de último momento, a las encuestas falsas, a la desinformación ni a la guerra sucia en internet.

    Por: Juan Sotomayor / A menos de dos semanas para las elecciones congresales extraordinarias, la campaña electoral adquiere su mayor intensidad y, siguiendo una preocupante tradición que nos cuesta mucho abandonar, recién la gran mayoría de peruanos empieza a interesarse por decidir su voto. Son varias las oportunidades en las que se ha demostrado la volatilidad de las preferencias electorales, las cuales varían de la forma más inesperada posible, más aún durante la semana previa al sufragio, en la que se encuentra prohibida la difusión de encuestas (aun cuando éstas, algunas reales y otras totalmente falsas, igual circulan profusamente en internet).

    Es precisamente en estos días, que la intensidad de la campaña también se refleja en la guerra sucia, en la que, en lugar de promover alguna candidatura en particular, algunas personas escondidas en el anonimato o bajo falsas identidades en las redes sociales, se dedican a atacar a quienes según las encuestas gozan de las preferencias del electorado.

    No importa si lo que se dice es verdad o no, el objetivo es desacreditar al rival a cualquier costo. Y son tan intensas estas anticampañas, que de tanto repetir agravios e insultos, terminan por generar la duda precisamente en aquellas personas que suelen informarse y definir su voto en las horas previas a la elección. Una versión moderna de la vieja expresión maquiavélica “miente, miente, que algo queda”.

    Es normal que un candidato que se encuentra liderando las encuestas sea el principal objetivo a vencer en un proceso electoral. Nadie ataca al que no tiene opción. Pero esto debe hacerse sobre la base de argumentos y propuestas sólidas, nunca de cobardes ataques anónimos ni mentiras.

    Espero que la recta final de la campaña electoral se desarrolle con mucha intensidad, como debe ser, pero sin ataques ni bajezas. Si realmente queremos un cambio de actitud en los políticos, éste debe ser sincero y permanente. No podemos decir algo en público y hacer todo lo contrario en silencio, usando trolls que solo se dedican a destruir honras.

    Ya es tiempo de cambiar algunas malas costumbres electorales, que de ser tan repetitivas, nos parecen normales. No a las decisiones de último momento, a las encuestas falsas, a la desinformación ni a la guerra sucia en internet.

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