23 de febrero de 2026

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Por: Antero Flores – Araoz // Herencia

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Un viejo refrán señala que “Se dice el milagro, pero no el santo”, ello es aplicable al secreto profesional que se debe guardar para no afectar ni los intereses de quienes confiaron en uno ni tampoco en los de terceros. Incluso nuestra legislación penal califica la violación al secreto profesional como delito y define la sanción a aplicarse por ello.

Desde el lado de la normatividad ordinaria, nuestro Código Civil legisla sobre la sucesión, sea ella testamentaria o intestada, definiendo quienes son herederos forzosos que no pueden dejarse de lado y establece el porcentaje del total de sus bienes que el testador puede disponer a su absoluta voluntad y discreción.

En la mayoría de las familias, los hijos suceden a los padres y reciben como herencia los bienes que fueron de sus progenitores a la muerte de estos últimos, salvo caso de desheredación por causas muy graves.

En los temas hereditarios hay familias y familias, unas en que los hijos son muy respetuosos de los bienes de sus ancestros y saben perfectamente que la herencia es un derecho expectaticio, al cual solo accederán a la desaparición de sus progenitores, salvo que hubiese habido un anticipo de la herencia, en la parte que se denomina “legítima”.

En otras familias la cosa no es igual, y hay futuros herederos que son “angurrientos” y que no esperan el devenir normal de los tiempos y, por ello, molestan a sus progenitores “cuidando” exageradamente su patrimonio, en espera de que llegue el momento de que sea suyos.

Cada vez que los padres, de posición “acomodada” y ya con recorrido de muchas décadas de existencia, quieren darse algún gustito, saltan de inmediato los que les molesta la espera y pronostican que no es bueno gastar más de lo indispensable, porque se pone en peligro su subsistencia para el futuro.

Bueno pues, un abogado amigo conversando sobre temas sucesorios y sobre normas que por su redacción se prestan a más de una interpretación, como anécdota contó que una persona allegada y enojada con sus futuros herederos, le había comentado sobre la postura de sus hijos que no lo dejaban darse sus “gustitos” diciéndole que no gasten el patrimonio.

El padre les contestó: lo que les molesta no es el gasto, y ojo que no gasto lo mío sino que estoy gastando su herencia.  La discusión terminó con la realista respuesta que dejó perpleja a la familia, la que nunca más hizo comentario alguno sobre los gastos de su ancestro

La vida cotidiana nos da muchísimas enseñanzas y, como decía “Sarava” o sea Luis Delgado-Aparicio Porta: “Maestra Vida”.

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