Tomar como referencia el plan de acción implementado por Nayib Bukele en El Salvador y Donald Trump en Estados Unidos contra organizaciones terroristas urbanas debe ser una prioridad para el Perú. No hay otra manera de demostrar autoridad y superioridad moral ante grupos delictivos como el Tren de Aragua, brazo delincuencial del narcoestado socialista venezolano.
El primer paso debe ser cerrar las fronteras a la migración proveniente de Venezuela por los próximos dos años. El segundo, capturar y expulsar del país a los extranjeros que no tengan documentos en regla, empleo o una dirección verificable. Finalmente, el tercer paso implica dotar a la Policía y al Ejército de un marco legal que los proteja de las leyes buenistas y caviares, las cuales favorecen a la delincuencia en perjuicio de la autoridad. Asimismo, es crucial asignar mayores recursos a la inteligencia policial y militar para infiltrarse en la médula del crimen organizado.
Hemos llegado a un punto en el que la sociedad exige soluciones radicales. El buenismo progresista, instaurado en el gobierno de PPK, continuado por el corrupto Vizcarra y consolidado por el amigo del MRTA, Sagasti, debe terminar. La erradicación total del Tren de Aragua y organizaciones similares es imprescindible. Ni un extranjero más debe ingresar de manera irregular al Perú hasta que se acabe, con el efecto llamada.
Además, se debe establecer una alianza estratégica con el sector privado para construir una megacárcel al estilo del CECOT en El Salvador, administrada de manera privada. De este modo, el Estado peruano enviará un mensaje claro y contundente: si delinques, la pasarás muy mal. La sociedad debe hacerse respetar porque los buenos somos más.
El Tren de Aragua es una organización terrorista marginal nacida en la cárcel de Tocorón, en el estado de Aragua, Venezuela, alrededor de 2014. Fue armada y empoderada por el régimen de Nicolás Maduro, y su líder político visible es Tareck El Aissami, según la inteligencia estadounidense. El presidente Donald Trump afirmó lo siguiente:
«A lo largo de los años, las autoridades venezolanas han cedido cada vez más control sobre su territorio a organizaciones criminales transnacionales, incluyendo el Tren de Aragua. El resultado es un estado criminal híbrido que perpetúa la invasión y desestabilización de países vecinos mediante la extorsión, el tráfico de drogas y la trata de personas.»
En este sentido, ordenó al Departamento de Justicia la detención y expulsión de cualquier ciudadano venezolano mayor de 14 años asociado a esta organización, clasificándolo como enemigo extranjero. Además, reafirmó lo que se sabe desde hace tiempo:
«Maduro lidera el Cartel de los Soles, una organización de narcotráfico patrocinada por el régimen, que coordina con el Tren de Aragua y se apoyan entre sí.»
Es evidente que propuestas ingenuas como la instauración de la pena de muerte no resolverán el problema. El pueblo peruano exige mano dura y decisiones firmes. Asumir riesgos es parte del deber de un funcionario público. Las leyes del progresismo caviar son un chiste, un helado para un niño. Es momento de hacer sentir el poder y la indignación del pueblo peruano.
¡Manos a la obra!
(*) Analista Internacional




