Para asegurar su seguridad y victoria absoluta Israel no puede permitir volver al modelo que existía en vísperas del 7 de octubre del 2023.
El regreso del cuerpo del Sargento Primero Ran Gvili cerró el capítulo de los rehenes, pero no garantiza la paz con sus vecinos.
La victoria no se define simplemente por el regreso de los rehenes; se define además por la neutralización total de la capacidad del enemigo para amenazar a los ciudadanos. Esto requiere que se elimine la presencia de Hamás en todas partes: desde Gaza, Judea y Samaria hasta los alojamientos de lujo de Qatar y que Israel asuma la total libertad de movimiento en toda la Franja de Gaza
Israel enfrenta la llamada “Fase Dos” que supone la eliminación del grupo terrorista Hamas y la reconstrucción de Gaza liderada por Estados Unidos y entrega del gobierno de Gaza a un grupo tecnócrata palestino.
En teoría suena ideal, pero en la práctica tal como está concebido es simplemente reinstalar un enclave terrorista al lado de Israel y cuyo único objetivo será lo ya declarado en innumerables ocasiones: la eliminación del Estado de Israel y del pueblo judío.
No se trata de ser negativo sino de ser realista. En la reciente reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, Jared Kushner, yerno del presidente Donald J. Trump, presentó con la mejor intención su plan maestro “Nueva Gaza” que esboza una visión de posguerra para transformar el territorio en un centro para el “turismo costero” y el comercio.
El plan incluye 180 rascacielos de lujo, nuevos corredores logísticos, un puerto, un aeropuerto y 100,000 unidades de vivienda, además de importantes zonas industriales y centros de datos.
Aunque Kushner ha exigido que Hamas y otras entidades terroristas en Gaza se desarmen para garantizar el éxito de su plan, los líderes del grupo terrorista continúan rechazando todos los llamados a deponer las armas. Al contrario, un alto dirigente de Hamas declaró que: “Acordamos en el plan Trump un marco general para poner fin a la guerra, pero la cuestión de las armas aún no se ha planteado en las negociaciones”.
Con el mayor cinismo Hamas acaba de ofrecer como alternativa al desarme una tregua de 5 a 10 años sin usar sus armas actuales. Hay que ser muy ingenio para no darse cuenta que ese periodo sería para rearmarse, aumentar su número de efectivos y preparar otro ataque de exterminio de Israel y su población.
Y ese es el problema que dentro de sus mejores intenciones tanto el presidente Donald Trump como su yerno, sus allegados y la mayoría del mundo occidental tiene: creen que el mundo musulmán tiene los mismos valores y se guían por los mismos principios que nosotros. Y eso no es cierto.
El Islam no acepta la existencia de ninguna otra religión y todos los no creyentes deben ser asesinados. El Corán ordena que en la guerra todo es válido, desde la traición, el engaño, el asesinato, etc. Y es de ciegos no reconocer ni aceptar que el Islam le ha declarado la guerra al resto del mundo no musulmán y de una manera u otra nos están invadiendo para someternos y exterminarnos.
Por lo tanto, si no se puede asegurar un cambio de mentalidad o la modernización de principios que permitan la convivencia pacífica es ilusorio darles en bandeja un territorio que ya una vez les fue dado a los “palestinos” con todos los recursos económicos para que desarrollaran un país progresista y lo que hicieron fue construir un enclave terrorista cuyo objetivo fue iniciar la conquista y desaparición de los habitantes de occidente empezando por Israel.
Gaza requiere una transición hacia un modelo en el que sus habitantes estén dispuestos a aceptar la existencia del estado de Israel y a cooperar con el orden de seguridad regional de la vida diaria en hospitales, escuelas y servicios bajo una administración temporal de Israel.
La paz no es producto de conferencias o firmas; es el resultado de que el enemigo acepte que ha perdido. Sólo una vez que se acepte el concepto fundamental de la victoria israelí podrá comenzar cualquier discusión sobre la relación futura.
Israel debe ganar la guerra de las ideas insistiendo en que su seguridad no puede subcontratarse a fuerzas internacionales de estabilización o comités tecnocráticos.
Lo primero que debe hacerse antes de siquiera mencionar la reconstrucción de Gaza es el desarme y disolución del grupo terrorista Hamas. Al mismo tiempo el reconocimiento del estado de Israel por la totalidad de países árabes con intercambio de embajadores y suscripción de tratados de paz.
Comprometer a países como Qatar, Turquía e Irán a no seguir financiando al terrorismo internacional demonizando al pueblo judío y hacer los esfuerzos para una convivencia pacífica con el resto del mundo.
¡Que iluso, no! ¿Cómo se me puede ocurrir ideas tan utópicas? Bueno, igual que al bueno de Donald Trump y su joven yerno Jared Kushner que han ideado el futuro plan para Gaza.
La alternativa es muy triste. De no funcionar lo anterior, Israel debe dedicar todo su esfuerzo para borrar del mapa a los grupos terroristas Hamas primero e Hisbolá después. A continuación anexar a Israel los territorios de Gaza, de Judea y de Samaria y continuar con el programa de llegar a ser en el plazo más breve autosuficiente en términos de material bélico. En vista de que el mundo habla mucho de diplomacia, pero no la práctica, habrá que reconocer que el idioma más claro es la razón de la fuerza. Que pena, ¿no? A lo que nos habrán obligado a llegar.

El asesor y yerno de Trump, Jared Kushner, presenta el plan “Nueva Gaza” después de la firma del estatuto de la Junta de Paz durante la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, el jueves 22 de enero de 2026.




