Expertos internacionales advierten: decidir o quedar fuera
Ricardo Sánchez Serra
El auditorio de la Universidad de Lima se convirtió en un espacio solemne de reflexión sobre el rumbo del país en medio de la reconfiguración global. El Foro Internacional “El nuevo orden mundial: ¿Dónde queda el Perú?”, organizado por la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), reunió a voces notables de la política, la academia y el análisis internacional. El mensaje fue contundente: el Perú enfrenta una oportunidad histórica y debe decidir con claridad su lugar en el tablero mundial.
El presidente de la SNI, Felipe James, abrió el encuentro con un discurso que marcó el tono de la jornada. Con firmeza, advirtió que el orden mundial atraviesa una ruptura y que el Perú no puede limitarse a ser espectador. La neutralidad, dijo, debe ser estratégica, inteligente y activa. Recordó que el país posee una ubicación privilegiada en el Pacífico y recursos abundantes, pero que necesita instituciones sólidas y políticas industriales claras para aprovecharlos. “No podemos mirar para otro lado. El Perú debe insertarse en las nuevas cadenas de valor globales, con responsabilidad y soberanía”, afirmó.

Francisco Tudela, voz de sabiduría: el Perú en el centro de la transformación global.
James insistió en que la industria nacional debe fortalecerse, diversificar mercados y apostar por la innovación, con la SNI como articuladora entre el sector privado, el Estado y la academia. Su intervención fue didáctica y a la vez un llamado a la acción: sin industria sólida, el país quedará rezagado en la competencia global. El dirigente industrial enfatizó que la neutralidad no puede ser pasiva, sino una estrategia que permita al Perú ganar confianza internacional y atraer inversiones. “La industria es el motor de la soberanía económica”, remarcó, subrayando que el país debe dejar de ser solo exportador de materias primas y convertirse en productor de bienes con valor agregado.
El Pacífico, eje del mundo
La voz más esperada fue la del excanciller Francisco Tudela, verdadero protagonista del foro y maestro de la geopolítica. Su intervención no fue un discurso más, sino una lección magistral que combinó historia, estrategia y visión de futuro. Escucharlo fue, para muchos, un privilegio: la certeza de estar frente a un sabio que no solo interpreta el presente, sino que lo conecta con los grandes giros de la civilización.

Auditorio atento: el Perú reflexiona sobre su lugar en los nuevos equilibrios globales.
Tudela recordó que el Pacífico se ha convertido en el eje del mundo, y que este cambio no es meramente comercial, sino civilizatorio. El Perú, dijo, no puede seguir pensándose como periferia: está en el centro de esa transformación y debe asumir su identidad occidental con responsabilidad estratégica. “No podemos seguir pensando como si estuviéramos en la periferia. El Perú está en el centro de la transformación global”, afirmó con solemnidad, subrayando que el país tiene un papel que cumplir en el nuevo orden.
Su mirada fue amplia y didáctica. Explicó que el desarrollo no puede reducirse a cifras de crecimiento económico: exportar materias primas es un activo, pero insuficiente. El verdadero progreso exige valor agregado, innovación y disciplina institucional.
Con ejemplos históricos, evocó cómo Inglaterra, tras la crisis de los años 70, liberalizó su sistema financiero y convirtió a Londres en la primera plaza mundial. Para Tudela, el Perú tiene condiciones similares -recursos abundantes, ubicación estratégica y capital humano-, pero carece de la simplificación y la constancia necesarias para dar el salto.
Con tono crítico, denunció el exceso de regulaciones que asfixian la inversión. Recordó que en 1992 la minería requería apenas cuatro trámites; hoy exige 126. “Algo ha pasado que no está bien”, señaló. Propuso que la desregulación sea un proceso permanente, como el trabajo de un jardinero que poda y ordena cada semana. Incluso sugirió la creación de un Ministerio de Regulación, capaz de vigilar y simplificar el entramado burocrático que frena la competitividad.

