25 de julio de 2026

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Por: César Gallo Lale / El pulpo ideológico y el odio sectario de la izquierda peruana

César David Gallo Lale

El Perú vive una agresión psicopolítica sin precedentes. Nuestra sociedad está jaqueada por mafias político-sindicales y bombardeada por la maquinaria propagandística del marxismo-caviar, que ha perfeccionado su estrategia de dominación cultural, jurídica, educacional y formativa. Amordazada por sicarios mediáticos, entregada a la izquierda por políticos demagogos y confundida por la aparente moderación de muchos de sus enemigos, la mayoría democrática y silenciosa se siente desalentada por un derrotismo que pretende presentar la hegemonía marxista como irreversible.

La metáfora del pulpo ideológico rojo describe con precisión esta realidad. Sus ocho brazos aprisionan sectores sanos de la población, devorando mentalidades y anulando voluntades. Sus tentáculos se adhieren mediante discursos manipulados de derechos humanos, filantropía aparente y moderación teatral. El pulpo rojo vive oculto en el mar de la confusión, disfrazando su radicalidad bajo un manto de tolerancia y justicia social. Pero detrás de esa máscara se esconde un proyecto sectario que busca someter y destruir a la nación.

En este escenario aparece Roberto Sánchez, dirigente comunista que encarna el resentimiento y el odio hacia los políticos y gobernantes que no se alinean con la ideología radical. Su discurso no es el de la crítica constructiva ni el de la oposición democrática, sino el de la descalificación sistemática. Para Sánchez, cualquier autoridad que defienda la economía de mercado, la institucionalidad republicana o la libertad individual es automáticamente un enemigo del pueblo. Su narrativa convierte a los adversarios en alimañas, mientras que a los militantes de su causa los reviste de palomas incomprendidas, víctimas de un sistema opresor. Incluso antes de que el nuevo gobierno asumiera funciones, ya lo tildó de dictadura, anunciando su intención de abierta oposición y confrontación e impedir que se desenvuelva y gobierne democráticamente.

Este odio sectario se manifiesta en múltiples dimensiones. En lo político, Sánchez rechaza la legitimidad del gobierno elegido democráticamente acusando fraude electoral. En lo social, desprecia a quienes defienden valores tradicionales, acusándolos de reaccionarios. En lo económico, condena cualquier iniciativa privada como explotación, mientras justifica la corrupción de sus aliados como simples “errores administrativos”. Su lógica es binaria: quien no se somete a su ideología radical es un enemigo a destruir.

La estrategia de Sánchez y sus correligionarios se apoya en tres pilares: manipulación del lenguaje, victimización y desinformación. Redefinen conceptos como democracia y derechos humanos para que sirvan a su causa, presentan a los radicales como perseguidos e invisibilizan sus abusos, y utilizan medios afines para difundir narrativas que legitiman su proyecto y demonizan a sus opositores. Así, el pulpo rojo extiende sus tentáculos y captura mentalidades, debilitando la convivencia democrática.

El peligro de esta psicopolítica es que erosiona la confianza en las instituciones y normaliza el enfrentamiento permanente. Bajo el discurso de Sánchez, la pluralidad se convierte en traición, la discrepancia en delito y la moderación en complicidad con el enemigo. Este clima de odio sectario, frena el desarrollo del país y lo condena a un círculo vicioso de confrontación.

El comunista Sánchez representa la radicalidad que pretende aprisionar al Perú bajo tentáculos ideológicos. Pero la nación tiene la capacidad de rebelarse contra esa agresión psicopolítica. La tarea es clara: quitarle el disfraz de paloma a quienes actúan como alimañas, devolver la dignidad a los sectores democráticos y reafirmar que la libertad, el mérito y el orden institucional son valores irrenunciables. Solo así podremos cortar los brazos del pulpo rojo y liberar a la sociedad de su abrazo sectario.

Los “pulpitos rojos” intentarán infestar las aguas de la democracia en el Congreso y en las mafias que operan desde Tumbes hasta Tacna, pero la respuesta debe ser firme: “Comunismo y terrorismo nunca más en nuestro Perú”

(*) Teniente General FAP en retiro

 

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