El rey Mohammed VI presidió este viernes, 9 de octubre, la apertura de la primera sesión del primer año legislativo de la 12.ª Legislatura del Parlamento marroquí con un discurso que vinculó las prioridades del desarrollo nacional con la defensa de una cooperación internacional equilibrada. Así, y desde una perspectiva centrada en los intereses y las responsabilidades de Marruecos, el soberano destacó los avances alcanzados por el Reino, reconoció los desafíos pendientes y anunció una visión estratégica para renovar la cooperación migratoria con sus socios, particularmente europeos.
El mensaje real estuvo marcado por una exigencia de lucidez, esto es, valorar los resultados obtenidos sin caer en la autosatisfacción y abordar las dificultades sin perder de vista las capacidades del país. En ese marco, Mohammed VI presentó los logros políticos, diplomáticos, económicos y sociales como una base para asumir nuevas responsabilidades, no como un punto de llegada. El orgullo nacional quedó así asociado al compromiso colectivo y a la necesidad de traducir la confianza en acciones concretas al servicio del desarrollo de Marruecos.
En el ámbito exterior, el monarca reafirmó la condición del Reino como socio fiable y responsable, comprometido con sus obligaciones internacionales. Al mismo tiempo, recordó que la cooperación requiere reciprocidad. Esta correspondencia entre compromisos asumidos y responsabilidades compartidas constituye el fundamento del mensaje dirigido a los socios de Marruecos en el sentido de que una asociación duradera debe reconocer los esfuerzos de cada parte y permitir que las dificultades se resuelvan mediante instrumentos adecuados a la realidad.
Precisamente desde esa posición, el rey marroquí abordó la cuestión migratoria con un diagnóstico explícito sobre los límites del modelo vigente, subrayando que, pese a que el enfoque marroquí ha permitido alcanzar resultados tangibles, las crisis recurrentes continúan mostrando todavía la necesidad de revisar los mecanismos actuales de cooperación. En este marco, Mohammed VI llamó la atención sobre los obstáculos que dificultan la repatriación de menores y de personas que usurpan el estatuto de refugiado, atribuyendo parte de esos bloqueos a disposiciones legales obsoletas y a decisiones judiciales alejadas de la realidad, y advirtiendo de que tales disfunciones no hacen más que favorecer la actividad de las redes criminales.
Ante este escenario, Marruecos no se limita a identificar los problemas. El soberano anunció que el país presentará a sus socios un documento de visión estratégica, concebido desde un enfoque claro y pragmático, con tres orientaciones centrales: el codesarrollo, la competitividad económica y la estabilidad regional. Esta iniciativa de Mohammed VI expresa la voluntad de Rabat de contribuir a la definición de las soluciones y de situar la migración dentro de una agenda más amplia y equilibrada de cooperación norte/sur.
En la relación con Europa, este planteamiento otorga a Marruecos un papel propositivo. En efecto, el Reino se presenta como un interlocutor que aporta una visión propia y busca construir respuestas junto a sus socios, en lugar de limitarse a gestionar las consecuencias de las crisis. Se trata, pues, de una iniciativa inédita ya que, Europa, tradicionalmente acostumbrada a ser la impulsora neta de ideas y propuestas dirigidas hacia el Sur, hoy es Marruecos quien toma la iniciativa y presenta un documento, una visión y un método, reafirmando así su condición de socio responsable y fiable. Por consiguiente, la iniciativa anunciada puede leerse como una afirmación de la capacidad marroquí para participar en la definición de las prioridades comunes entre las dos orillas del Mediterráneo.
De igual modo, el monarca subrayó que esa asociación no puede quedar sometida a presiones, amenazas o prácticas de chantaje. Frente a las declaraciones irresponsables y a la instrumentalización política y mediática de la cuestión migratoria señaladas en el discurso, Mohammed VI reafirmó la autonomía de la decisión marroquí. Por lo que el mensaje estableció así una distinción entre la voluntad de consolidar la cooperación con España y el rechazo de cualquier intento de condicionar esa cooperación mediante una lógica coercitiva.
Por otro lado, Mohammed VI puso énfasis en las prioridades internas expuestas ante el Parlamento llamando a convertir el nuevo periodo legislativo y gubernamental en un impulso para la transformación económica del país, preservando el equilibrio entre crecimiento y equidad social y territorial. También insistió en acelerar las infraestructuras y las estrategias vinculadas al agua, la energía, la seguridad alimentaria, la industria, la economía digital y la inteligencia artificial, junto con el fortalecimiento de las reservas estratégicas y el abastecimiento de productos básicos.
Asimismo, en el ámbito territorial, sostuvo que el verdadero desafío de la próxima etapa consiste en el trabajo sobre el terreno, identificando las necesidades concretas de cada región, formulando respuestas viables y superando los retrasos en la transferencia de competencias y recursos hacia las provincias y regiones. La eficacia institucional aparece, así como una condición para convertir las orientaciones nacionales en mejoras perceptibles para los ciudadanos.
Como colofón de su discurso, el rey marroquí, al recordar a los parlamentarios que su mandato representa un compromiso político y un contrato moral con la ciudadanía, vinculó la nueva etapa legislativa con una exigencia de resultados. En ese conjunto, la propuesta migratoria y la reafirmación de la asociación soberana con España expresan una misma orientación, la de un Marruecos que cumple sus compromisos, reconoce los desafíos y participa activamente en la construcción de las respuestas, desde la defensa de sus intereses nacionales y la voluntad de contribuir al desarrollo compartido y a la estabilidad regional.



