Conferencia reveló la riqueza de sus conocimientos, cosmovisiones y tradiciones vivas
Por Ricardo Sánchez Serra
La historia de América no desapareció con la conquista. Sus grandes civilizaciones continúan presentes en sus pueblos, lenguas, tradiciones y memoria. Esa fue una de las principales conclusiones de la conferencia “Lazos culturales entre Perú y Centroamérica: Mayas e Incas”, organizada por la Embajada de Guatemala en el Perú en el Centro Cultural El Olivar, en San Isidro.
El encuentro permitió conocer, de manera amena y didáctica, la grandeza de la civilización maya y sus sorprendentes coincidencias con el mundo andino.
La jornada comenzó con unas palabras de bienvenida, en las que se destacó la importancia de generar espacios para conocer otros pueblos, sus raíces y los vínculos históricos que unen a los latinoamericanos.
Luego intervino María Eugenia Álvarez Ruiz, agregada cultural de la Embajada de Guatemala, en representación del embajador Herbert Meneses Coronado, quien se encontraba en una comisión oficial fuera de Lima. Transmitió sus saludos y agradeció la presencia del Cuerpo Diplomático, funcionarios peruanos y público asistente, así como a las autoridades y al equipo del Centro Cultural El Olivar por facilitar el espacio.

Figueroa: “Los mayas entendieron el tiempo no como un fin, sino como ciclos que se renuevan y nos conectan con la naturaleza.”
DIVERSIDAD
Antes de la conferencia principal se presentó un video pedagógico sobre Guatemala, que mostró su geografía, biodiversidad, volcanes, lagos, ríos, costas y riqueza cultural. El material destacó asimismo la diversidad lingüística del país, sus pueblos indígenas y algunos de sus principales tesoros patrimoniales, como Tikal, Quiriguá, Tak’alik Ab’aj y Antigua Guatemala.
Fue una introducción visual a un país donde la herencia maya no pertenece únicamente al pasado, sino que continúa formando parte de la vida cotidiana.
La exposición principal estuvo a cargo de la Dra. Claudia Figueroa, investigadora de temas históricos, culturales y literarios y columnista internacional, quien condujo al público por el fascinante universo maya.
Explicó que la civilización se extendió por Guatemala, Belice, buena parte de México, el occidente de Honduras y sectores de El Salvador, y que sus habitantes pertenecían a distintos pueblos, entre ellos k’iche’, kaqchikel, tz’utujil, mam, poqomam y poqomchí.
CIENTÍFICOS
Uno de los aspectos más interesantes fue conocer la importancia que los mayas otorgaron al tiempo. Sus calendarios estaban estrechamente vinculados con la astronomía, la agricultura, los rituales y la vida social.
Figueroa recordó también la controversia generada por el 21 de diciembre de 2012. Lejos de representar el fin del mundo, explicó, aquella fecha fue entendida dentro de la concepción maya como el cierre de un ciclo y el inicio de otro.
Astronomía, matemática, agricultura, arquitectura y escritura fueron algunos de los campos en los que destacó esta civilización. Especial atención mereció el cero, representado mediante una figura semejante a un caracol, concepto matemático de enorme importancia para la evolución de los sistemas numéricos.
La escritura jeroglífica quedó plasmada en estelas y monumentos, pero la memoria también sobrevivió a través de la tradición oral, transmitida por los ancianos de generación en generación.
NATURALEZA
Otro eje de la conferencia fue la cosmovisión maya. Para esta cultura, explicó Figueroa, el ser humano no estaba separado de la naturaleza, sino que formaba parte de ella.
El equilibrio entre la persona, la comunidad, la agricultura, el territorio y el universo constituía un principio fundamental. Incluso la educación tenía una dimensión personalizada, relacionada con la fecha de nacimiento y los ciclos del calendario.
El conocimiento no era entendido simplemente como acumulación de información, sino como una herramienta para formar conciencia, responsabilidad colectiva y conexión con el entorno.
En este contexto apareció el Popol Vuh, uno de los grandes testimonios de la tradición maya, con los relatos de Hunahpú e Ixbalanqué, su viaje a Xibalbá y la creación del ser humano a partir del maíz.
También se mencionó el Chilam Balam, otro importante conjunto de textos de la tradición maya.
MAYAS E INCAS
Figueroa estableció después las diferencias y coincidencias entre ambas civilizaciones.
Los incas construyeron un gran imperio, mientras que el mundo maya estuvo conformado por numerosas ciudades-Estado, con sus propias estructuras de gobierno y jerarquías. Sin embargo, ambos desarrollaron importantes conocimientos agrícolas, astronómicos y matemáticos, concedieron gran valor a la comunidad y mantuvieron una profunda relación con la naturaleza y el territorio.
El maíz apareció como otro elemento de conexión entre Mesoamérica y los Andes, al convertirse en uno de los productos fundamentales de ambas civilizaciones.
La conferencista subrayó además que ni la cultura maya ni la andina pueden considerarse simplemente parte de un pasado remoto. Sus pueblos continúan vivos. En Guatemala, la herencia maya permanece en las lenguas, tradiciones y comunidades; en el Perú, la riqueza indígena comprende no solamente la herencia inca, sino también las de numerosas culturas y pueblos.
La actividad organizada por la Embajada de Guatemala terminó dejando un mensaje que trasciende la historia: las civilizaciones sobreviven cuando sus pueblos conservan la palabra, la memoria y el orgullo de sus raíces.
Y en ese sentido, el encuentro entre mayas e incas fue también un encuentro entre dos memorias americanas que, separadas por la geografía, encontraron en Lima un espacio común para reconocerse.



