2 de noviembre de 2026

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Por: Bruno de Ayala Bellido / ¿Qué saben en el hemisferio norte que nosotros no sabemos?

Bruno de Ayala Bellido

Una pregunta que suena conspiranoica o al inicio de una novela de misterio. Sin embargo, cuando países como Alemania, Suecia, Noruega, Francia, Japón y Finlandia recomiendan a sus ciudadanos prepararse para afrontar emergencias, la interrogante deja de ser una simple especulación. ¿Saben algo que nosotros, en el hemisferio sur, todavía no sabemos, pero sí sospechamos?

La realidad es que Europa y Asia están reforzando sus medidas de prevención ante posibles crisis. Alemania recomienda disponer de suministros para diez días, mientras otros países aconsejan prepararse para afrontar al menos 72 horas sin asistencia externa. No estamos hablando necesariamente de una guerra mundial, sino de la posibilidad de que varias amenazas coincidan y pongan en jaque la vida cotidiana.

¿Estamos ante una combinación de desastres naturales, conflictos geopolíticos y crisis energéticas? Las hipótesis son varias.

La primera amenaza es energética. Europa se aproxima al invierno con una situación particularmente delicada. Las tensiones en Oriente Medio y las dificultades para garantizar el suministro de gas natural licuado están presionando los mercados internacionales. El precio del gas europeo ha experimentado fuertes incrementos, mientras la incertidumbre sobre el petróleo amenaza con trasladarse al transporte, la electricidad y los alimentos.

El problema no es únicamente cuánto cuesta un barril de petróleo o una unidad de gas. La verdadera amenaza es la posibilidad de que una interrupción del suministro desencadene una crisis económica y social. Una guerra, un bloqueo marítimo o un ataque contra instalaciones energéticas puede convertir una economía estable en una economía vulnerable.

Y aquí aparece la geopolítica. La guerra de Ucrania, la confrontación en Oriente Medio y las tensiones entre China y Taiwán no son acontecimientos aislados. Son piezas de un tablero donde las grandes potencias compiten por el control de rutas comerciales, recursos estratégicos y territorios.

Un conflicto en el estrecho de Taiwán podría afectar las cadenas de suministro tecnológicas. Una escalada en Oriente Medio puede encarecer los hidrocarburos. Y una crisis en Europa podría obligar a los países asiáticos a competir por el mismo gas natural licuado.

La segunda amenaza es climática. El fenómeno de El Niño representa un riesgo que el Perú no puede ignorar. La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) mantiene la alerta de El Niño Costero y advierte sobre la posibilidad de que alcance una magnitud extraordinaria durante los próximos meses.

Las consecuencias podrían ser devastadoras: inundaciones, huaicos, destrucción de carreteras, pérdidas agrícolas y daños a la infraestructura. También existe el riesgo de sequías en determinadas regiones, afectando la generación hidroeléctrica y el abastecimiento de agua.

El Niño no es solamente un problema meteorológico. Es una amenaza económica, energética y de seguridad nacional. Si las lluvias destruyen carreteras, se interrumpe el transporte de alimentos y combustibles. Si disminuye la generación hidroeléctrica, aumenta la presión sobre otras fuentes de energía. Si se pierden cosechas, suben los precios y se deteriora la capacidad adquisitiva de las familias.

¿Y qué estamos haciendo para prepararnos?

El Perú necesita abandonar la improvisación. No podemos esperar a que las inundaciones destruyan ciudades o que una crisis energética golpee nuestros hogares para recién reaccionar.

Debemos fortalecer nuestras reservas estratégicas, proteger las infraestructuras críticas, garantizar el abastecimiento de combustibles y preparar a nuestras instituciones para responder ante emergencias.

La prevención no es alarmismo; es responsabilidad.

Tal vez los gobiernos del hemisferio norte no sepan exactamente qué ocurrirá mañana. Pero sí parecen comprender que el mundo atraviesa una etapa de incertidumbre donde varias crisis pueden coincidir.

La pregunta no es si debemos tener miedo. La pregunta es si estamos preparados.

Porque cuando las grandes potencias comienzan a prepararse para lo peor, el Perú no puede darse el lujo de seguir esperando lo mejor.

(*) ANALISTA INTERNACIONAL

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