More

    Misteriosa muerte del general polaco que se oponía a reparto de Europa

    Su avión cayó al mar luego de despegar del aeropuerto de Gibraltar y se atribuyó a una falla humana

    En el año 29009, las autoridades polacas tomaron la decisión de exhumar los restos del general Wladyslaw Sikorski, jefe de las Fuerzas Armadas de Polonia y primer ministro en el exilio durante la Segunda Guerra Mundial, con el fin de resolver uno de los últimos misterios de esa contienda, sin que se haya resuelto si hubo o no mano extraña en la ocurrencia de la tragedia.

    El militar polaco había tomado sobre sus hombros la representación de su país en el exilio y había asumido el mando de las tropas polacas que lucharían junto a los Aliados, con el objetivo de regresar algún día a una Polonia liberada.

    Su muerte en accidente de aviación está envuelta en la polémica. El 4 de julio de 1943, su avión, un B-24 Liberator, sufrió un accidente cuando trataba de despegar del aeropuerto de Gibraltar.

    Allí había hecho escala procedente de El Cairo, después de visitar a las tropas polacas destinadas en Oriente Medio. El aeroplano, con 17 pasajeros, tomó altura con normalidad, pero de repente se precipitó al mar. Sólo se pudieron recuperar tres cuerpos, entre ellos el de Sikorski.

    INFORMES DECLARADOS “SECRETO”

    La Fuerza Aérea británica, la RAF, envió una comisión investigadora a Gibraltar para establecer las causas del accidente. Después de entrevistar a los testigos, se elaboró un informe en el que se responsabilizó del accidente a una falla humana del piloto, descartando un sabotaje.

    De todos modos, eran numerosos los puntos oscuros, como la identidad de algunos de los pasajeros, de los que no se consiguió saber su nombre. Además, de los restos del Liberator enviados a Inglaterra para su análisis tampoco se volvió a saber nada, ni tan siquiera es seguro que llegasen a las islas británicas, lo que hizo imposible confirmar las conclusiones de los expertos de la RAF.

    El hecho de que todavía hoy esos informes continúan clasificados como alto secreto no ha ayudado a descubrir lo que sucedió realmente.

    ERA UN OBSTÁCULO

    La muerte del general Sikorski no sería objeto de mayor trascendencia si no fuera porque los más beneficiados por su desaparición eran precisamente los aliados de su gobierno. Esta paradoja se explica porque tanto británicos como soviéticos consideraban a Sikorski un obstáculo en sus relaciones.

    Sikorski, presionado por Gran Bretaña, aceptó firmar una declaración de amistad y colaboración con la Unión Soviética; a cambio conseguiría la liberación de los soldados polacos prisioneros de los rusos. Pero el descubrimiento por parte de los alemanes de la matanza de oficiales polacos en Katyn a manos de los rusos hizo tambalear la alianza entre éstos y los británicos.

    ENEMISTAD RUSA

    El general Sikorski no se conformó con la versión aceptada por Londres de que los polacos habían sido asesinados por los alemanes y este deseo de conocer la verdad le ganó la antipatía de las autoridades británicas, además del odio de las soviéticas, que habían creado un gobierno títere en el exilio radicado con sede en Moscú.

    El general Sikorski se reunió con el primer ministro británico, Winston Churchill, para intentar recabar su apoyo en el contencioso que mantenía con Moscú. El polaco le manifestó que las evidencias encontradas apuntaban, irrefutablemente, a los soviéticos como los culpables de ese horrendo crimen. No obstante, el pragmático Churchill le manifestó que lo mejor que podía hacer era olvidar ese episodio y pasar página, en vista de que nada le devolvería la vida a los oficiales asesinados.

    Pero Sikorski no se dio por vencido y continuó luchando por descubrir la verdad, convirtiéndose en una figura muy incómoda para los Aliados, hasta que llegó el oportuno accidente mortal.

    La realidad es que, a partir de la muerte de Sikorski, la relación entre los aliados occidentales y la Unión Soviética fue más fluida, evitando así que peligrase la alianza entre las potencias que luchaban contra la Alemania nazi.

    Si su desaparición fue debido a un providencial accidente o, por el contrario, forzada por la acción de los servicios secretos británicos o soviéticos, es algo que la exhumación de su cadáver no pudo ayudar a resolver.

    VÍSPERAS DE SU MUERTE

    Dos meses antes de su muerte, más precisamente el día 24 de mayo de 1943 decidió acudir a inspeccionar las fuerzas polacas que combatían en Oriente Medio al mando del general Władysław Anders, acompañado por su hija; su jefe del Estado Mayor, mayor general Tadeusz Klimecki; su jefe de operaciones, coronel Andrezej Marecki; su ayudante naval; su secretario personal y el oficial de enlace británico Victor Cazalet.

