Peruanos hicieron de todos para llegar a sus trabajos
Los principales paraderos de Lima y Callao permanecieron prácticamente vacíos desde las primeras horas de ayer. Dirigentes del sector indicaron que la interrupción se sintió de manera particular en rutas claves como la Panamericana Norte y Sur, además de accesos a distritos densamente poblados, entre ellos San Juan de Lurigancho, Santa Anita, Puente Piedra, San Juan de Miraflores, Ventanilla y Ancón.
La medida fue consensuada entre Transportes Unidos y la Unidad Gremial, que optaron por una fecha única para maximizar el impacto y visibilidad de su reclamo. El paro convocado por los transportistas en Lima y Callao en protesta por la inseguridad genera caos vehicular y largas esperas. Los pasajeros expresan su frustración pero también empatizan con la causa de los conductores. A lo largo de la jornada, se registraron extensas filas en terminales y paraderos.
La escasez de buses provocó que los precios de los pasajes se duplicaran o incluso triplicaran en diversas rutas. Un recorrido habitual entre Puente Nuevo y Atocongo, que normalmente costaba cuatro soles, llegó a ofertarse hasta en cinco soles. Usuarios reportaron también pagos de hasta quince soles en trayectos largos, una suma muy por encima de las tarifas habituales. “Me están cobrando cinco soles lo que normalmente cuesta dos”, relató una pasajera.
Ante la falta de alternativas formales, miles de pasajeros optaron por colectivos informales, cuyos conductores aprovecharon la coyuntura para incrementar las tarifas, especialmente en zonas como Ventanilla y Puente Nuevo.
Las empresas que mantuvieron operaciones, como San Felipe, lo hicieron con flotas reducidas, situación que provocó aglomeraciones y viajes en condiciones de riesgo, con unidades sobrecargadas y sin presencia policial visible. El Ministerio de Trabajo dispuso una tolerancia de cuatro horas para los trabajadores que no lograron llegar a tiempo a sus centros laborales.




