La izquierda progresista en Hispanoamérica tiembla. La eventual caída del narcoestado venezolano puede traer reacciones insospechadas. Si bien es cierto que las cabezas visibles —Maduro, Cabello y Padrino López— concentran la atención mediática, existen otros actores de esta siniestra novela llanera que, de acuerdo con su destino final, podrían aportar información valiosísima. Esa información permitiría entender que el monstruo venezolano del “socialismo del siglo XXI” tiene múltiples aristas y que compró conciencias en casi todos los países de habla hispana. Ni siquiera el caso Odebrecht alcanzaría la magnitud de lo que puede revelarse si la dictadura venezolana cae.
Pienso en los hermanos Jorge Rodríguez y Delcy Rodríguez, puntales del régimen desde los tiempos de Hugo Chávez. Aunque poco mencionados en crónicas y columnas periodísticas, ambos han sido ejes fundamentales en la red internacional del crimen organizado que sostiene al poder en la patria de Simón Bolívar. Si ellos se acogieran a una colaboración eficaz y contaran todo lo que saben, el mapa político de la región cambiaría drásticamente: se iniciaría un efecto dominó de consecuencias imprevisibles.
El régimen cubano sería el primer afectado. No es un secreto que su servicio de inteligencia está al servicio de la tiranía venezolana y que participa activamente en sus negocios ilícitos. Incluso existen reportes de militares cubanos destacados en Caracas. Otro afectado inmediato sería el gobierno socialista de España: no hay que olvidar que el principal mediador internacional de la dictadura chavista ha sido José Luis Rodríguez Zapatero, ex jefe de estado español y mentor político del actual jefe de estado Pedro Sánchez. Recuerdo un episodio ocurrido en Madrid: pese a tener prohibido el ingreso a la Unión Europea, Delcy Rodríguez, hoy vicepresidenta, aterrizó en Barajas. Descendió con varias maletas —se sospecha que contenían dinero— y fue recibida por el entonces ministro de Transportes, José Luis Ábalos, hoy encausado por casos de corrupción. Una visita breve, pero muy significativa.
Nicaragua, Honduras y México también observan con atención. Sus vínculos con el régimen de Maduro son evidentes. Según informes, estos países son rutas obligadas de los cargamentos de droga. Parte de la movilización reciente de la flota norteamericana estaría vinculada a las confesiones de Hugo “el Pollo” Carvajal, exjefe de inteligencia militar venezolana, hoy preso en Estados Unidos y colaborando con la justicia. A ello se suman declaraciones de Ovidio Guzmán, alias “el Ratón”, hijo del “Chapo” Guzmán, quien señaló a Maduro como jefe del Cartel de los Soles y socio del Cartel de Sinaloa. Gracias a esta confesión, Ovidio logró que 17 familiares suyos, vinculados a la organización, fueran admitidos en Estados Unidos. Estas revelaciones fueron determinantes para que Washington adoptara decisiones más firmes contra el régimen.
Las horas corren. Es solo cuestión de tiempo para que la infame narco-dictadura venezolana caiga, y con ella se revelen los secretos de muchos políticos latinoamericanos que estuvieron seriamente ligados a esta organización criminal. Surgen nombres como los de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Ollanta Humala en Perú, Lula da Silva en Brasil, Rafael Correa en Ecuador o Andrés Manuel López Obrador en México, entre otros. Solo hace falta dar tiempo al tiempo.
(*) Analista Internacional




