Argentina es un quilombo, un laboratorio social fascinante: una pequeña Europa con más taras que virtudes. Allí conviven —y se enfrentan— el marxismo, el socialismo del siglo XXI, el populismo, el sindicalismo mafioso, el progresismo con toda su carga ideológica, el fútbol convertido en religión y una derecha anacrónica, cobarde y traidora. En medio de este escenario, surge la revolución libertaria encabezada por Javier Milei. Su “pecado” ha sido intentar instaurar algo tan simple como el sentido común en lo económico y lo social.
Nadie dijo que asumir la presidencia de Argentina sería fácil. Implementar un programa de ajuste libertario, con una política monetaria ortodoxa al estilo peruano y disciplina fiscal dentro de una democracia, resulta enormemente complejo. Más aún si no se cuenta con un partido político estructurado y con bases sólidas. Gobernar frente a una oposición sectaria y radical de izquierda es, por definición, una empresa titánica. A pesar de ello, con mucha muñeca, Milei ha conseguido impulsar algunas reformas desde el Ejecutivo. Sin embargo, para avanzar en transformaciones de fondo —como las laborales y fiscales, necesarias para atraer inversión extranjera— se requiere un Congreso alineado con esas ideas y una provincia de Buenos Aires (la más grande y la que concentra el mayor gasto público) que no boicotee cada medida.
Este domingo se celebran elecciones en la provincia de Buenos Aires y, en octubre, las de medio término para renovar el Congreso. Gobierno y oposición se juegan todo en estas dos citas. Como parte de la estrategia, el kirchnerismo/peronismo lanzó un ataque frontal: difundió audios de un exfuncionario, Pablo Spagnolo, en los que se sugiere que en la compra de medicamentos debía destinarse un 3% a Karina Milei, hermana del presidente y secretaria general de la Presidencia. El escándalo es de grandes proporciones. Sin embargo, si bien se escucha la voz de Spagnolo, no hay un interlocutor claro en la conversación. La grabación tiene 10 meses de antigüedad, lo que demuestra que fue guardada estratégicamente para utilizarse en plena campaña. Poco después aparecieron más audios grabados incluso dentro de la Casa Rosada: no revelan delitos, pero sí exponen la fragilidad interna y un preocupante déficit de seguridad.
Las consecuencias se sienten desde ya: es muy probable que las elecciones del domingo representen una derrota para el oficialismo y un fortalecimiento de la oposición, la misma que condujo al país a la actual crisis. A ello se suma otro hecho llamativo: el popular streamer Emanuel Danann, ferviente defensor de Milei decidió alejarse del gobierno y lo critica duramente, acusando a la administración de haber creado un “Frankenstein lleno de traidores que no defienden las ideas de la libertad”. No acusa de corrupción al presidente, pero sí de carecer de inteligencia para escoger a sus colaboradores.
Así las cosas, el “León” de Argentina afronta los días más duros de su gobierno. Enfrenta enemigos internos —muchos de ellos dentro de su propia coalición, La Libertad Avanza—, la presión de la prensa a la que cortó la publicidad estatal, los miles de extrabajadores despedidos por la “motosierra”, la extrema izquierda, los sindicatos, y la siempre presente Cristina Fernández de Kirchner, condenada por corrupción y activa desde las sombras. Como si fuera poco, la vicepresidenta Victoria Villarruel, en permanente dialogo con la oposición, parece estar siempre dispuesta a asumir el cargo, como dijimos la traición es moneda común en la entrañas del gobierno libertario.
(*) Analista Internacional