El brasileño Coutinho advierte: crimen organizado e Irán, amenazas para la región.
Pero Tudela no se limitó a la crítica. Con la claridad de un maestro, ofreció ejemplos de éxito que muestran el camino. La política de sustitución de cultivos, recordó, convirtió al Perú en exportador de cacao y café. Hoy, esos productos llenan supermercados locales y se han transformado en chocolates premium en mercados internacionales. “Hay mucho todavía por trabajar, pero tenemos todo para lograrlo”, concluyó, con un tono que mezclaba advertencia y esperanza.
Su visión mundial fue aún más profunda. El nuevo orden, explicó, no se define únicamente por la rivalidad entre Estados Unidos y China, sino por el surgimiento de bloques regionales que buscan autonomía y poder. América Latina, advirtió, no puede permanecer indiferente. “La neutralidad absoluta es una ilusión. El Perú debe decidir si se integra con fuerza al mundo occidental o si se arriesga a quedar atrapado en la órbita de potencias autoritarias”, sentenció.

Tudela, maestro de la estrategia: interpretar los nuevos equilibrios globales para que el Perú no quede en la periferia.
Cada frase de Tudela estuvo cargada de lógica, historia y visión estratégica. Su discurso fue recibido como el de un sabio que no solo diagnostica, sino que enseña y orienta. Escucharlo fue, para muchos, una experiencia formativa: un recordatorio de que el Perú necesita líderes capaces de pensar en grande, con perspectiva mundial y con sentido de responsabilidad nacional.
El peligro iraní
Por su parte, el analista brasileño Leonardo Coutinho aportó una mirada inquietante sobre las amenazas transnacionales. Denunció la presencia de drones iraníes en Venezuela y el uso del narcotráfico como arma de desestabilización. Explicó la diferencia entre “narcoestado” y “estado narco”: el primero es un país capturado por el crimen; el segundo, un gobierno que promueve directamente el narcotráfico como herramienta internacional. En su análisis, América Latina enfrenta una amenaza directa, pues el crimen organizado se ha convertido en política de Estado en algunos países.
Coutinho advirtió que Estados Unidos impulsa una coalición antinarcos y que países como Paraguay han sabido aprovechar sus capacidades para posicionarse como aliados confiables. Recomendó al Perú diversificar sus mercados, reducir la dependencia de China y fortalecer su institucionalidad para atraer inversiones. Su intervención fue una llamada de atención: “La neutralidad no es sostenible cuando el crimen organizado se convierte en política de Estado”. Además, alertó sobre la creciente influencia de Irán en la región, no solo a través de tecnología militar, sino también mediante alianzas con gobiernos que buscan desafiar el orden occidental. Para Coutinho, la presencia iraní en América Latina es un factor que no puede ser ignorado, pues abre la puerta a nuevas formas de desestabilización y amenaza directa a la seguridad regional.
Otros especialistas complementaron el debate. El argentino Ricardo Ferrer criticó la ingenuidad de Occidente al integrar a China en la OMC y llamó a América Latina a reafirmar su pertenencia a Occidente, defendiendo democracia y soberanía. El peruano Dardo López Dolz resumió el desafío en una frase: “adaptarse o morir”, explicando que Estados Unidos busca consolidar su liderazgo regional y frenar el avance de China en sectores estratégicos. El expresidente de la SNI, Luis Salazar Steiger, insistió en que el Perú debe apostar por la competitividad y el valor agregado, mientras que Elizabeth Otero, decana de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad de Lima, destacó el papel de la academia en formar profesionales capaces de enfrentar los desafíos globales.
El foro dejó una enseñanza clara y solemne: el Perú tiene recursos, ubicación estratégica y talento humano, pero necesita disciplina, instituciones sólidas y menos burocracia para transformar esa riqueza en desarrollo sostenible. Los ponentes coincidieron en que la región enfrenta una decisión crucial: ser socio confiable de Occidente o ceder a la influencia de mafias y potencias autoritarias. La clave está en defender la soberanía, diversificar mercados y construir alianzas estratégicas que aseguren estabilidad y prosperidad a largo plazo.
Más allá de las advertencias, todos coincidieron en algo: el Perú tiene fe, oportunidades y futuro. Con trabajo constante, alianzas inteligentes y orgullo por lo nuestro, podemos crecer y prosperar sin perder nuestra soberanía. El auditorio de la Universidad de Lima fue testigo de un mensaje que resonó con fuerza: el país no puede quedarse al margen. Tiene que decidir su lugar en el nuevo orden mundial. Y la consigna fue contundente: adaptarse o morir.



