16 de setiembre de 2026

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Por: César Gallo Lale / Los Jinetes del Apocalipsis en el Congreso: Obstrucción y Caos

César David Gallo Lale

En la historia política del Perú, el Congreso ha sido espacio de debate y reforma, pero también de crisis. En los últimos años, la percepción ciudadana ha cambiado: de ser un lugar de representación, se ha convertido en un campo de batalla donde ciertos actores no buscan legislar, sino imponer agendas sectarias, obstruir y sembrar caos.

En ese panorama emergen cuatro figuras popularmente conocidas como los «Jinetes del Apocalipsis»: Sánchez, Nieto, López Chau y Belmont. Con ellos llegaron sus bancadas, los simbólicos «pulpitos rojos», que no representan un compromiso con la democracia, sino una estrategia para dinamitarla desde adentro.

Más que propuestas, los pulpitos rojos son estandartes de resistencia contra cualquier intento de gobernabilidad. Desde la juramentación marcaron la pauta: no vinieron a construir consensos, sino a erigirse como opositores sistemáticos, con un estilo teatral que busca titulares, no soluciones.

Cada jinete cumple un rol en esta estrategia de obstrucción.

Sánchez, el incendiario, basa su política en la confrontación directa, las acusaciones y las frases efectistas. Presenta al Congreso como un campo de batalla contra quienes no comparten su sectarismo. Detrás de esa retórica no hay proyectos sólidos ni propuestas viables, solo una narrativa del caos que paralizará la discusión legislativa y convertirá cada sesión en espectáculo mediático.

Nieto, el estratega del obstruccionismo. Cada iniciativa de desarrollo y modernización del Estado encontrara en él un opositor férreo. Su lógica es que el estancamiento alimenta su discurso de crisis permanente. En lugar de legislar, dinamita puentes de diálogo y promueve la desconfianza hacia las instituciones.

López Chau, el agitador intransigente, representa la faceta más sectaria. Sus discursos, rígidos y mesiánicos, dividen al país entre «ellos» y «nosotros». Lejos de buscar consensos, fomenta la polarización social y alienta revueltas y movilizaciones que debilitan la democracia. Su aporte y el de sus pulpitos rojos es trasladar la confrontación callejera al Parlamento.

Belmont, el populista mediático, convierte la política en espectáculo. Con experiencia en comunicación, usa frases simples y efectistas para conectar con el ciudadano desencantado, sin ofrecer soluciones concretas. Utilizará al Congreso como escenario para shows políticos, amplificando el mensaje de caos y obstrucción hasta volverlo tendencia.

Lo más preocupante es que entre los pulpitos rojos no solo hay agitadores y ex terroristas, sino también cuatro ex oficiales de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Habiendo jurado lealtad a la Patria y a Dios, su obligación era ejercer un voto secreto, en conciencia y fidelidad a sus principios y a sus electores al elegir las mesas directivas.

Sin embargo, violaron la integridad de ese acto, mostrando su voto públicamente y cumpliendo el mandato de sus amos, los cuatro Jinetes, en lugar de actuar con responsabilidad. La imagen de militares y policías, formados en disciplina y respeto institucional, sometidos a caudillos políticos, es una traición a la esencia del parlamentarismo. No votaron en conciencia, sino en obediencia servil. Se espera que, en el futuro, recapaciten, rectifiquen su actitud y actúen con independencia de criterio en las decisiones que adopte el Congreso en beneficio de todos los peruanos.

El denominador común es el obstruccionismo. No es oposición legítima para fiscalizar, sino una estrategia deliberada para impedir avances: bloquear leyes que beneficiarían al país, promover interpelaciones y censuras constantes para desgastar al Ejecutivo y alimentar una narrativa de crisis permanente que justifique su presencia. Ese bloqueo no solo paralizara al Congreso, sino que genera inestabilidad que afecta la economía, la inversión y la confianza ciudadana. Al debilitar al Estado y fomentar la desconfianza institucional, este grupo crea terreno fértil para que la criminalidad interna y externa se expanda. En lugar de combatirlos, los Jinetes y sus pulpitos rojos los potenciaran con su discurso de confrontación.

En síntesis, Sánchez, Nieto, López Chau y Belmont y sus pulpitos rojos, no actúan como representantes del pueblo, sino como actores de un drama para destruir la institucionalidad. Su llegada no representa compromiso con la nación, sino una amenaza a su estabilidad.

El Perú necesita un Congreso que legisle para el desarrollo, construya consensos y fortalezca la democracia. Mientras los Jinetes sigan cabalgando, el país seguirá atrapado en la espiral del desgobierno, la obstrucción y la traición a los valores de la República.

Terrorismo, servilismo, traición y cobardía: nunca más en el Perú. ¡Desterrémoslos!

(*) Teniente General FAP en retiro

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