    El Liberator en el que viajaban iba pilotado por el teniente checo Edward Prchal. Tras seis semanas en Oriente Medio, a petición del propio Sikorski, el viaje se realizó con el mismo avión y con el mismo piloto. En el último momento y antes de despegar, a las cinco de la mañana del sábado 3 de julio, surgieron tres pasajeros, aparte de los seis polacos y el enlace británico: el brigadier J.P. Whiteley, parlamentario inglés, y dos civiles, Walter H. Lock y el «señor Pinder», de identidad real desconocida aunque probablemente se tratara de agentes del Servicio Secreto Británico.

    El avión llegó a Gibraltar para realizar una escala técnica a las seis de la tarde del mismo día. El general fue recibido por el gobernador Noel Manson-Macfarlane y el oficial de enlace polaco Ludwik Lubienski. A la mañana siguiente llegó al peñón el embajador soviético en Londres, Iván Maiski, a quien no se le comunicó la presencia de las autoridades polacas para no crear un incidente diplomático.

    Esa misma mañana, el soviético Maisky siguió viaje a Argel y días después del accidente, acusó veladamente al gobierno británico. Al día siguiente, Sikorski mantuvo reuniones de estado y recibió correos de Polonia (uno de ellos, Gralenski, le ofreció llevarle a Londres en su avión). A las 10 de la noche, junto con el gobernador se dirigió al aeropuerto para embarcar en el Liberator.16​

    ¿ACCIDENTE O ATENTADO?

    El avión recorrió los 1,650 metros de la pista con los 17 ocupantes a bordo y se elevó a 690 metros de altura. Cuando todo parecía ir bien, el avión picó de forma brusca y el piloto apenas pudo parar los motores antes de que el avión se estrellase en el mar.

    Desde la lancha de salvamento que se envió inmediatamente después del impacto, se lograron rescatar tres cuerpos; dos de ellos eran los cadáveres del general Sikorski y su jefe del Estado Mayor, Klimecki. El tercero era el del piloto Prchal, que aun seguía vivo, por lo que fue trasladado al hospital y donde conseguiría recuperarse.

    En días sucesivos, lograron encontrar el resto de cuerpos, menos los de Sofia Sikorski, el del segundo piloto y el del «señor Pinder».

    A partir de este punto, las primeras voces acerca de «casualidades», surgieron del embajador Maisky y de Joseph Goebbels, quien declaró: «Al igual que en el caso del almirante Darlan, Sikorski ha sido asesinado por el Servicio Secreto británico, que no tolera que haya personalidades independientes que puedan entorpecer la política de Winston Churchill».

    HIPÓTESIS DE SABOTAJE

    La hipótesis del sabotaje fue descartada, ya que el 7 de julio la Comisión de Investigación de la RAF, se entrevistó con 28 testigos, incluyendo a Prchal. Todos declararon que se debió a un fallo del piloto. Los restos del Liberator fueron custodiados por comandos especiales y centinelas de la RAF.

    Hay un punto discordante, en el que los testigos recuerdan que Prchal no llevaba el chaleco salvavidas, según su costumbre y al parecer, cuando fue recogido por la lancha de salvamento, era el único que lo llevaba.​

    En el año 1964, el escritor Rolf Hochhuth recibió la visita de un individuo que se identificó como miembro de los Servicios Secretos británicos y jefe del equipo que saboteó el avión de Sikorski. Le ofreció diversas pruebas y le pidió que no revelase su identidad hasta su muerte. El mismo autor, escribiría la obra de teatro Los soldados, en la que Churchill aparece como responsable de la muerte de Sikorski. Esto creó un gran revuelo en Inglaterra.

    Todos los cuerpos hallados recibieron sepultura en diferentes lugares. Curiosamente, el otro civil, Walter Lock, desapareció sin dejar rastro. Ni este, ni el «señor Pinder», figuran en el Registro Oficial de Defunciones de Gibraltar. Los restos del Liberator, que se enviaron a Inglaterra para su estudio, nunca llegaron a su destino.​

    Sikorski era jefe del gobierno polaco en el exilio

    Curiosamente, 4 meses después se reunían en Teheran por primera vez los tres lideres de las potencias aliadas, Churchill, Roosevelt y Stalin.

    Una de las mayores concesiones que hicieron los lideres occidentales a su aliado ruso en esta conferencia fue sobre el tema polaco. Se acordó que tras la guerra, una parte del territorio oriental de Polonia sería adherido a la URSS, así como la limitación de las fronteras polacas con respecto a Alemania a lo largo de los ríos Oder y Neisse y la linea Curzon

    Es evidente que la oposición del gobierno polaco en el exilio con Sikorski vivo hubiera sido un mayor estorbo, posiblemente insalvable, que los aliados, particularmente Inglaterra quiso evitar y lo logro.

