1 de abril de 2026

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Lima: Cargando...

Por: Bruno de Ayala Bellido // ¿Por qué tenemos políticos tan mediocres y corruptos?

Bruno de Ayala Bellido

En Geopolitik, el programa que conduzco en Resurge TV, entrevisté a un quijote de la historia: Rafael Aita, conocido como “Capitán Perú”, una auténtica máquina de datos históricos. El motivo era intentar descifrar si podíamos encontrar, en la historia republicana del Perú, un punto de quiebre que responda a dos preguntas fundamentales: la primera, surgida de la magistral pluma de Mario Vargas Llosa en Conversación en La Catedral: їcuбndo se jodiу el Perъ?; y la segunda, nacida del clamor popular: їpor quй tenemos polнticos tan mediocres y corruptos?

La conversación surgió a raíz de las recientes sentencias a dos expresidentes peruanos, Martín Vizcarra y Pedro Castillo, ambos condenados en la misma semana: uno por corrupción, el otro por intentar un golpe de Estado. ¿Cómo pudo el Perú dar lugar no solo a estos dos personajes nefastos, sino en general a una clase política tan mediocre y tan desconectada de la realidad nacional?

La conversación fluyó de manera interesante. Intentamos encontrar ese momento fundador del desastre peruano. ¿Está en los albores de la Independencia? Tal vez en la conflictiva presencia de Simón Bolívar, figura que generó profundas divisiones y que impuso un modelo republicano cuando buena parte del país aún albergaba sentimientos monárquicos —ya sea hacia la corona española o hacia la idea de una monarquía propia.
O quizá el punto de quiebre estuvo en la era del guano, cuando una riqueza inusitada dio paso a los primeros grandes contratos, al expolio sistemático de nuestros recursos y al desarrollo de la corrupción política a escala industrial.

También exploramos la Guerra con Chile (1879–1883), que dejó al antiguo territorio del Tahuantinsuyo y posterior Virreinato del Perú en ruinas materiales y morales, con un país devastado y un alma colectiva profundamente herida.

Analizamos factores externos, como la conocida “leyenda negra” promovida por ingleses y franceses contra España. Esa visión demonizada de la conquista, difundida durante siglos, afecta directamente al Perú, que fue el principal territorio hispánico en Sudamérica. No solo heredamos una identidad mestiza y una tradición cultural compleja: también la conservación de lenguas nativas, algo que, según muchos historiadores, no habría sucedido bajo modelos coloniales anglosajones o franceses, mucho más asimilacionistas y excluyentes.

Al llegar al siglo XX, revisamos las dictaduras de Leguía, Sánchez Cerro y Odría. Está claro que todas, en mayor o menor medida, contribuyeron a sembrar en la clase política peruana la normalización de la corrupción.
Pero cuando analizamos el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, encabezado por el general Juan Velasco Alvarado (1968–1975), todas las alarmas se encendieron. Aquellos años resultan claves para entender cómo la educación fue distorsionada, cómo se entregó la cultura a una izquierda simplista y dogmática, y cómo se sembró en generaciones de jóvenes —desde fines de los 60 del siglo pasado— un profundo rechazo a nuestra identidad histórica.

Mientras tanto, la vieja derecha, obsesionada exclusivamente con la economía, dejó el campo cultural y educativo “a los lobos rojos”, desentendiéndose de la formación de las futuras generaciones.

Si queremos encontrar una respuesta a esas dos preguntas —¿cuándo se jodió el Perú? y ¿por qué tenemos una clase política tan pobre? —, tendríamos que identificar esta época como un momento bisagra.
La revolución velasquista destruyó la educación, desmanteló el campo, centralizó el poder como nunca antes y, lo más patético y cruel a la vez, exaltó una visión romántica e ideologizada de lo indígena mientras denostaba nuestro pasado como imperio y como virreinato.

Tal vez ahн, en ese quiebre cultural profundo, es cuando realmente se jodiу el Perъ.

(*) Analista Internacional

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