2 de marzo de 2026

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Lima: Cargando...

Por: César David Gallo Lale / ¿Un país con mala sangre?

César David Gallo Lale

Desde hace más de 400 años, hemos vivido con el alma de cortesanos, serviles, falsos y traidores, será que está impregnada en nuestra sangre; parece parte del ADN nacional. Convivimos con virreyes corruptos, caudillos traidores, presidentes genocidas y autoridades públicas inmorales, sumados a putrefactos poderes del Estado.

La miseria mental, la prostitución sistémica, la falta de valores y la corrupción no son accidentes: son rasgos históricos que han costado miles de millones en desarrollo perdido. Somos el único país que ha tenido cinco presidentes presos en una década y más de 300 ministros en ese mismo periodo.

¿Y la moral, la ética, el valor de estas autoridades? Incluyo a los garantes de la constitución: militares y policías que durante golpes de Estado o censuras ilegales, se vendieron o se quedaron de brazos cruzados. Fue nauseabundo ver cómo se intercambian votos por cuotas de poder.

La anemia mental identifica a gran parte de nuestra población: sin reflexión ni capacidad crítica, no se pueden elegir funcionarios competentes. El segundo gen es el “más sabido”, atrapado en un país donde todo se vende, donde la informalidad domina y prevalece la “ley del más vivo”. Según el INEI, el 70,7 % de la población ocupada trabaja informalmente; en zonas rurales, más del 94 %.

La informalidad no es solo pobreza: es una estrategia de supervivencia ante un Estado que cobra pero no protege. El “país prostituido” no es una metáfora exagerada: políticos, jueces, fiscales y congresistas venden votos y favores, y la gente actúa bajo el “¿y cuánto para mí?”. El largo plazo pierde frente al beneficio inmediato.

No todo peruano es así. Hay emprendedores formales, jueces íntegros, policías y militares honestos, y ciudadanos que votan sin venderse. Pero mientras la regla predominante sea la impunidad y el interés personal, la metáfora sigue vigente.

El primer paso para cambiarlo es aceptar el diagnóstico: fortalecer instituciones, garantizar justicia independiente, simplificar trámites sin coimas y educar para romper la “ley del más vivo”.

Y hoy, a seis semanas de elecciones, con más de la mitad de los votantes irreflexivos y candidatos cuestionables, nos preguntamos: ¿Será mala sangre o ADN prostituido lo que definirá el resultado del 2026? O vendrá ¡Algo bueno! ¿Qué será?

¡Estamos advertidos!

¡Comunismo y terrorismo nunca más en el Perú!

(*) Teniente General FAP

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