Parece ser que la incapacidad del gobierno encabezado por el limitado Gabriel Boric —y todo lo que él representa— está cerca de llegar a su final. Un social-progresismo que significó un freno para el país de la estrella solitaria, el cual aún reúne todas las condiciones, gracias a las reformas implementadas durante la dictadura de Augusto Pinochet por los famosos economistas “Chicago Boys”, para dar el gran salto y convertirse en pocos años en parte de la élite del primer mundo.
Aunque todo parece indicar que habrá una segunda vuelta electoral, la elección del domingo 16 de noviembre enfrentará a una izquierda representada por la candidata Jeannette Jara —militante del Partido Comunista de Chile— y a alguno de los tres representantes de la derecha. Este proceso servirá, en realidad, como un balotaje interno para definir quién será el líder de la derecha chilena y, muy probablemente, el próximo presidente.
Por un lado, tenemos a la derecha tradicional, aquella que suele rendirse ante el progresismo, representada por Evelyn Matthei; a la derecha republicana, liderada por José Antonio Kast; y a la derecha libertaria, encarnada por la nueva estrella de la política chilena, Johannes Kaiser, muy cercano al presidente argentino Javier Milei tanto en políticas culturales como económicas.
Hay que ser claros: sea Kast o Kaiser quien pase a la segunda vuelta —y de ganar alguno de ellos—, el Perú tendrá que repensar su estrategia internacional, especialmente en el campo comercial. El relajo se le acaba a nuestro país. Ambos candidatos presidenciales entran a la arena del comercio internacional con el cuchillo entre los dientes, dispuestos a recuperar el tiempo perdido durante el gobierno del “mono neuronal” Boric.
El destino de Perú y Chile parece estar escrito en piedra: ser competidores natos, amarse y odiarse hasta el hartazgo. De esa rivalidad debería surgir el crecimiento de ambas naciones. Nuestro país ha acortado distancias de manera asombrosa, pese a su mediocre clase política, mientras que Chile perdió tiempo valioso con su última experiencia socialista.
La pregunta se cae de madura: ¿qué le conviene al Perú?
¿Que el vecino del sur siga en manos del progresismo, con una presidenta comunista como la señora Jara y su aceitada maquinaria de crear pobres? Valgan verdades: los chilenos ya aprendieron la lección, y el péndulo democrático volverá a la derecha. No a cualquier derecha: Kast tiene la primera opción, pero Kaiser viene arremetiendo como caballo de carrera en la recta final.
Las urnas decidirán quién será el nuevo líder de una derecha chilena fragmentada, algo que también vemos en el Perú, nuestra clase política demostró —una vez más— su incapacidad para unificar a las fuerzas de centroderecha, incapaces de enterrar al monstruo social progresista y con ello queda abierta la posibilidad de que vuelva un Pedro Castillo o algo peor.
Chile y Perú son países muy parecidos, con un destino común: entenderse o morir en el intento.
(*) Analista Internacional




