31 de marzo de 2026

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Por: Bruno de Ayala Bellido // Guerra comercial: “ser enemigo de EEUU es peligroso, pero ser amigo es fatal”

Bruno de Ayala Bellido

No nos engañemos: Trump no está aplicando aranceles recíprocos, ni siquiera está imponiendo la mitad de los aranceles que el resto del mundo aplica a los Estados Unidos. Es una gran falacia inventada por algún asesor con mucha malicia. Trump está imponiendo un arancel a cada país del mundo equivalente a su déficit comercial relativo. Es un sinsentido, un despropósito, un abuso en toda regla: un misil directo a la línea de flotación de países como el Perú, que intenta hacer las cosas bien en el concierto del comercio internacional.

La fórmula que aplica es devastadora, pero quizás le funcione a él y a los intereses de su país. Recordemos dos cosas fundamentales. Primero: Donald Trump es presidente de los Estados Unidos y está ejerciendo su mandato con toda la fuerza posible. Segundo: todo lo que está haciendo lo dijo en campaña, lo cual lo convierte en uno de los pocos políticos que cumple lo que promete.

Estados Unidos, a partir del 2 de abril, ya no tiene amigos —si alguna vez los tuvo—. Impone la fuerza como instrumento de amistad y el abuso impositivo como señal de buena fe o como invitación para negociar. Ahora más que nunca, la frase de Henry Kissinger cae como anillo al dedo: “Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser amigo es fatal”.

El actual inquilino de la Casa Blanca tiene como meta volver a hacer grande a su país. Para ello, es necesario reducir el inmenso aparato estatal. Por eso creó el MAGA, a cargo de Elon Musk, y hasta donde se ve, está haciendo un buen trabajo combinando bisturí y motosierra. Se espera que, en este primer año, EE. UU. logre ahorrar 40 mil millones de dólares reduciendo el inmenso aparato estatal.

Otro objetivo es reducir el déficit de la balanza comercial: EE.UU. pierde al año 918 mil millones de dólares en su intercambio comercial con todos los países del mundo. Los aranceles impuestos a todos ellos tienen un mensaje entre líneas: «Siéntate a negociar. La fiesta se acabó». Finalmente, su otro gran objetivo es que la industria mundial vuelva a producir dentro del territorio norteamericano. ¿Podrán los aranceles obrar ese milagro? Solo el tiempo lo diré. En campaña, Trump advirtió que sería un año muy difícil, pero que al final se conseguiría el objetivo.

Estamos de acuerdo: las formas, los modales y la soberbia de Donald Trump suelen ser insoportables. Cerca de cumplir los 100 días de su gobierno, sus cartas ya están sobre la mesa. Lo que quiere y lo que busca está claro. ¿Qué le queda al Perú en esta guerra comercial? Respirar hondo, no darnos de dignos, y aferrarnos a nuestro comercio con Asia. Nuestra solvencia macroeconómica hará que podamos sortear esta tormenta.

Se viene un gran acuerdo entre China, Japón y Corea del Sur, al que seguramente podría unirse la India. En esa foto, el Perú debe estar presente con lo mejor de nuestra agroindustria y nuestros minerales, sin dejar de mirar —y sonreír— al huracán llamado Donald Trump.

(*) Analista internacional

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