Por: Ángel Delgado Silva / ¡Sorpresas te da la vida!

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Ángel Delgado Silva

Por: Ángel Delgado Silva / ¡Imposible prever el acontecimiento!. Ningún análisis, por acicalado que sea, pudo siquiera imaginar el resultado. La realidad política del país ha devenido en un laberinto caprichoso, impregnado de realismo mágico e impermeable a cualquier diagnóstico. Ni el menor asomo de racionalidad cuadra con el vértigo de la fluidez enloquecida de los hechos.

La cuestión de confianza planteada por el Presidente del Consejo ministerial al concluir su exposición de la política de gobierno, es una regla constitucional absurda para un régimen presidencialista, donde el jefe de Estado es también jefe de Gobierno. En él los Ministros gozan de la confianza del Presidente y punto, a diferencia del sistema parlamentario, donde el Gobierno y su jefatura requieren de voto de investidura del Congreso. La entremezcla huachafa de instituciones de naturaleza distinta es una complicación a la vista. Sin embargo, en los 27 años de la vigente Constitución, el sentido común había convertido el trámite en un ritual sin relevancia, que se cumplía sin mayor sobresalto. ¡Hasta que un día se rompió el cántaro!.

Hoy que publicamos estas líneas, el Perú técnicamente no tiene Gobierno. Los 18 Ministerios decapitados son meros edificios con funcionarios pululando. No hay autoridad y la ausencia quizá se prolongue por días y semanas, mientras la pandemia y la debacle económica seguirán golpeando a los peruanos. Por si fuera poco, tenemos una crisis política de proporciones dantescas. La nave del Estado está al garete gracias a la irresponsabilidad conjunta de Vizcarra y su Congreso. Recordemos que Parlamento cerrado por “obstruccionista” nunca dejó de avalar a los sucesivos Gabinetes ministeriales.

¡Qué curioso!. Hace dos meses este Congreso otorgó la confianza al inepto colegiado de Zeballos, a pesar de su desastrosa gestión. No ha podido hacer lo propio con un Gabinete que empezaba. ¡Así es el futbol!

Muy difícil resulta explicar esta conducta. Faltan elementos para tener una opinión fundada. Pero podemos aventurar que al radicalismo, tanto fuera como dentro del vizcarrismo, le disgustaba la aproximación de Cateriano con los empresarios, cosa manifiesta en el discurso ante el Congreso. Si así fuera, el nuevo Premier sería una reiteración de Zeballos, con todas las consecuencias funestas que conocemos.

Como fuera, la combinación de ignorancia y mala fe está destruyendo al país ante nuestros propios ojos. ¿Hasta cuando nuestro pueblo tolerara tanto maltrato, incompetencia e injusticia?. ¿Hasta cuando Vizcarra seguirá abusando de nuestra paciencia?