Philippe Pétain fue un general y jefe del Estado Francés. Participó en la Primera Guerra Mundial, actuación que le valió el ser conocido como «El vencedor de Verdún» llegando a jefe del Estado Mayor y adquiriendo un gran prestigio de cara a la sociedad francesa. Fue también ministro de Guerra en 1934, embajador en España en 1939, primer ministro en 1940 y, después, jefe de Estado títere del régimen de Vichy, en la Francia ocupada por la Alemania nazi.
Abolió las instituciones republicanas y las libertades fundamentales, disolvió sindicatos y partidos políticos e introdujo una legislación antisemita. Mantuvo una política colaboracionista con la Alemania nazi, lo que al término de la guerra le acarreó la degradación y la condena a muerte, que más tarde fue conmutada por la cadena perpetua.
Colaboró con el invasor nazi en lo referente a su complicidad con el Holocausto: 149,000 judíos fueron deportados y de ellos únicamente regresó el 10 %. En octubre de 1940 promulgó leyes de exclusión contra los masones y los judíos, que serían endurecidas al año siguiente. Las leyes excluían también a los franceses de «raza judía» (determinada por la religión de sus padres) de la participación en actividades públicas y en la administración. Se trató asimismo de limitar el número de estudiantes judíos en las universidades, medida que contó con el rechazo de gran parte de la comunidad universitaria.

El proceso del mariscal Pétain comenzó el 23 de julio de 1945 ante la Suprema Corte de Justicia. Tras la presentación de numerosos testigos, el proceso terminó el 15 de agosto: fue declarado culpable de realizar actividades de inteligencia con el enemigo y de alta traición y condenado a muerte, a la «degradación nacional» y a la confiscación de sus bienes. La pena de muerte fue conmutada, debido a su avanzada edad, por la de cadena perpetua.
El Presidente Emmanuel Macron le sigue los pasos tanto en su apoyo al presidente de la Autoridad Palestina que lleva a cabo políticas nazis como el reconocimiento de un estado palestino que no es sino la creación de un estado terrorista cuyo único objetivo es la destrucción del Estado de Israel y el genocidio de todo el pueblo judío.
El presidente Macron acoge en París la semana pasada al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas lo califica de “principe de paz” lo cual por supuesto condenó el primer ministro israelí Benjamin Netanhyahu.
No puede ignorar el señor Macron que este líder palestino Abbas paga a terroristas para que maten judíos. Cuantos más judíos matan, más les pagan y cuidan de las familias de los terroristas asesinos.
Tampoco puede ignorar que Abbas ha seguido poniendo a las plazas nombres de terroristas asesinos en masa y utilizando libros de texto escolares que llaman a la destrucción del único Estado judío.
Aparte de ello los líderes palestinos no han aceptado nunca la creación de un estado palestino sino desean únicamente la mencionada destrucción del único Estado judío.
Un estado palestino, ya existe. Se llama Jordania.
Macron no puede ser tan ignorante de no darse cuenta que los invasores nazis de Petain son hoy los terroristas musulmanes que están invadiendo Francia para establecer el califato musulmán y su ideología maligna y de muerte reemplazando todos los principios del mundo occidental.
Si alguien va a salvar al mundo occidental va a ser ese pequeño pueblo llamado Israel que se encuentra unido firmemente en su defensa de la verdad, de la honestidad, de la libertad y de la vida. Principios que promulgara y defendiera la propia Revolución Francesa y que el Sr. Macron desea ignorar para seguir contando en el voto musulmán y mantenerse como presidente de Francia.
Como parece que no ha aprendido nada de la vida de su antecesor Philippe Pétain le pronostico que va a repetir la historia del mismo pasando por un juicio justo y por la condena de traición a su patria. Si tiene suerte es posible que le reemplacen la pena de muerte por la de condena perpetua.
Pero le tengo buenas noticias. En ese final no estará solo. Lo acompañarán sus amigos Pedro Sánchez de España, Keir Starmer del Reino Unido, Anthony Albanese de Australia y Mark Carney de Canadá entre otros. Los condenarán no sólo sus pueblos y sus tribunales sino la historia misma.





