10 de abril de 2026

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Por: Antero Flores-Araoz / Debate o fetival de puyas

Ántero Flores-Aráoz

Con la mejor de las intenciones la entidad estatal que tiene como finalidad principal llevar a cabo los procesos electorales, sean presidenciales, parlamentarios, regionales y municipales, convocó a los aspirantes a la Presidencia de  la República, que son cerca de 40, a debatir sus propuestas y planes de gobierno, así como las posibilidades de su realización.

Debido a la altísima cantidad de postulantes a la Presidencia de la República, es prácticamente imposible llevar un debate serio y programático, lo que de suyo constituye herencia de la reforma electoral impulsada en su momento por Martin Vizcarra, de tan penosa recordación.

Cuanto más alto es el número de candidatos a la Presidencia, es más baja la posibilidad  del debate serio y sustancioso, convirtiéndose el mismo en una quimera.

Cuanto más alto es el número de postulantes a la primera magistratura de la Nación, menor es el tiempo que se tendrá para sus exposiciones, las que en la práctica son solo la narración del título de cada capítulo del plan de gobierno, pero sin desarrollo, con la apreciación que de debate solo tienen el nombre.

Quienes hemos tenido la suerte de espectar y escuchar debates como el municipal sostenido entre Jorge Grieve y Luis Bedoya Reyes, o haber participado personalmente en el debate presidencial del 2016, vemos la gran diferencia y, dando valor a la famosa frase de que “todo tiempo pasado fue mejor”.

Es absolutamente inviable sacar enseñanzas de los “debates” de esta ocasión, pues además de no enseñar nada, hay prácticamente un concurso de puyas inconducentes y que lo único que logran es la incordia entre los candidatos y reducir las posibilidades para que en un futuro cercano sus bancadas parlamentarias puedan concertar y llegar a puntos de coincidencia para el bien del país y de su todavía incipiente democracia.

No se construye nada con improperios, insultos y puyas, que solo logran distanciar a los postulantes a la jefatura de la Nación, olvidando que son contrincantes, pero no enemigos y que se supone que todos ellos quieren el bien del Perú y su desarrollo para bienestar de toda la población.

Para lo que si sirve este tipo de eventos es para observar el comportamiento de los candidatos en respuesta a los agravios, pues de llegar a la Presidencia tendrán muchos momentos difíciles en que su templanza y serenidad serán mecanismos indispensables para sus buenas respuestas gubernamentales.

El ejercer la primera magistratura de la Nación o ser aliados de quien la ejerza, al igual que ministros de estado que los secunden, no es un lecho de rosas, se trata de escenarios complicados que requieren de mucha serenidad y que, si es que no se tiene, es más probable que se tomen caminos equivocados o decisiones erráticas, pues el enojo o enfado son pésimos consejeros.

Felizmente la ONPE cuenta con herramientas digitales para poder investigar sobre el pasado de los candidatos, tanto presidenciales como parlamentarios, y sobre los planes de gobierno de las organizaciones políticas en competencia, dado que ello es prácticamente imposible en estos debates de tantos participantes, pero con limitaciones de tiempo para exposiciones docentes e informativas.

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