Por: Ada Gallegos / Día de la no violencia contra la mujer

por | Nov 30, 2021 | Opinión

“SI ME MATAN SACARÉ LOS BRAZOS DE LA TUMBA Y SERÉ MÁS FUERTE”, solía decir Minerva Mirabal, valiente mujer que supo luchar por su pueblo y morir con dignidad.

EL 25 de noviembre, la Organización de las Naciones Unidas, declaró el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, rindiendo homenaje a tres valerosas mujeres que tuvieron que pagar con su vida, la osadía de enfrentar a una dictadura militar en República Dominicana. Me refiero a las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, más conocidas por su pueblo como “Las Mariposas”.

En el citado país caribeño, además de una provincia que lleva el nombre de estas heroínas, se edificó un monumento en el centro de Santo Domingo, un museo en su honor, el mismo que se convirtió en un lugar de peregrinaje cada 25 de noviembre.

Esta historia genera dolor e indignación, pero al mismo tiempo muestra la verdadera dimensión del espíritu de lucha, convicción democrática y amor por un pueblo en el que están involucradas muchas mujeres, porque en diversas partes del mundo hay otras “Mariposas” a quienes las mataron tan mal que siguen volando, contagiando su rebeldía como una virtud innata para enfrentar el autoritarismo, la intolerancia, la represión política, la violencia, discriminación de género, el feminicidio y otros problemas que aún se materializan en el contexto de sociedades donde no se terminó de construir una verdadera cultura de respeto a los derechos fundamentales de las mujeres, que preserve su dignidad. La democracia no llegó a ese nivel de convivencia colectiva, en el marco de la igualdad de género, tarea pendiente para los Estados.

La realidad peruana forma parte de ese escenario de victimización y cosificación de la mujer. La tasa de denuncias de agresión sexual contra las mujeres, fue de 34 de cada 100, según un informe del Ministerio del Interior del año 2019. Entre enero y septiembre de este año, se habían registrado 78 denuncias de feminicidio de acuerdo al referido portafolio de Estado, sin tomar en cuenta los casos no registrados, 63 de cada 100 mujeres de 15 a 49 años, fueron víctimas de violencia alguna vez en su vida: 30.7% de violencia física, 58.9% de violencia psicológica, 6.8% de violencia sexual.  Vale la pena mencionar también que, en un taller sobre Paternidad Activa, organizado por Aldeas Infantiles SOS, alrededor del 90% de los padres asistentes, admite haber practicado violencia con su cónyuge o hijos. Según informe de la citada ONG, el año 2020 se reportaron 200 mil casos de violencia doméstica, una de las tasas más altas de Latinoamérica. El pasado año, cuando la población se encontraba sometida a la cuarentena por la pandemia, entre el 10 de marzo y el 10 de mayo, más de 30 mil llamadas fueron realizadas a la línea de ayuda para denunciar casos de violencia doméstica.

Pero no se trata de ir citando cifras y porcentajes de feminicidios o violencia doméstica. Estos datos deben servir para concientizar a las autoridades públicas y a la ciudadanía, en el Perú y en la región latinoamericana, porque son realidades similares. Urge la implementación de políticas de Estado que permitan extinguir el flagelo de la violencia contra la mujer, en todas sus dimensiones. Es una realidad que nos cuestiona, porque tanto en el ámbito privado (la familia), como en el público (por ejemplo, el escenario político), esa violencia se materializa con peligrosos ribetes de permisibilidad e impunidad institucionalizada. Por ello, las Mariposas seguirán volando y nosotras seguiremos su ejemplo de lucha, todos los días.

(*) Ada Gallegos es Doctora en Educación y Doctora en Gobierno y Políticas Públicas.