Mientras la derecha se reparte la torta entre López Aliaga, Fujimori, Álvarez y Butters, Acción Popular el partido del centro necesita reencontrar su voz en un país donde la sobrevivencia pesa más que la ideología.
Los motores calientan y la campaña electoral arranca. En la línea de partida, Rafael López Aliaga aparece con un importante respaldo popular, sobre todo en Lima. El proyecto del Tren de Rafael, aunque aún sin rieles, le ha servido para proyectar obra y conectar con el votante popular del este limeño. Es, además, el único candidato que se ha enfrentado abiertamente al gobierno, algo que no ocurre con el fujimorismo ni con Alianza para el Progreso, que hoy conviven cómodamente con el Ejecutivo.
Ser alcalde de Lima lo ha ayudado a posicionarse en el escenario nacional y lo ha convertido en uno de los favoritos para la contienda presidencial. Sin embargo, pesa sobre él la conocida ‘maldición del alcalde de Lima’: ninguno de sus antecesores que aspiró al sillón presidencial lo consiguió. No lo digo yo, lo dice la historia. El único caso exitoso fue Luis Guillermo Bilinghurst, Pan Grande, del Partido Civilista, quien pasó de la alcaldía limeña a la Presidencia en 1912.
Hoy López Aliaga marca tendencia al alza, pero su renuncia de octubre podría costarle caro: la ciudadanía podría verla como un abandono de cargo. ¿Lima se lo perdonará? Recuerdo una conversación en su ya desaparecida casa de Miraflores, donde se hablaba de la posibilidad de renunciar a la alcaldía de Lima aún sin haber sido alcalde. Es claro que a Rafael no le tiembla la mano, y ahora su gran trabajo político está en las provincias, donde busca ampliar su base electoral más allá de la capital. Esta coyuntura también pone en vitrina a Renzo Reggiardo, quien tendrá la oportunidad de mostrar cómo sería un eventual gobierno suyo de la capital.
Keiko y el fin del voto duro
Keiko
Fujimori enfrenta la elección más cuesta arriba de su vida política. La muerte de su padre puede haber cerrado el ciclo del fujimorismo histórico y debilitado su voto duro fiel pero insuficiente—. Hoy, incluso muchos de sus antiguos votantes la culpan por la elección de Castillo, y pensarán dos veces antes de volver a apoyarla. El establishment ya no la ve como opción. Parte de ese respaldo se fue con López Aliaga, otra fracción con Carlos Álvarez.
A ello se suma que Keiko cogobierna con Dina Boluarte. Su bancada, su entorno y su aparato partidario han sido socios funcionales del actual régimen, aprobando leyes, blindajes y designaciones. Esa cercanía con el poder la aleja del discurso opositor y erosiona su narrativa de ‘renovación’. A los amigos caviares les digo: pueden dormir tranquilos, es muy probable que Keiko no pase a segunda vuelta.
Carlos Álvarez: indignación sin propuesta
Carlos Álvarez cuenta, según fuentes cercanas, con respaldo de grandes empresarios mineros, pero su debilidad es la falta de contenido técnico y visión de Estado. Hasta ahora solo se le ha visto indignarse ante la delincuencia y la corrupción —algo que puede hacer cualquier peruano—. Su gran propuesta es ‘expulsar venezolanos y sacar tanques a la calle’. Esa receta enciende emociones pero no construye futuro.
Acción Popular: volver al centro
Mientras la derecha se reparte la torta, Acción Popular tiene la oportunidad —y la obligación— de reconquistar su espacio natural: el centro político. Recordemos que en los años 60 a Belaunde lo tildaban de comunista. No lo era, pero sí entendía algo que muchos olvidan: el Perú no es un país de emprendedores, es un país de sobrevivientes.
La señora que vende anticuchos en la esquina no es una emprendedora: es una sobreviviente que lleva décadas ganándose la vida así. Poco le importan los discursos sobre democracia o libertad. El miedo a ‘volvernos Venezuela o Cuba’ no funciona con quien ya vive como si estuviera ahí. Por eso ganó un tipo como Castillo: porque la gente quiere alguien que le hable de pan, no de ideología.
El reto del partido de Belaunde
Acción Popular debe volver a ser el partido del minero artesanal, del pescador y del pensionista, no el de las grandes corporaciones. Alfredo Barnechea podría articular ese mensaje, pero su tono distante y su ausencia partidaria le restan legitimidad. Víctor Andrés García Belaunde (Vitocho), en cambio, representa la experiencia y el afecto popular: su decisión de encabezar la lista al Senado es una buena noticia para el partido. Y finalmente, Julio Chávez Chiong, actual presidente de Acción Popular, ha aceptado el reto de competir en las internas con el respaldo mayoritario de la militancia.
El desafío está planteado: volver a hablarle al pueblo con verdad, empatía y propósito. Porque el Perú está cansado de escuchar, pero sigue deseando creer en alguien que luche por él.
(*) Abogado y político




