Por: Aníbal Quiroga / Durmiendo con el enemigo

por | Sep 23, 2021 | Opinión

La actual situación política revela una evidente fractura en el Consejo de Ministros. No solo ha sido el tema de los despojos de Abimael Guzmán sino también el tema de Venezuela y el de la propia presencia diletante del presidente Castillo tanto en su viaje a México cuanto en su periplo por la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York.
Está claro que hay ministros que comparten la idea de cremar y esparcir las cenizas del que ha sido el más grande terrorista del Perú como también hay otros ministros, empezando por el presidente del Consejo de Ministros, que tienen una opinión contraria y desearían entregarle los restos a sus deudos para que se haga un mausoleo y un lugar de adoración y rito senderista

Por otro lado, es evidente que el lado cerronista del gabinete, encabezado por Bellido y secundado por algún otro ministro como Maraví, han cuestionado que el viceministro de Relaciones Exteriores, siguiendo política exterior de la Cancillería, anuncie que Perú no reconoce autoridad legítima en Venezuela.

Hay que distinguir por parte del Consejo de Ministros y, en particular, por parte de su presidente, el señor Bellido, lo que es una política de gobierno y una política de Estado. Esta dicotomía funcional parece no ser bien captada y lo que ha expresado el viceministro de Relaciones Exteriores es una política de Estado, en donde la Cancillería tiene fijada para el Estado peruano una posición frente a Venezuela, que puede ser diferente a los intereses del gobierno actual, que es efímero y de turno, por lo menos de acuerdo a las reglas democráticas.

En consecuencia, el presidente Castillo se encuentra sentado en una mesa en donde unos jalan para un lado y otros jalan para el otro y en donde algunos ministros que declaran orientación y vocación cerronista están jugándole en contra y él parece que en algunos casos le hace oídos a unos y en otros casos a los otros.

Su desplante al presidente Bolsonaro compromete a la Cancillería frente a las naciones como Brasil, que no solo es el país más grande e importante de América del Sur sino que además es nuestro vecino. Sus discursos diletantes y pobres de contenido llamando a la conmiseración de su persona en Naciones Unidas tampoco es un tema que nos ponga en una buena posición internacional.

Veremos todavía en esta suerte de guerra de la soga quien gana al final, si el sector cerronista del gabinete, que le fue impuesto a Castillo en la juramentación fraccionada que hubo, o si el sector no cerronista, en donde claramente están alineados el canciller y los ministros del Interior, de Justicia y de Educación.

Esa pugna interna, que claramente afecta al gobierno y por lo tanto a la gobernabilidad del Perú, está todavía por definirse en los próximos días.