    Su avión cayó al mar luego de despegar del aeropuerto de Gibraltar y se atribuyó a una falla humana

    En el año 29009, las autoridades polacas tomaron la decisión de exhumar los restos del general Wladyslaw Sikorski, jefe de las Fuerzas Armadas de Polonia y primer ministro en el exilio durante la Segunda Guerra Mundial, con el fin de resolver uno de los últimos misterios de esa contienda, sin que se haya resuelto si hubo o no mano extraña en la ocurrencia de la tragedia.

    El militar polaco había tomado sobre sus hombros la representación de su país en el exilio y había asumido el mando de las tropas polacas que lucharían junto a los Aliados, con el objetivo de regresar algún día a una Polonia liberada.

    Su muerte en accidente de aviación está envuelta en la polémica. El 4 de julio de 1943, su avión, un B-24 Liberator, sufrió un accidente cuando trataba de despegar del aeropuerto de Gibraltar.

    Allí había hecho escala procedente de El Cairo, después de visitar a las tropas polacas destinadas en Oriente Medio. El aeroplano, con 17 pasajeros, tomó altura con normalidad, pero de repente se precipitó al mar. Sólo se pudieron recuperar tres cuerpos, entre ellos el de Sikorski.

    INFORMES DECLARADOS “SECRETO”

    La Fuerza Aérea británica, la RAF, envió una comisión investigadora a Gibraltar para establecer las causas del accidente. Después de entrevistar a los testigos, se elaboró un informe en el que se responsabilizó del accidente a una falla humana del piloto, descartando un sabotaje.

    De todos modos, eran numerosos los puntos oscuros, como la identidad de algunos de los pasajeros, de los que no se consiguió saber su nombre. Además, de los restos del Liberator enviados a Inglaterra para su análisis tampoco se volvió a saber nada, ni tan siquiera es seguro que llegasen a las islas británicas, lo que hizo imposible confirmar las conclusiones de los expertos de la RAF.

    El hecho de que todavía hoy esos informes continúan clasificados como alto secreto no ha ayudado a descubrir lo que sucedió realmente.

    ERA UN OBSTÁCULO

    La muerte del general Sikorski no sería objeto de mayor trascendencia si no fuera porque los más beneficiados por su desaparición eran precisamente los aliados de su gobierno. Esta paradoja se explica porque tanto británicos como soviéticos consideraban a Sikorski un obstáculo en sus relaciones.

    Sikorski, presionado por Gran Bretaña, aceptó firmar una declaración de amistad y colaboración con la Unión Soviética; a cambio conseguiría la liberación de los soldados polacos prisioneros de los rusos. Pero el descubrimiento por parte de los alemanes de la matanza de oficiales polacos en Katyn a manos de los rusos hizo tambalear la alianza entre éstos y los británicos.

    ENEMISTAD RUSA

    El general Sikorski no se conformó con la versión aceptada por Londres de que los polacos habían sido asesinados por los alemanes y este deseo de conocer la verdad le ganó la antipatía de las autoridades británicas, además del odio de las soviéticas, que habían creado un gobierno títere en el exilio radicado con sede en Moscú.

    El general Sikorski se reunió con el primer ministro británico, Winston Churchill, para intentar recabar su apoyo en el contencioso que mantenía con Moscú. El polaco le manifestó que las evidencias encontradas apuntaban, irrefutablemente, a los soviéticos como los culpables de ese horrendo crimen. No obstante, el pragmático Churchill le manifestó que lo mejor que podía hacer era olvidar ese episodio y pasar página, en vista de que nada le devolvería la vida a los oficiales asesinados.

    Pero Sikorski no se dio por vencido y continuó luchando por descubrir la verdad, convirtiéndose en una figura muy incómoda para los Aliados, hasta que llegó el oportuno accidente mortal.

    La realidad es que, a partir de la muerte de Sikorski, la relación entre los aliados occidentales y la Unión Soviética fue más fluida, evitando así que peligrase la alianza entre las potencias que luchaban contra la Alemania nazi.

    Si su desaparición fue debido a un providencial accidente o, por el contrario, forzada por la acción de los servicios secretos británicos o soviéticos, es algo que la exhumación de su cadáver no pudo ayudar a resolver.

    VÍSPERAS DE SU MUERTE

    Dos meses antes de su muerte, más precisamente el día 24 de mayo de 1943 decidió acudir a inspeccionar las fuerzas polacas que combatían en Oriente Medio al mando del general Władysław Anders, acompañado por su hija; su jefe del Estado Mayor, mayor general Tadeusz Klimecki; su jefe de operaciones, coronel Andrezej Marecki; su ayudante naval; su secretario personal y el oficial de enlace británico Victor Cazalet.

