16 de abril de 2026

|

Lima: Cargando...

Por: Bruno de Ayala Bellido // Palestina e Irán: una verdad incómoda (Parte 1)

Bruno de Ayala Bellido

Cuando un Estado promotor del terrorismo internacional, durante más de 40 años, resume su política exterior en la destrucción total de otro Estado, ese país no debe poseer armas nucleares. Así de simple. Este es el caso de Irán, una república islámica chií (el chiismo es una rama minoritaria del islam, aproximadamente el 15%; la otra es la suní, que representa cerca del 85%), y el Estado de Israel, fundado hace 77 años.

Los adláteres del terrorismo internacional —el progresismo o los llamados caviares— por desconocimiento, malicia o interés económico, intentan presentar este último capítulo de una guerra, que se inició el 7 de octubre de 2023 con la matanza de 1,200 inocentes y el secuestro de 251 personas, como una agresión injustificada de Israel contra la dictadura teocrática de Irán. Nada más lejos de la verdad. Ya sabemos cómo la izquierda internacional reescribe la historia de acuerdo con sus intereses; pasó en el Perú también, con los asesinos criminales de Sendero Luminoso. En eso, los peruanos estamos curados. Lo sorprendente es cómo la mayoría de los medios de comunicación tradicionales de todo el mundo le hacen el juego a Estados bárbaros y a movimientos terroristas impresentables, cuya cobardía e insania mental son infinitas; como es el caso de Hamas, en la Franja de Gaza, que utiliza a su propia población como escudo humano. Saben que esas muertes inocentes son su mejor propaganda: así de perversa es la mente de ciertos “seres humanos”.

Tuve la oportunidad de ver una entrevista de la cadena SER, en España, al embajador de Irán en ese país. Nunca había visto lo sinvergüenza, descarado e indecente que puede llegar a ser cierto periodismo. Sabemos que España está capturada por el progresismo, por esos “ellos, ellas y elles” que se creen dueños de la verdad absoluta y creen tener una superioridad moral e intelectual de la que claramente carecen. Pero tener al embajador de un Estado que oprime a su pueblo —sobre todo a mujeres y homosexuales, supuestamente una de las banderas ideológicas del progresismo— y no preguntarle nada sobre esos temas, o dejar pasar la oportunidad de conocer la versión oficial sobre el financiamiento de Irán a grupos terroristas o su presencia en Hispanoamérica (recordemos el atentado a la AMIA en Buenos Aires, 1994), o simplemente no preguntarle por qué no están dispuestos a coexistir con Israel, es hacerle el juego —o, por lo menos, blanquear— a un gobierno retrógrado, radical y que considera a cristianos y judíos como infieles, quienes, según su interpretación de su libro sagrado, deben ser exterminados si no se convierten.

Esta es una guerra entre el bien y el mal. De eso estoy totalmente seguro. Que Israel no es perfecto, lo tengo claro, y que llegado el momento tendrá que rendir cuentas, como todo en la vida, eso también es cierto. Pero por ahora, como dijo el político alemán Friedrich Merz, “este es el trabajo sucio que Israel está haciendo por todos nosotros. De lo contrario, podríamos habernos enfrentado a meses o años de terror por parte de este régimen, y posiblemente con un arma nuclear en su poder”.

(*) Analista internacional

Scroll al inicio