7 de abril de 2026

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Por: Bruno de Ayala Bellido // Reconocimiento de Somalilandia: Israel mueve ficha en el cuerno de África

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Que la geopolítica es fascinante no admite discusión. Cada movimiento, cada gesto diplomático y cada reconocimiento internacional, puede alterar equilibrios regionales y globales. En ese marco debe leerse el acercamiento estratégico entre Israel y Somalilandia, una relación que se traduce en un reconocimiento formal por parte del Estado hebreo, ya sacude el tablero geopolítico del Cuerno de África y despierta inquietudes en actores regionales y globales.

El Cuerno de África es una de las regiones más sensibles del planeta. Está conformado por Somalia, Somalilandia, Etiopía —país sin salida al mar—, Yibuti y Eritrea. En conjunto, esta zona cuenta con más de 3.300 kilómetros de costas bañadas por el mar Rojo, el golfo de Adén y el océano Índico. Su ubicación es estratégica: conecta África con Medio Oriente y Asia, y funciona como una de las arterias principales del comercio mundial. Por esta franja marítima transita aproximadamente el 15 % del comercio global y cerca del 30 % del tráfico mundial de contenedores, lo que explica su permanente militarización y disputa geopolítica.

Frente a estas costas se encuentra Yemen, un Estado fallido donde los hutíes —milicia chií respaldada por Irán— controlan amplias zonas del territorio. Estos grupos son enemigos declarados de Israel y han demostrado su capacidad de desestabilización atacando buques mercantes y amenazando la navegación internacional. Controlar o influir en este corredor marítimo no es un capricho: es una necesidad estratégica para cualquier potencia que aspire a garantizar su seguridad y la de sus aliados.

Somalilandia, antigua colonia británica, declaró unilateralmente su independencia de Somalia en 1991, tras el colapso del régimen de Siad Barre. Su capital es Hargeisa y, a diferencia de la Somalia internacionalmente reconocida —antigua colonia italiana—, ha logrado construir instituciones funcionales: posee moneda propia (el chelín de Somalilandia), emite pasaportes, celebra elecciones periódicas y mantiene un nivel de estabilidad política inusual en la región. Sin embargo, pese a más de tres décadas de funcionamiento como Estado de facto, no ha sido reconocida formalmente por ningún país miembro de la ONU hasta ahora.

En este contexto, Israel aparece como un actor el primero en reconocerlo que tendra profundas implicancias. No se trata solo de diplomacia: se trata de seguridad. Turquía, hoy uno de los principales rivales estratégicos de Israel, mantiene acuerdos militares con Somalia y ha obtenido licencias para explorar hidrocarburos en sus costas. Además, Ankara ha incrementado su presencia militar y política en la región, desafiando abiertamente la influencia israelí y estadounidense.

África, por su parte, vive una reconfiguración acelerada. China y Rusia han desplazado progresivamente a las antiguas potencias coloniales europeas, mientras el islamismo radical continúa expandiéndose, especialmente en el Sahel y el Cuerno de África, con masacres recurrentes de comunidades cristianas. Estados Unidos ha respondido con operaciones militares selectivas contra grupos yihadistas en distintos puntos del continente, conscientes de que África ya no es un escenario periférico, sino un frente central de la disputa global.

El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel no es un gesto simbólico. Implicaría acceso estratégico, cooperación en inteligencia y, potencialmente, presencia militar que permitiría vigilar y contener a los hutíes en Yemen, así como proteger las rutas marítimas vitales para el comercio internacional. Sin duda, una jugada audaz, de alto riesgo, pero coherente con la lógica de supervivencia y proyección estratégica del Estado israelí.

El tablero está en movimiento. Y África, una vez más, se convierte en el epicentro silencioso donde las grandes potencias juegan el ajedrez geopolítico.

(*) Analista internacional

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