16 de marzo de 2026

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Lima: Cargando...

Por César Gallo Lale / Confusión anunciada o caos programado

César David Gallo Lale

 

Cédula electoral o enjambre de cinco columnas, 35 líneas y 175 elegibles, planificada a propósito por un reo como Martín Vizcarra C., desarrollada por el nepotista e inexperto analista político Fernando Tuesta S. y permitida por un Congreso de incapaces e inmorales, que aprobó este gran adefesio para trabar y deslegitimar los resultados de las elecciones del 2026.

¿Cuánto demorará leer, identificar y registrar el voto entre 175 opciones? ¿Cómo se administrará el tiempo de inicio y de término para los electores, que será totalmente diferente de unos a otros de acuerdo con su grado de comprensión, además de la capacidad de aforo del tipo de local designado para efectuar los comicios, es decir, ubicación, tamaño, horas de inicio y término del proceso, entre otros aspectos?

En el tiempo, la división política de los partidos en el Perú ha ocasionado su fragmentación, y los parámetros impuestos para la creación de otros han generado un pluralismo partidario incontrolable en el país. Lo peor es que nadie sabe con certeza por quién votar, pues no se tiene conocimiento claro de quiénes son en realidad todos los postulantes a la Presidencia de la República, diputados, senadores y representantes al parlamento andino, ni a qué movimientos representan.

Este descalabro nos hace pensar en el descontrol y la desorganización que habrá el día de las elecciones. No solo será difícil votar por no encontrar fácilmente la opción deseada, sino que surge la pregunta: ¿el voto en blanco será una solución para muchos electores? Además, existe un alto porcentaje de ciudadanos que, hasta ahora, no ha decidido por quién votar.

Más complicado aún resultará el conteo de votos y las impugnaciones respectivas, que a lo lejos se deduce serán muchas más que en las elecciones pasadas. ¿Qué pasará entonces con el sistema electoral para resolver los diferendos? ¿Quiénes serán los encargados de resolver las impugnaciones? ¿O habrá un descontrol y caos tal, que no permita llegar a un final justo y necesario, como el que la sociedad peruana espera?

Acabamos de presenciar la final de la segunda vuelta en las elecciones de Chile, donde existe una aceptación plena de los resultados electorales. Ha ganado la fusión de centro derecha con José Antonio Kast, ultra derechista, y el 11 de marzo de 2026 empieza un nuevo futuro, muy esperado por los chilenos, con una nueva estrategia fuera del comunismo internacional para enfrentar un mundo tan convulsionado, lleno de intereses que generan preocupación en los diversos continentes.

Aquí, en el Perú, vemos ahora el resultado de lo que ha sido el propósito de la intervención del Estado en la fragmentación partidaria desde años atrás. Para llegar a este colapso electoral que no avizora buen término, el Congreso fue el gran responsable, pues eliminó varias vallas que antes obligatoriamente se debían superar. Así, se hizo mucho más fácil formar partidos políticos.

Así lo planeó Martín Vizcarra durante su gobierno: con solo 24,000 militantes, sin ser necesariamente adherentes reales a una agrupación, se podía formar un partido político. Hoy tenemos como efecto que 35 partidos estén en carrera, es decir, una confusión anunciada para las elecciones del 2026.

Ante esta situación, sumada a la inseguridad desbordada en el país, hemos ido observando la presencia, presentación y anuncios de muchos candidatos, incluyendo la comparación de sus planes de gobierno. En este contexto, consideramos como un posible Salvador, ya conocido por su capacidad profesional, trato internacional, carácter, toma de decisiones y voluntad de hacer cambios administrativos, ejecutar obras de todo tipo, trabajar por los más pobres y solucionar el problema del transporte masivo, entre otros, a Rafael López Aliaga.

Aun con algunos detractores mediáticos que intentan desacreditar su monumental y eficiente gestión basados en supuestos defectos de personalidad que le atribuyen a causa de su confrontación directa con la corrupción, inmoralidad e ineficiencia gubernamental, vemos que este candidato no teme ni hace caso a la prensa amarilla, a los caviares, a los políticos de izquierda ni a la competencia desleal. Además, tiene valores firmes, es honesto, leal a sus promesas y, sobre todo, cree en Dios y ama al Perú.

Sería la solución más adaptable, practicable y aceptable para esta confusión premeditada, planeada y anunciada hace mucho tiempo.

¡Estamos advertidos!

(*) Teniente General FAP

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