28 de marzo de 2026

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Lima: Cargando...

Por: César Gallo Lale / El circo político peruano: nuevos récords de caos e inestabilidad

César David Gallo Lale

No conforme con ostentar el grosero récord mundial de presidentes en los últimos nueve años y más de 300 ministros en ese mismo lapso, el Perú acaba de batir una nueva y miserable marca. Hace un mes que el Congreso ungió a José María Balcázar como presidente interino, el noveno mandatario en una década, y ya acumula tres premieratos en pocos días. Al primero, Hernando de Soto, lo designó sin llegar a juramentarlo el tercer día de su mandato; la segunda, Denisse Miralles, “fue renunciada” a los 21 días de asumir su gestión; y hoy tenemos un nuevo premier: General de División EP Luis Enrique Arroyo.

En paralelo, el bufón interino ha nombrado y removido ministros, llegando a la cifra alarmante de 24 cambios en menos de un mes. Esta realidad, un circo, no es una anécdota; es el síntoma terminal de un sistema que se desmorona en tiempo real.

Es igualmente escandaloso observar cómo instituciones clave, como el Colegio de Abogados de Lima, han avalado nombramientos cuestionados.

El resultado es una administración de justicia capturada, plagada de corrupción, que ha marcado a presidentes desde el borracho y mujeriego Alejandro Toledo, condenado por coimas y prostitución, pasando por el genocida y delincuente Vizcarra, hasta el actual prontuariado Balcázar.

Este circo de payasos, absurdo, vulgar y repetitivo, es el que vive la nación día a día: Funciones grotescas donde bufones de turno juran lealtad a la Constitución para luego traicionarla en los siguientes días.

De Toledo a Vizcarra, de Castillo a Boluarte, de Jerí a Balcázar, la secuencia es la misma: Inestabilidad, corrupción endémica, incapacidad moral, continuas vacancias, gabinetes efímeros y un Congreso que elige presidentes como quien cambia de camisa; y ciudadanos que eligen a sus autoridades sin la capacidad cognitiva para emitir un voto meditado.

Mientras tanto, la maravillosa nación peruana, con su historia milenaria, su posición estratégica en el continente, su vasto y rico mar, sus recursos naturales y su gente trabajadora, sigue en situación miserable, atrapada en la desorientación, la informalidad y la desconfianza.

¿Qué podemos hacer entonces para salvar al Perú de esta lacra política?

Primero, exigir una reforma constitucional urgente que estabilice el Ejecutivo y fortalezca mecanismos de sucesión meritocrática en toda función pública.

Segundo, invertir masivamente en seguridad, salud y educación pública: Programas nacionales contra la anemia, nutrición escolar obligatoria y currículos que promuevan el pensamiento crítico desde la primaria.

Tercero, formalizar la economía con incentivos reales: Simplificación tributaria, simplificación de leyes laborales, simplificación administrativa, acceso al crédito y capacitación para que el 70 % informal pase a la formalización adecuada, a contribuir y a desarrollarse.

Cuarto, y fundamental: Participación activa. La sociedad civil debe fiscalizar, movilizarse y votar con criterio en las elecciones de abril. No más fraude ni resignación.

Los peruanos no deberíamos ser víctimas eternas de un circo chabacano y miserable; somos herederos de una nación capaz y de inmensa grandeza. Solo rompiendo el ciclo de mediocridad institucional y apostando por valores como la ética, la meritocracia, la seguridad, la educación, salud y la formalidad, salvaremos este país.

El cambio no vendrá de bufones; vendrá de tu voto como ciudadano peruano que ama su nación, consciente de exigir, esta vez y de una vez por todas, dignidad e idoneidad. Perú merece más que récords de vergüenza: Merece un futuro promisorio, ¡y de tu voto depende!

(*) Teniente General FAP

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