“Detesto a Trump, detesto a Bukele, critico a Milei… Sí, soy de izquierda. A mucha honra”.
Una declaración de intenciones, una confesión desbordante que sale de lo más profundo de su ser, y de la cual surge dos preguntas: ¿En qué momento la derecha peruana perdió al brillante Jaime Bayly? ¿En qué momento la izquierda progresista/woke ganó al patético Jaime Bayly? Una metamorfosis a la inversa transformó al mediático escritor, que abandonó las trincheras libertarias para abrazar los oscuros vericuetos del progresismo abortista, destructor de la familia, amante de hormonar niños, del absurdo idioma inclusivo, del feminismo dogmático, de la religión climática, de la tolerancia a la pedofilia, del consumo de drogas duras y blandas, del globalismo mesiánico… y un largo etcétera.
Perdimos a Jaime Bayly, pero lo mejor de él se quedó con nosotros: su pluma ágil, sus certeros comentarios, su contundente oposición al comunismo y al socialismo, que hoy abraza con ardor. La luz que desprendía en la televisión de los años 90 se apagó. Jaime Bayly y sus despojos se los lleva el progresismo woke. Está donde merece estar: alineado con lo políticamente correcto, intentando por todos los medios que el desquicio y la intolerancia progre triunfen sobre el sentido común.
Asume en su declaración que el ser humano tiene “la libertad de hacer con su cuerpo lo que sea”, dice el escritor de 60 años: de pasar de hombre a mujer, y de mujer a hombre si así lo desea. Parece que los millones de dólares en su cuenta bancaria y su diagnóstico de bipolaridad lo hacen olvidar que, por más cirugías, por más plástico implantado y por más hormonas en el cuerpo, no se deja de ser hombre o mujer. La biología —esa “maldita” ciencia para el progresismo— es un escollo difícil de saltar. Solo les queda imponer una percepción personal a la fuerza, con leyes, y con cárcel si es posible, que obliguen a los demás a aceptar lo inaceptable.
El progresismo wok ha ganado un aliado, no un amigo. Bayly, díscolo e incongruente, cambia de opinión como una quinceañera de novio. No me sorprendería verlo, en unos años, con el rosario y la Biblia declarando su conservadurismo cristiano. Es el mismo Bayly que factura desde las redes sociales anunciando, desde hace más de ocho años, la caída del narco régimen venezolano, con fuentes nacidas, seguramente, de su volcánica imaginación. Un personaje multicolor escapado de sus propias novelas, un “pudo ser” que se quedó en un proyecto fallido. Su legión de fans lo seguirá, no hay duda, no por su veracidad, sino para presenciar el ocaso de uno de los mitos de la televisión hispanoamericana.
Adiós, Jaime Bayly. La historia y tus decisiones personales te colocan en el lugar que mereces. En el recuerdo queda tú, inolvidable novela No se lo digas a nadie y esa última, Los genios, como tu salvoconducto para un buen recuerdo. Cuídalo. Milita con ardor en tu causa progre wok que tanto te define. Desde mi lado de la vereda, serás el escritor que pudo ser presidente del Perú y que terminó en el lado oscuro de la política más irracional anti familia, anti niños y anti vida.
(*) Analista internacional




