La existencia de Jesús y su nacimiento son muy importantes para todos los seres humanos, especialmente para aquellas religiones que, de una u otra forma, creen en Él.
En el caso del Perú, donde se profesa la religión católica, el 25 de diciembre, fecha en la que se celebra la Navidad, implica una serie de tradiciones que se manifiestan de diferentes maneras en muchas regiones del país. Estas tradiciones van desde la forma de recibir la llegada del Niño Jesús, junto a la Virgen María, San José, los pastores, aldeanos y animales, representada en los nacimientos elaborados en los diferentes hogares y en las iglesias, con diversos adornos y tamaños, hasta el ritual místico del Adviento, durante el cual, a lo largo de cuatro semanas, se prepara espiritualmente para comprender plenamente quién fue nuestro Señor Jesucristo.
Jesús vino al mundo con un propósito muy distinto al de otros líderes religiosos, como los de las religiones budista o mahometana, entre otras, quienes provenían de posiciones elevadas, con riqueza, poder o ejércitos para imponer leyes, y que fueron regidores de sus propias religiones, algunos con doctrinas que se consideraban únicas y dominantes sobre los demás seres humanos, a quienes se les exigía respeto y temor.
Jesús, en cambio, nació en una cueva destinada a ovejas, en las condiciones más humildes que se podrían esperar para quien sería nuestro Dios. Llegó solo con amor en su corazón, como mandato del Gran Hacedor, a través del Espíritu Santo en la Virgen María. Fue enviado al mundo para conquistar a la humanidad únicamente con su amor. Vivió entre nosotros, fue aclamado por los milagros que realizó y, finalmente, dio su vida en la cruz por aquellos que, después de amarlo, llegaron a odiarlo y humillarlo, para luego arrepentirse y adorarlo como lo hacemos hoy. Esto ocurre aun cuando el mundo se encuentra más convulsionado que nunca, lleno de problemas y ambiciones que responden a intereses ajenos a lo que Él siempre predicó.
Hoy en día existe una gran discrepancia entre la ciencia, la filosofía, incluido el ateísmo, al intentar explicar la existencia de Dios. Sin embargo, la Tierra, el universo y el espacio sideral son cada vez más vastos en su perfección y funcionamiento, lo que demuestra que obedecen a un orden y, necesariamente, a alguien que los creó. Es decir, nada puede formarse de la nada; incluso la perfección del ser humano lo demuestra, todo sigue siendo un misterio. Ni siquiera la teoría del Big Bang resulta plenamente comprensible para muchos científicos en cuanto a su certeza absoluta.
A lo largo de la historia, hemos sido testigos de que en el mundo siempre han existido problemas derivados de intereses políticos, económicos y de recursos propios de cada país, ya sea en alianzas entre antiguos reinos o, actualmente, entre las grandes potencias mundiales. Al final, lo quieran o no, solo Dios ha influido en los seres humanos para encontrar soluciones viables a estas discrepancias y generar la paz.
Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, hoy el Perú no está exento de la fe y la esperanza en Dios, las cuales debemos mantener para decidir responsablemente por quién votar en las próximas elecciones presidenciales. Debemos elegir no al que encabece las encuestas, ni al que tenga el partido más grande, ni al que posea más dinero o poder, sino al más sabio, al más honesto, al que crea verdaderamente en Dios y esté a favor de las necesidades de los pobres y de quienes menos tienen. Esa sería la votación más adecuada para lograr el mejor presidente del Perú en el año 2026.
¡Estamos advertidos!
(*) Teniente General FAP




