Durante el mes de octubre de cada año, los creyentes cristianos, principalmente católicos, en la ciudad de Lima, específicamente en su Centro Histórico, llevan en multitudinaria procesión la imagen del Señor de los Milagros o Cristo de Pachacamilla, o como también se le denomina el Cristo Moreno o el Cristo Morado.
El recorrido se inicia en el Monasterio de las Nazarenas, en el Jirón Huancavelica, esquina de la Avenida Tacna, en que las damas en recogimiento, con hábito morado y mantilla, echan a la imagen incienso y mirra con sahumerios y los varones llevan sobre sus hombros las andas del Señor de los Milagros, llenas de flores y sobre alfombras también de flores que son francamente obras de arte. Se van haciendo las llamadas estaciones, en que rezan en cada iglesia que forma parte del itinerario, como también locales de instituciones públicas, como el Palacio de Gobierno, el Congreso de la República, el Palacio de Justicia, el Municipio de lima, la catedral en la Plaza Mayor y algunas veces también el local del Jurado Nacional de Elecciones, en que sus autoridades homenajean al Cristo Morado y le encomiendan a nuestra Nación.
En cada estación la santa imagen recibe solemnemente homenajes de autoridades como también de los devotos, como ya hemos recordado.
Cuenta la Historia que el 12 de noviembre de1655 hubo en Lima un violento y destructor movimiento sísmico, que dejó en escombros a innumerables edificaciones, pero se mantuvo en pie la imagen del Señor de los Milagros, pintada en un muro de adobe por un esclavo de origen angoleño llamado Pedro o Benito Dalcón, la cual se conserva hasta nuestros días en el altar mayor del Santuario y Monasterio de Las Nazarenas.
Con el correr de los años se han compuesto himnos en honor del Cristo Moreno o Señor de Pachacamilla, así tenemos al compositor Lázaro Ortiz Guevara, como también al arreglista Luis Vargas.
Existen diversidad de instituciones y cuadrillas que hacen sus visitas al Monasterio de las Nazarenas en cada mes de octubre, como por ejemplo los Caballeros de la Orden de Malta, que a veces incluso con sus atuendos especiales hacemos el sagrado recorrido con nuestras familias.
Los muy mayores recordamos como de niños y jóvenes, también acompañábamos a nuestros padres en las procesiones del Señor de los Milagros, oportunidad en que también los devotos del Padre Urraca, hacíamos nuestras oraciones ante la Cruz del citado Padre en la Basílica de la Merced, en el jirón de La Unión, sin olvidar a la llamada “Melchorita” y a la “Beatita de Humay”, que sin estar reconocidas oficialmente por las autoridades religiosas, la fe popular es muchísimo más importante y genera más fervor que cualquier reconocimiento oficial. Hasta allí más tarde, también concurríamos junto a mi esposa y suegros, para años después incorporar a nuestras hijas.
Los peruanos en el exterior han llevado hasta la lejanía de sus nuevos hogares, la costumbre de rezarle al Señor de los Milagros. Hemos sido testigos de ello en Washington DC, en Nueva York como también en Patterson, donde realizan todos los años concurridísimas procesiones.
Indiscutiblemente la devoción causa milagros y en este año tan especial, pedimos al Altísimo la unión de los peruanos y que todos trabajemos con tal finalidad. No más enojos, pero si mayor esfuerzo colectivo por un Perú mejor.



