Si hay un término que ha calado profundamente en la conciencia de los ciudadanos, es la expresión “ORDEN” que fuera propuesta por Keiko Fujimori desde su última campaña electoral y reiterada intensamente en las semanas que lleva como primera mandataria de nuestro querido Perú.
Desde hace mucho tiempo observamos que las leyes no se cumplen, que cuando se incumplen no hay correctivos y que las autoridades hacen poco o nada para ello. Evidentemente hay que poner ORDEN como solución.
En las calles y diríamos que a toda hora hay asaltos, tiroteos, robos, extorsiones, ajustes de cuentas con saldo de muertos y heridos. Las calles se inundan de sangre y se convierten casi en capillas ardientes, en que las víctimas en lugar de llegar a sus domicilios para descansar terminan en la morgue para la autopsia o necropsia o como quieran llamarla.
Los que manejan presupuestos públicos, los mal utilizan o cuando son largos de uñas, se los llevan, lo que significa que no llegan al destino previsto por la Ley, aunque por supuesto no siempre por cierto. Quienes actúan así, deberían ser expulsados del cargo y sometidos a la Justicia, pero lamentablemente no se inician los procesos o son de nunca acabar. En consecuencia, hay que poner ORDEN.
Las denuncias ante el Ministerio Público, Fiscalía para los que no conocen la terminología exacta, al igual que los procesos ante el Poder Judicial, son penosamente eternos, demoran semanas, meses, años, décadas y los procesados sufriendo ello. Basta recordar que los marinos que recuperaron el Frontón, llevan cuarenta años soportando el proceso, injustamente por cierto. Hay que poner ORDEN.
Las obras públicas que tiene a su cargo el Estado, tanto en el Gobierno Central, como en los Gobiernos Regionales y los Municipales, se interrumpen, pero siguen corriendo gastos administrativos y custodia de material en cancha, entre otros. Hay rescisión o resolución de contratos, procesos también interminables y por ello hay que poner ORDEN.
El ánimo y filosofía de la Contraloría es punitiva, cuando lo que requerimos es de amigables componedores para sentar en mesa de conciliación a los contratantes y contratistas para la no paralización de las obras y, si se paralizan, para su pronto reinicio. Obvio que hay que poner ORDEN.
Cuando se contrata personal que no es necesario, que le cuesta al Erario Nacional, que sale de nuestros impuestos, evidentemente hay que retirarlos y poner ORDEN.
Cuando se contrata indebidamente a parientes, encontramos nepotismo y, cuando son seres queridos sin relación formal, peor aún. El estado no tiene por qué solventar arrumacos de nadie. Hay que poner ORDEN.
Cuando en el Congreso de la República se nombran más y más comisiones de estudio e investigadoras, para contratar personal, que al fin de cuentas sus remuneraciones salen de nuestros impuestos, pues hay que poner ORDEN.
Cuando hay policías que, en lugar de perseguir delincuentes, se juntan con ellos y forman bandas, hay que expulsarlos y procesarlos, pues adicionalmente atentan contra el prestigio de la Institución y de los buenos agentes policiales, que por supuesto los hay. Se tiene que poner ORDEN.
Felizmente el Gobierno Nacional lo tiene claro, pero ello es el comienzo, también es necesario que se corrija, haciendo lo debido. El reconocer la situación es pertinente, pero hay que expulsar lo malo.
Podríamos seguir y seguir, pues la corrupción es kilométrica, pero cada vez que redactamos un párrafo hacemos bilis y no quisiéramos que al apreciado lector le pase lo mismo.
El término ORDEN fue el nombre que pusimos al Partido Político que creamos para participar en las elecciones del 2016, que como es conocido perdimos, pero las ideas y propuestas quedan y ojalá se apliquen, es nuestro deseo.



