14 de mayo de 2026

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Por: Bruno de Ayala Bellido // Vladimir y Donald: un cara a cara esperado en Alaska

Bruno de Ayala Bellido

Según Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, la cumbre entre Donald Trump y Vladimir Putin en Alaska es una victoria personal para este último, el “zar de todas las Rusias”. Y algo de razón tiene: este encuentro confirma varias cosas. Primero, el soberano ninguneo histórico a la Europa progresista, que no tiene silla en la mesa de negociaciones. Segundo, la confirmación de que esta guerra ha sido, en esencia, un enfrentamiento entre la OTAN —léase Estados Unidos— y Rusia, en territorio ucraniano, utilizando soldados ucranianos para defender los intereses expansionistas de una Alianza Atlántica que nunca ha logrado descifrar por completo a su némesis rusa en la geopolítica de esa región.

Anchorage, en Alaska, será el escenario donde dos de los tres grandes actores globales —el otro es Xi Jinping, de China— se reúnan para intentar poner fin a la guerra en Ucrania. Sin duda, ese será el motivo principal, pero sobre la mesa girarán otros asuntos de relevancia mundial: la situación en Venezuela y sus reservas de petroleo, las rutas estratégicas del Ártico, las inversiones estadounidenses en Rusia, la posible reactivación del gasoducto Nord Stream, el equilibrio en Oriente Medio y, cómo no, la posibilidad de que Putin actúe como puente entre Trump y la enigmática China de Xi.

La última vez que ambos líderes se vieron fue en Helsinki, Finlandia, en 2018. Aquella reunión dejó claro que el entonces multimillonario presidente sentía admiración por el liderazgo del todopoderoso Putin, y este último lo sabe y lo explota a su favor con notable habilidad.

Rusia no tiene prisa por acabar la guerra. Se siente cómoda soportando la presión mientras India y China continúen haciendo negocios con ella. Moscú avanza lentamente, incorporando de forma gradual territorio ucraniano. Sin embargo, Putin podría mostrarse pragmático: si se le deja todo el Donbás, se le reconoce la soberanía sobre Crimea y se garantiza que el resto de Ucrania no ingresará en la OTAN, es posible que acepte firmar —quizá— un armisticio o un alto al fuego y pasar la página. Eso sí, no olvidará reclamar los más de 300 mil millones de dólares de activos rusos congelados en bancos europeos. Un “pequeño detalle”: buena parte del dinero entregado a Ucrania proviene de los intereses generados por esos fondos, lo que demuestra que los progresistas europeos no son tan ingenuos como parecen.

La cumbre de Alaska podría marcar el fin de la guerra en Ucrania, satisfaciendo los intereses de ambos líderes: Trump proyectándose como “el hombre de la paz” e introduciendo a las empresas estadounidenses en el mercado ruso, y Putin consolidando su victoria, alejando a la OTAN de sus fronteras y guardando para el futuro otros objetivos históricos que el oso ruso persigue con determinación.

Este cara a cara será, sin duda, histórico. Y nos recuerda lo pequeños que somos frente a la sombra de estos gigantes. En el tablero de la geopolítica mundial, no somos más que piezas de ajedrez o cartas en un juego de poker que nunca termina.

(*) Analista Internacional

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