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El diario de todos los peruanos
Opinión

Canicho

12 Jun. 2017

Canicho
Antero Flores-Araoz

Por: Antero Flores-Araoz

La sabiduría popular, además de certera, pues se basa en la observación de la realidad y la experiencia, es ocurrente y hasta diría que graciosa, satirizando muchas veces las diversas situaciones y a sus personajes.
Por ejemplo fue imaginativa la expresión de “canicho”, llamando así a cualquier persona a la que se le asigna no tener ningún tipo de antecedentes, ni bueno ni malo. La explicación de “canicho” en el lenguaje popular es la persona que del vientre de su madre pasa al “nicho” (la sepultura en expresión coloquial)
Parecería ser que en la administración del Estado, así como también en el Parlamento, sin olvidar a cierta prensa con mucho sensacionalismo y poca objetividad, se desea que los funcionarios del Estado y los que pretenden serlo, incluso parlamentarios y dignatarios regionales y municipales, carezcan de experiencia y en sus actividades en el sector privado pues no tengan parientes, no tengan amigos, y no conozca a nadie. Como puede notarse un imposible fáctico.

Todos los días vemos acusar sin fundamentos e irresponsablemente a ministros, vice-ministros y a altos funcionarios, así como también a magistrados, de favoritismo, sin ninguna evidencia que lo sustente, por el simple hecho que ha tenido que tomar decisión en un tema en que pudiere estar involucrado algún pariente o amigo, y hasta simple conocido.
Los cuestionadores pretenden que los funcionarios se inhiban de tomar decisiones, por el solo hecho de un relativo conocimiento personal, y para ello por si y ante si, incitan a que en los hechos se amplíen las normas de incompatibilidad a todas las situaciones, por más inocentes que ellas sean.

Si la hermana de un Presidente del Consejo de Ministros laboró en una empresa que recibe algún beneficio, concesión o contrato del Estado, allí estalla como un resorte la sospecha de tratamiento indebido y de favoritismo. Para esos exagerados tendría que cambiarse al Primer Ministro, pese a que no hay otra autoridad que lo sustituya.

Como vemos ya no hay la presunción de inocencia, sino la de culpabilidad, olvidando que la inocencia no tiene por qué acreditarse mientras que la culpabilidad si. Para ciertas personas todos son sospechosos de inconductas, nadie es correcto, todos son unos pillos. Ello no es cierto y es hasta insultante a muchas personas que por servir a la Nación, dejan de lado empleos o actividades profesionales privadas, para asumir responsabilidades públicas, y hasta con pérdida remunerativa y exposición pública, en que también queda perjudicada la privacidad.

Se debe exigir pruebas o por lo menos evidencias, pues las sospechas son insuficientes Por lo demás la actitud de los cuestionadores de todo y en todo momento, lo único que logran es espantar a personas decentes que podrían dar su aporte laboral, con profesionalismo, eficiencia y honestidad al Estado. No son canichos, gozan del antecedente de buena reputación y honestidad acrisolada.

Las falsas generalizaciones hacen mucho daño, pues no todos son zamarros, mañosos ni coimeros. También hay mucha gente decente y honrada.