    El Liberator en el que viajaban iba pilotado por el teniente checo Edward Prchal. Tras seis semanas en Oriente Medio, a petición del propio Sikorski, el viaje se realizó con el mismo avión y con el mismo piloto. En el último momento y antes de despegar, a las cinco de la mañana del sábado 3 de julio, surgieron tres pasajeros, aparte de los seis polacos y el enlace británico: el brigadier J.P. Whiteley, parlamentario inglés, y dos civiles, Walter H. Lock y el «señor Pinder», de identidad real desconocida aunque probablemente se tratara de agentes del Servicio Secreto Británico.

    El avión llegó a Gibraltar para realizar una escala técnica a las seis de la tarde del mismo día. El general fue recibido por el gobernador Noel Manson-Macfarlane y el oficial de enlace polaco Ludwik Lubienski. A la mañana siguiente llegó al peñón el embajador soviético en Londres, Iván Maiski, a quien no se le comunicó la presencia de las autoridades polacas para no crear un incidente diplomático.

    Esa misma mañana, el soviético Maisky siguió viaje a Argel y días después del accidente, acusó veladamente al gobierno británico. Al día siguiente, Sikorski mantuvo reuniones de estado y recibió correos de Polonia (uno de ellos, Gralenski, le ofreció llevarle a Londres en su avión). A las 10 de la noche, junto con el gobernador se dirigió al aeropuerto para embarcar en el Liberator.16​

    ¿ACCIDENTE O ATENTADO?

    El avión recorrió los 1,650 metros de la pista con los 17 ocupantes a bordo y se elevó a 690 metros de altura. Cuando todo parecía ir bien, el avión picó de forma brusca y el piloto apenas pudo parar los motores antes de que el avión se estrellase en el mar.

    Desde la lancha de salvamento que se envió inmediatamente después del impacto, se lograron rescatar tres cuerpos; dos de ellos eran los cadáveres del general Sikorski y su jefe del Estado Mayor, Klimecki. El tercero era el del piloto Prchal, que aun seguía vivo, por lo que fue trasladado al hospital y donde conseguiría recuperarse.

    En días sucesivos, lograron encontrar el resto de cuerpos, menos los de Sofia Sikorski, el del segundo piloto y el del «señor Pinder».

    A partir de este punto, las primeras voces acerca de «casualidades», surgieron del embajador Maisky y de Joseph Goebbels, quien declaró: «Al igual que en el caso del almirante Darlan, Sikorski ha sido asesinado por el Servicio Secreto británico, que no tolera que haya personalidades independientes que puedan entorpecer la política de Winston Churchill».

    HIPÓTESIS DE SABOTAJE

    La hipótesis del sabotaje fue descartada, ya que el 7 de julio la Comisión de Investigación de la RAF, se entrevistó con 28 testigos, incluyendo a Prchal. Todos declararon que se debió a un fallo del piloto. Los restos del Liberator fueron custodiados por comandos especiales y centinelas de la RAF.

    Hay un punto discordante, en el que los testigos recuerdan que Prchal no llevaba el chaleco salvavidas, según su costumbre y al parecer, cuando fue recogido por la lancha de salvamento, era el único que lo llevaba.​

    En el año 1964, el escritor Rolf Hochhuth recibió la visita de un individuo que se identificó como miembro de los Servicios Secretos británicos y jefe del equipo que saboteó el avión de Sikorski. Le ofreció diversas pruebas y le pidió que no revelase su identidad hasta su muerte. El mismo autor, escribiría la obra de teatro Los soldados, en la que Churchill aparece como responsable de la muerte de Sikorski. Esto creó un gran revuelo en Inglaterra.

    Todos los cuerpos hallados recibieron sepultura en diferentes lugares. Curiosamente, el otro civil, Walter Lock, desapareció sin dejar rastro. Ni este, ni el «señor Pinder», figuran en el Registro Oficial de Defunciones de Gibraltar. Los restos del Liberator, que se enviaron a Inglaterra para su estudio, nunca llegaron a su destino.​

    Sikorski era jefe del gobierno polaco en el exilio

    Curiosamente, 4 meses después se reunían en Teheran por primera vez los tres lideres de las potencias aliadas, Churchill, Roosevelt y Stalin.

    Una de las mayores concesiones que hicieron los lideres occidentales a su aliado ruso en esta conferencia fue sobre el tema polaco. Se acordó que tras la guerra, una parte del territorio oriental de Polonia sería adherido a la URSS, así como la limitación de las fronteras polacas con respecto a Alemania a lo largo de los ríos Oder y Neisse y la linea Curzon

    Es evidente que la oposición del gobierno polaco en el exilio con Sikorski vivo hubiera sido un mayor estorbo, posiblemente insalvable, que los aliados, particularmente Inglaterra quiso evitar y lo logro.

    Más recientes