Por: Ángel Delgado Silva / Miscelánea en la tragedia

por | Ago 26, 2020 | Sin categoría

Por: Ángel Delgado Silva / Las 13 víctimas de Los Olivos constituyen la manifestación más trágica y evidente del drama que desgarra al país, desde hace 150 días. En ellas se condensa el cúmulo de miserias que arrastramos de tiempo atrás: el vacío estatal, las fallas educativas, la carencia de civismo, el vivir en los márgenes legales, la informalidad omnipresente que domina el derrotero nacional. Pero también la consuetudinaria torpeza de nuestra clase dirigente y la profunda debilidad institucional. Ello no sólo causa el fracaso de los esfuerzos redentores, sino tiende a agravarlos –como en el caso comentado– haciendo que el remedio sea peor que la enfermedad.

Durante estos sórdidos meses –los más largos del siglo– la devastación por la pandemia es un incordio insuperable, en el corazón de los peruanos. Estamos hartos de la insensibilidad oficialista y cansados de voces que reclaman estrategias alternativas, siendo tercamente desoídas. Ningún cambio sustancial, salvo retornar a la cuarentena y ampliar el toque de queda, al compás de una parafernalia militar y el acostumbrado despliegue periodístico laudatorio, a sabiendo que no darán resultado alguno.

A la muerte por contagio se añade el hambre por la desocupación. Quienes nos encerraron a la fuerzas optaron por destruir las fuentes de trabajo, llevando a millones a la pobreza absoluta. Creyendo que sacrificar la economía beneficiaba la salud, han provocado una bancarrota descomunal. El peor desempeño económico del mundo, según la agencias internacionales. Mas que crisis estamos ante una gran depresión, sin parangón en la historia del Perú.

La reconstrucción de las bases productivas demandará una sapiencia y tesón extraordinarios, que no posee la actual Ministra del Economía. Pero Vizcarra por razones familiares la respalda, a pesar que el Congreso plantea su dimisión. Aunque, en verdad, la señorita María Antonieta Alva es permanente interpelada por los hechos y sus obras. Por eso, tanto los empresarios, por no impulsar la reactivación, como los sectores populares, por el abandono y negativa a sus reclamos, la vienen censurando desde hace rato.

Haciendo caso omiso a este carnaval de penurias y desastres, el Gobierno pretende disimularlo con un extemporáneo “Pacto por el Perú”, émulo del desvencijado “Acuerdo Nacional”, que desde el 2002 no gravita para nada en la política nacional. Resucitar este viejo armatoste no es un rama de olivo, sino un caballo de Troya para engatusar a los despistados de siempre, a todos aquellos que poseen una inmarcesible vocación de lustrabotas del poder de turno. No sólo tienen la desfachatez de ofrecernos un plan para el 2030, mientras nos ahogan en este 2020, sino pretenden que las “reformas políticas vizcarristas” que vienen aplastando a la República, se prolonguen más allá de su triste mandato.

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